Recorrido por Susa, la perla del Sahel tunecino

Susa, o Sousse, una de las ciudades más bonitas de Túnez y nuestra última parada en las vacaciones por este país. Como suele ser habitual, le dedicamos menos tiempo del que me hubiese gustado, creo que se podría haber apurado algo más, así que Susa está en lo más alto del listado a los lugares a los que volver.

Antes de perdernos por su maravillosa medina, vamos a aprender algo más de esta ciudad costera.

Brevísima historia de Susa

Los orígenes de Susa se encuentran algunos kilómetros más al sur, donde se ubicaba una base comercial y fortificada, Hadremetum, en la que paraban barcos de camino al Estrecho de Gibraltar. La ciudad se expandió, llegando a estar rodeada por una muralla de una longitud de unos 6,5 km. Sin embargo, la bonanza conseguida siendo una provincia de Bizancio se esfumó tras ser destruida durante la ocupación por parte del califato árabe omeya.

Los árabes optaron por no restaurarla, sino que construyeron una nueva fortaleza algo más al norte, que recibió el nombre bereber de Susa.

Puerta Bab El-Gharbi en las murallas que dan acceso a la medina de Susa

Al igual que el resto del país, cambió de manos varias veces a lo largo de los siglos, de tal manera que se han hallado distintos restos arqueológicos desde la época de Imperio Romano hasta varias catacumbas cristianas.

Pese a haber sufrido los bombardeos de los aliados en la II Guerra Mundial para evitar que los alemanes usaran las instalaciones portuarias, la medina de Susa es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1988. En la actualidad, viven algo más de 200.000 habitantes, siendo la tercera ciudad del país en tamaño.

Medina de Susa

Con todo lo que hay que ver y disfrutar en Susa y nosotras nos tuvimos que conformar con unas horas paseando por la medina. ¿Se parece a las demás? Pues sí y no: en cierto modo, todas las medinas son iguales, formadas por calles laberínticas, zocos, puestos de todo tipo, olor a especias o cafés en los que sentarse a ver la vida pasar. ¿Qué tiene de diferente? El olor a mar, el graznido de las gaviotas o la cercanía del puerto.

Ten en cuenta que, al estar en la costa, en las inmediaciones se han desarrollado complejos hoteleros de todo incluido preparados para que no tengas que salir del hotel para nada. Y, pese a que hay muchos turistas que se quedan haciendo uso de la pulserita, no son pocos los que salen y van a recorrer la ciudad, por lo que es probable que te cruces aquí con más turistas que en otro sitio.

Paseo por la medina de Susa

Nosotras tampoco lo hicimos con muchos más, aunque sí que se nota que van y se les espera: los primeros puestos de las primeras calles de la medina están pensado para ellos/ nosotros, así que, para ver algo más auténtico, sigue caminando y los imanes terminarán desapareciendo.

Entramos a la medina por la puerta más cercana al puerto, pero antes de enfrentarnos al laberinto, subimos a un mirador un tanto especial: el del Centro Comercial Soula. En la parte de arriba hay un salón acristalado y una terraza, a los que se puede acceder libremente y tener una visión espectacular de lo que nos esperaba. Cuando estuve, la terraza estaba cerrada y no pedimos que nos la abrieran, entre otros motivos, porque no íbamos a comprar nada.

Tras las fotos de rigor, bajamos y, justo a la salida, vimos el monumento de la plaza de los Mártires, como divisoria entre la ciudad nueva y la medina. El monumento homenajea a las doce personas que fallecieron en una batalla local.

Monumento de la plaza de los Mártires

Como la visita a Susa no es guiada, dado el tiempo que tenemos, tenemos que elegir qué ver: o pasear tranquilamente por la medina y dejarnos sorprender o entrar en alguno de los puntos de interés, como el Ribat, la Gran Mezquita o uno de los museos. Geni y yo optamos por el paseo tranquilo por la medina y no nos arrepentimos, no obstante, sí que echamos de menos dedicar más tiempo.

Sin más dilación, nos pusimos en manos de las callejuelas que nos acogieron con los brazos abiertos. Como he dicho antes, los primeros puestos que ves son los destinados a los turistas: imanes, tote bags, pendientes, colgantes, abayas de distintos colores, cerámicas. Nada de esto es lo que nos interesa y, si ya empezamos parando, mal vamos.

Casas con balcones típicas de la medina de Susa

Nuestro camino sigue, llevamos los ojos y los oídos bien abiertos, para no perdernos ningún detalle. El bullicio de una ciudad musulmana es de las mejores experiencias viajeras. Olor a pan recién hecho, parroquianos de una café que permanecen sentados mientras que ven la vida pasar y nos miran con curiosidad, mujeres que nos adelantan con prisa, una puerta decorada, una mezquita pequeña, casi escondida, otra puerta más.

Paso tras paso, llegamos al límite de la muralla, donde ya casi no llegan los turistas. Unas chicas, en el descanso del recreo, se acercan a preguntarnos que de dónde somos y nos saludan en español con un “¡hola!”. Nos choca la cantidad de gente que hay por las calles, muchos de ellos ociosos, preguntamos a Rubén y la respuesta es simple: su ritmo de vida es muy diferente al nuestro. Su salario es muy inferior y, por lo tanto, se han acostumbrado a una vida más modesta en la que no necesitan tantas cosas. En ese momento, dudo sobre quién tiene mejor calidad de vida: si yo por poderme permitir una serie de comodidades, a veces innecesarias, que ellos no o ellos por poderse permitir tomarse un té a la menta en un día laborable con toda la pachorra del mundo. No es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita.

Rincones de la medina de Susa

A diferencia de otras medinas tunecinas, la de Susa está fortificada y los muros tienen una altura de 8 metros y una longitud de unos 2,5 km. Merece la pena salir por alguna de las puertas y observar desde fuera, recorrer el perímetro, caracolear por las distintas calles, pero sobre todo, dejar de lado, o por lo menos dejar para el final, los puestos más turísticos.

En la esquina opuesta a la puerta por donde hemos entrado, en la parte alta, cerca de la Kasbah hay mucha más calma, casas y calles sorprendentemente vacías. Según caminamos por una de estas calles vemos alguna tienda de regalos con mucho más estilo (y precios) que las baratijas que hemos visto en el zoco. Hacemos un parón en un restaurante con terraza del que Rubén es asiduo. Subimos hasta lo más alto y pedimos un té a la menta. Se oyen las gaviotas, la llamada al rezo y un rumor callejero. Tenemos las mejores vistas de la ciudad.

Caminando por las calles que están al lado de la muralla de Susa

Al terminar, no queda otra que regresar al punto de encuentro, subir al autobús para ir a comer al hotel y poner rumbo al aeropuerto, ya que el viaje ha llegado a su fin.

Como veis, y no me importa volver a repetir, la visita a Susa se me quedó muy corta. Demasiado corta. La parte mala de los viajes en grupo. De haber tenido más tiempo, me hubiese lanzado a conocer los puntos de interés de los que voy a hablar a continuación.

La Gran Mezquita de Susa

Muy cerca de la plaza de los Mártires se ubica la Gran Mezquita de Susa. Pasamos por la puerta, pusimos ojitos tiernos y pasamos de largo. Una pena.

Fue construida en el siglo IX por el emir Muhammad I ibn al-Aghlab y renovada y mejorada en dos ocasiones, la última, en el siglo XVII. La Gran Mezquita tiene una peculiaridad: no dispone de minarete, de esta manera, la llamada a la oración se hace desde la torre abovedada.

La inexpugnable Gran Mezquita de Susa, con su no- minarete

Los no musulmanes sólo tenemos acceso al enorme patio, rodeado de arcos y con suelo de mármol blanco. La sala de oración está muy decorada y se pueden ver restos de inscripciones cúficas, además, ha quedado coronada por dos cúpulas.

El conjunto tiene apariencia de fortaleza inexpugnable, entre otros motivos, porque está rodeada de la muralla almenada que hace lo propio con la medina.

Aunque después de haber estado en la mezquita de Kairuán, la de Susa no sorprendería, como estás, entras y la ves con tus propios ojos.

Para más información y datos prácticos, te recomiendo visitar la web oficial de Patrimoine de Tunisie.

El Ribat de Susa

Un ribat era un tipo de fortaleza que se empleaba para vigilar la costa, además de tener una función religiosa, ya que aquí se reunían los fieles para estudiar el Corán o rezar. En Túnez todavía se conservan algunos, siendo los de Susa y Monastir los más conocidos.

El de Susa está muy cerca de la Gran Mezquita y, al contrario que ésta, tiene un minarete. El Ribat data del siglo VIII, se construyó para defenderse de los ataques de los cristianos y poder formar a guerreros.

El Ribat de Susa

Es la construcción más antigua de la ciudad, dispone de dos plantas que se pueden visitar. En la baja, se conservan las salas que se utilizaban como almacenes, todo ello alrededor de un patio rodeado de arcos. En la superior, a parte de las vistas al patio y al resto de la ciudad, se puede ver un mihrab y la torre.

Para más datos e información práctica del Ribat de Susa, te recomiendo visitar la web oficial de Patrimoine de Tunisie.

La Kasbah

Cuando estábamos en la terraza del centro comercial admirando la medina de Susa desde lo alto, hay un edificio que atrae todas las miradas: la Kasbah.

Es el edificio más grande de Susa y se trata de una fortificación en la que se guardaba el tesoro de la ciudad, por lo que tiene ese aspecto de fortaleza inexpugnable, como casi todo en Susa.

Vista de la medina de Susa, con las Kasbah dominando el espacio

En el interior, se pueden ver sus patios, el jardín o admirar las vistas desde uno de los puntos más altos de la ciudad, si no el más alto. Pero, sobre todo, el mejor motivo para ir a la Kasbah es porque aquí se ubica el Museo de Arqueología de Susa.

Museos de Susa: Muso Arqueológico y Kalat El Koubba

Si tienes más tiempo que yo en Susa, yo no me perdería alguno de estos museos.

Mi primera opción sería el Museo Arqueológico de Susa, el segundo más importante del país, por detrás del Museo del Bardo. Sus salas están dentro de la Kasbah y se exhibe una colección de mosaicos de primer nivel, principalmente, hallados en la zona. También se pueden ver estelas, esculturas y distintos tipos de cerámica. Aunque ya había visitado el del Bardo, fue una pena no poder conocer el de Susa.

El museo Kalat El Koubba, con su peculiar cúpula con nervaduras en zigzag

El museo Kalat El Koubba es el museo etnográfico y de historia local de Susa. Se ubica en un antiguo caravansar que se cree que fue construido en el siglo XI. En las distintas salas se pueden ver distintas recreaciones de la vida durante el periodo otomano. Si paseas por la zona alta de la medina, fíjate en una cúpula muy llamativa con nervaduras en zigzag (nosotras lo hicimos) y ahí encontrarás el museo. Por cierto, es la única cúpula de este tipo en toda África, así que un motivo más para salir en su búsqueda.

Para más información del Museo Arqueológico de Susa, visita la web oficial de Patrimoine de Tunisie.

Catacumbas

Los trabajos arqueológicos descubrieron toda una red de galerías bajo la ciudad en la que fueron enterrados los cristianos durante los siglos II y V, en los tiempos de Hadrumetum.

Estamos ante galerías formadas por túneles y estrechos pasajes con una extensión de 5 km de los que sólo se pueden visitar 40 m, y que se calcula que pueden contener más de 15.000 tumbas, muchas de ellas decoradas con frescos y distintos símbolos cristianos.

Uno de los túneles de las catacumbas de Susa. Foto de Rais67 para Wikipedia Commons

Se entra por el sótano de una casa particular a las afueras y el buen estado de conservación se debe a que, en épocas pasadas, nunca fueron expoliadas. Por desgracia, en los últimos años han sufrido el abandono y la intemperie, así como saqueos y excavaciones ilegales.

Para más información y datos prácticos de las catacumbas de Susa, visita la web oficial de Patrimoine de Tunisie.

En general, me ha costado mucho encontrar información práctica sobre los disitintos puntos de interés de Túnez, por lo que la mejor alternativa es consultar la web de Patrimoine de Tunisie y, en el caso de Susa, adicionalmente, recomiendo la lectura de la web de la UNESCO.

Hasta aquí, mi recorrido por Túnez, un país al que tenía muchas ganas y del que por fin me he podido quitar la espinita. Pese a que no existe el viaje perfecto, ha cumplido las expectativas con creces, aunque haber tenido algún día más o poder dedicar más horas a algunos de las paradas hubiese sido mucho mejor.

Si te ha gustado lo que has leído, ve a Túnez y no te arrepentirás. ¡Nos vemos en el próximo destino!

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