En un nuevo artículo de Películas y series que me inspiran para viajar, me gustaría hablar de La edad dorada. Una serie que vi hace unos meses y que, capítulo tras capítulo, mi inquieta mente viajera no pudo evitar buscar información sobre una parte de EE.UU. bastante menos conocida, por lo menos, para el turista medio.
La edad dorada (Julian Fellowes, 2022- ) está ambientada en el Nueva York del siglo XIX, en la época conocida como Gilded Age, o Edad dorada. La trama comienza con el intento de entrar en la alta sociedad neoyorquina de una familia de nuevos ricos, los Russell, y sobre cómo sufren el rechazo e hipocresía de la clase alta “nativa”, que heredaban su fortuna generación tras generación.

Como tramas secundarias, surgen los conflictos entre clase alta, media, baja y afroamericanos. Todo esto regado por en lujo en el que una minoría vivía y que cuesta poder imaginar cómo fue, por muy buena que sea la recreación.
Algunos de los personajes de la serie fueron personas reales (Caroline Astor, Alva y Consuelo Vandervilt, Marion Graves, Anthon Fish o Arabella Huntington, por mencionar algunos); otros se crearon reuniendo características de varias personas reales, aunque con nombres inventados y, otros, son ficción.
Lo que sí es real es la opulencia, casi obscena, en la que vivían: principalmente, mansiones en el Upper East Side y Quinta Avenida de Nueva York que, en varios casos, siguen en pie.

Sin embargo, no es de este escenario del que voy a hablar en el artículo, sino que me centraré en su veraneo o, mejor dicho, en el lugar en el que veraneaban.
Newport, Rhode Island, lugar de vacaciones
Cuando no estaban en Nueva York, estaban en Newport. Es probable que esta ciudad no nos suene o lo hayamos oído alguna que otra vez, en series o películas. Lo que sí que nos suena más es Rhode Island.
Pese a ser el estado más pequeño de la unión, es el segundo en densidad de población, además, fue la primera colonia en declarar la independencia del Reino Unido. Un lugar muy importante en la historia de este país.
Newport ni siquiera es la capital del estado, pero el dinero y la riqueza fluyen entre sus calles desde (casi) sus comienzos, ya que, durante la época colonial fue un importante mercado de esclavos. No había un mercado físico como tal, sino que aquí llegaba el azúcar del Caribe que se utilizaba para elaborar ron en las destilerías locales, a continuación, se enviaba el producto a África, que se intercambiaba por esclavos que eran vendidos más tarde.

Teniendo en cuenta, adicionalmente, que la ciudad fue fundada por colonos, cuyos descendientes se hicieron ricos, y que el old money seguía muy atado al pasado, con toda esta información, era sencillo suponer que esta ciudad se convirtiera en su segundo hogar.
Hay que añadir otros factores como un clima más benigno que en Nueva York, la cercanía a la gran ciudad o las vistas al océano. Y, donde estaba el old money, llegaba el new money: magnates del comercio o banqueros con fortunas incalculables (entre otros motivos, por el nulo impuesto sobre la renta y el lujo, así como la falta absoluta de regulación en el mercado e industria) y que querían para sus familias lo mismo que tenían los ricos de cuna.

Se puede considerar a Ward McAllister (Nathan Lane en la serie) el primer veraneante de la zona. Compró una casa en este lugar y, en verano, invitaba a las personas más influyentes, animándolas a que compraran ellos también. Aunque el auténtico punto de inflexión fue cuando William Vanderbilt construyó aquí Marble House: una ciudad de casas de madera se convirtió en el centro turístico de enormes y opulentas mansiones de piedra.
Por mucho que nos puedan chirriar el conjunto de estos factores, por mucho que nuestra vida sea totalmente opuesta a aquella, alucinar con lo que veía me ha llevado a buscar información sobre Newport y sus atractivos turísticos.
Qué ver en Newport
En la actualidad, Newport sigue siendo un lugar de vacaciones de familias adineradas, así que, si vamos, tendremos que hacerlo con la tarjeta de crédito a mano y prepararnos para algún que otro susto.
Empezamos nuestro camino en el puerto, donde atracan multitud de embarcaciones privadas y se encuentran puestos y restaurantes donde comer langosta. Continuamos por Franklin Street, Thames Street o Long Wharf Mall, calles comerciales y céntricas por las que apetece pasear sin prisas.

No nos podemos olvidar del centro histórico: pasear sin rumbo por calles con solera, una de mis actividades favoritas. Caminaremos por Washington Square y por Broadway Street, visitaremos Court House, el Old Colony House, el Ayuntamiento y el seguro que interesante Museo de Historia de Newport. Como curiosidad, podemos llegar hasta la iglesia St Mary, donde se casaron John F. Kennedy y Jacqueline Bouvier en 1953.
Newport es una ciudad pequeña, por lo que, después de dar una vuelta por el centro, nos lanzamos a recorrer los 5,6km de longitud del conocido Cliff Walk. Se trata de un camino que bordea la bahía de Euston y pasa por los acantilados y, sobre todo, pasa por la parte de atrás de muchas de estas mansiones. Alucinando en 3,2,1…
Para más información turísica sobre Newport, te recomiendo visitar Discover Newport.
Las mansiones de Newport
Fueron erigidas por una élite industrial, económica y comercial de la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, nombres como los que he mencionado antes y que son personajes reales en La edad dorada, además de otros que no son conocidos para el público general.
Palacios diseñados por los mejores arquitectos, decorados con todo tipo de lujos: mobiliario, obras de arte, esculturas o antigüedades. Como casi todos viajaban por Europa como parte del Grand Tour, quisieron construir en EE.UU. lo que visitaron, con el factor adicional de verse a sí mismos como la “nobleza” estadounidense.
La misión de estas mansiones no era sólo ser el lugar de residencia o de descanso veraniego de sus dueños, sino que tenían que impresionar, entretener, recibir invitados, ser el lugar de celebración de bailes y fiestas, dar envidia y ser el centro de la vida social.

Se han llegado a listar 24 mansiones en Rhode Island, tres de ellas desaparecidas, y 185 en todo el país, vinculadas a este periodo de la historia. Centrándonos en Newport, la mayoría son propiedad privada y no se pueden visitar; pero hay once que pertenecen a la Sociedad para la Preservación del Condado de Newport y se establecen días y horarios para el público general.
Las mansiones que pertenecen a la Sociedad son: Hunter House (1748), Kingscote (1841), Chateau-sur-mer (1852), Chepstow (1860), Isaac Bell House (1883), The Breakers (1895), Marble House (1892), The Elms (1901) y Rosecliff (1902). Entre paréntesis queda indicada la fecha de construcción.
Si vas a visitar Newport, ten en cuenta que no abren todas todos los días y, algunas de ellas, lo hacen sólo en temporada alta. Hay posibilidad de comprar tickets en los que se pueden visitar hasta tres (una es The Breakers, las otras, de libre elección entre las que estén abiertas), lo que, siendo sincera, creo que provocar un poco de saturación. Imagina visitar tres veces seguidas (pero seguidas de verdad) Versalles. Barroquismo y ostentación saliendo por los poros.

Desde mi punto de vista, The Breakers es la más interesante, por la que sería la que yo visitaría sin dudarlo. Perteneció a la familia Vandervilt, quien la mandó construir, y es la más impresionante de todas, siendo la mayor atracción turística de Rhode Island.
The Breakers tiene una superficie bruta de más de 11.400 m2, setenta habitaciones, mármol procedente de Italia y África, elementos comprados de castillos franceses, mosaicos y, además, fue construida con medidas lo más ignífugas posibles para la época.
Otra que me parece muy interesante es The Elms, la que fue casa de vacaciones de Edward J. Berwind, un magnate del carbón. Se diseñó tomando como modelo el Château d’Asnières, un castillo francés del siglo XVIII.

Aparte de la grandiosidad, nos esperan obras de arte, tapices, mobiliario o unos jardines por los que apetece perderse, además de uno de los garajes privados más grandes del continente. Como curiosidad, esta fue una de las primeras residencias privadas en tener luz eléctrica.
Para terminar la terna de ganadores de ese hipotético billete de tres visitas, la última a la que iría sería la de Isaac Bell, quizás por ser diferente a las demás. Es uno de los pocos ejemplos que quedan de estilo Shingle. El exterior no tiene nada que ver con lo visto anteriormente y el interior, frente a la opulencia, presume de materiales naturales y espacios abiertos.

Llama la atención el tejado compuesto por tejas de madera sin pintar y los múltiples porches, además de contener elementos del movimiento inglés Arts and Crafts, el colonialismo norteamericano o de inspiración japonesa. Como decía, algo distinto a lo visto en las otras mansiones.
Si prefieres visitar mansiones menos conocidas, seguro que también te llevas alguna que otra sorpresa.
Para el diseño de Rosecliff, se tomó como modelo el Gran Trianón de Versalles. Dispone de una arcada acristalada, pilastras jónicas y una escalera con forma de corazón. Se organizan exposiciones en la segunda planta, además de ser escenario de muchas películas, como tantas otras de estas mansiones.

Marble House fue el regalo de cumpleaños de Willam Vandervilt a su mujer Alva, que costó la friolera de 11 millones de dólares de la fecha (hoy superaría los 300 millones). Como estamos hablando del old money, pues se les tenía que notar: el pórtico se asemeja al de la Casa Blanca.
Me gustaría destacar que, cuando Alva se quedó viuda de su segundo marido, la reabrió y agregó la Casa de Té China, donde organizó mítines a favor del sufragio femenino.
No tengo pruebas, pero tampoco dudas de que Alfred Hitchcock se inspiró en Chateau-sur-Mer para diseñar la casa de Norman Bates en Psicosis. Construida en 1852, fue la residencia más palaciega que se encontraba en Newport hasta que los Vandervilt irrumpieron, además, no era sólo residencia de verano, sino que aquí se vivía durante todo el año.

Chepstow, de estilo italiano, perteneció a un descendiente de una de las familias fundadoras y, en su interior, se puede ver mobiliario original y pinturas de grandes artistas norteamericanos del siglo XIX.
Hunter House es un estupendo ejemplo de arquitectura colonial, que fue mandada construir entre 1748 y 1754 por Jonathon Nichols Jr., un comerciante que hizo fortuna al mercado de esclavos. Ha quedado documentado que vivió aquí con su familia y, como poco, con siete esclavos.
En la actualidad, Hunter House es un lugar de estudio de la historia local, además, en el interior se conservan muebles de ébano originales de la época colonial o pinturas de artistas norteamericanos.
Kingscote, la última de las que se puede visitar, no entraría en la categoría de mansión propiamente dicha, sino que fue uno de los primeros cottages (casas de madera) construidos en la zona. Es uno de los pocos ejemplos de arquitectura neogótica y que se conserva intacto con las colecciones originales.
El listado completo de las mansiones de Newport lo tienes aquí. La información turística sobre las que se pueden visitar, así como datos prácticos, se puede consultar en Newport Mansions.
Otros lugares que son escenarios de La edad dorada
Las mansiones que aún permanecen en Nueva York de esta época se concentran, en su mayor parte, en el Upper East Side y la Quinta Avenida.
Pasear por el Upper East Side, muy cerca de Central Park, es hacerlo por un museo de arquitectura al aire libre, en el que predominan estilos como el Beaux-Arts, el neorrenacimiento o el neoclásico americano.
Entre las antiguas viviendas de la Edad dorada, se puede mencionar la de J.P. Morgan, sede de The Morgan Library and Museum; la Colección Frick, que perteneció al industrial Henry Clay Frick y que conserva intactas algunas de sus estancias y acoge un museo en la actualidad; la mansión Carnegie, de estilo georgiano y hoy sede del museo Cooper Hewitt; la mansión Payne Whitney, sede del Instituto Francés; o la Harry F. Sinclair House, sede de The Ukrainian Institute of America y que organiza visitas guiadas.

También te puedes fijar en los edificios que acogen grandes tiendas y marcas de lujo que, asimismo, pertenecieron a grandes fortunas de la época y, en algún caso, comprados por mero capricho.
Aunque éstas son zonas muy lujosas de la ciudad, ya no queda tanto de aquella época: el mantenimiento era muy elevado y no todas las familias consiguieron preservar sus fortunas. En cualquier caso, lo que valía era el terreno, así que no fueron pocos los que optaron por derribar las casas y conservar el suelo.
Para hacernos una idea de cómo eran los interiores, es buena idea visitar el ala americana del MET (que es buena idea visitar sin necesitar un motivo), donde se expone el vestidor original de Arabella Hungtington.
Podemos desplazarnos a Tarrytown, en el estado de Nueva York, a conocer la mansión Lyndhurst, en la que se atesora intacto el mobiliario original, o a Yonkers, también en Nueva York, al desconocido Museo del Río Hudson, una mansión construida con vistas panorámicas al río y con los techos decorados originales.

Por cierto, no muchos exteriores de La edad dorada se filmaron en la propia Nueva York, sino en Troy, una pequeña ciudad al norte del estado en la que parece que el tiempo se detuvo en el siglo XIX. Si visitas este estado, puede ser una buena idea para buscar rincones menos conocidos.
Para más datos sobre las Edad Dorada en la ciudad de Nueva York, te recomiento leer este artículo de Auténtico Nueva York.
Por qué se dejó en veranear en Newport
No podía terminar el artículo sin hablar de este hecho: por qué las enormes fortunas dejaron de veranear en Newport.
Como es obvio, las mansiones tenían un coste de mantenimiento inmenso, además de los salarios que tenían que pagar a todos sus criados. Empleados que, tras los cambios laborales, cada vez eran menos los dispuestos a aceptar esas condiciones laborales.
Las costumbres sociales cambiaron: se dejó se presumir de esa manera tan exagerada y se pasó a buscar una mayor privacidad, además, el exceso comenzó a estar mal visto y se consideraba vulgar. Los ricos preferían unas vacaciones en lugares más discretos e informales. Además, con la ampliación y mejora de la red de transporte, cada vez había más destinos y más alejados a los que ir.

De la misma manera, se establecieron impuestos a las grandes fortunas, se regularizó el mercado y el trabajo y, sobre todo, hubo dos eventos que acabaron dejaron a muchos de ellos en la ruina: la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión de 1929. Fueron pocos los que consiguieron seguir adelante y, una de las medidas más efectivas para evitar una ruina mayor, fue la demolición de las casas.
Al leer sobre la historia de estas viviendas, suele haber un punto en común en su historia: no todos los herederos estaban interesados en ellas, así que, como hemos visto, algunas terminaron siendo cedidas o vendidas por un precio simbólico a la Sociedad para la Preservación del Condado de Newport.
No está nada mal toda la información que he sacado sobre un rincón de EE.UU. gracias a una serie que, de momento, lleva sólo dos temporadas. Sinceramente, no sería el primer lugar al que me plantearía ir cuando regrese a este país, ya que hay otros que me interesan más, pero como suelo decir, ¿por qué no?
Para finalizar el artículo, os comparto la reseña de La edad dorada en Filmaffinity.
Lee otros artículos relacionados: