Recorrido por Túnez capital, entre mezquitas, madrazas y mosaicos

¿Cuál es la probabilidad de viajar a Túnez y que llueva y haga frío? Parecen escasas. Si añado que el viaje fue a finales de marzo, no creo que se incrementen mucho más. En cualquier caso, visité la capital tunecina a finales de marzo e hizo frío y llovió, supongo que es para compensar los 30˚ que tuvimos en Londres durante el puente de mayo.

A la capital (la de Túnez, no la británica) sólo le dedicamos un día, incluyendo las ruinas de Cartago y el pueblo de Sidi Bou Said, de los que hablaré en otro artículo, y se me hizo realmente corto.

Puerta y cartel de un comercio tradicional de la medina de Túnez

Entre que la lluvia no nos permitió disfrutar como se merece, que nos encontramos los zocos a medio gas (y eso que en Túnez el viernes es día laborable, al contrario que en otros países musulmanes) y que complementamos la visita ya de noche, me dejó un sabor un poco agridulce. Por lo menos tuvimos la oportunidad de cogerle el pulso, de visitar el impresionante Museo del Bardo, de asomarnos a alguna tetería y de escuchar la llamada al rezo. ¡Cómo me gustan los países musulmanes!

Túnez capital no tiene la monumentalidad de Marrakech ni el caos de Khan- al- Khalili en El Cairo, y ni falta que le hace. Túnez es Túnez y la recordaré por otras cosas. Pero, antes de enumerar los puntos más interesantes que te esperan, vamos a hacer un repaso a su historia.

Brevísima historia de Túnez

El pueblo de Tunes fue fundado por los bereberes en el II milenio a.C., aunque por aquí han pasado también númidas, fenicios, púnicos y romanos.

Dada la situación geográfica privilegiada, era el punto de vigía para controlar las entradas y salidas marítimas y de caravanas de Cartago. Esto tuvo su contrapartida: era un objetivo militar claro.

Tras varias guerras y ocupaciones, cayó bajo el control de Escipión el Africano en el 202 a.C., quedó destruida tras la Tercera Guerra Púnica en el 146 a.C., y fue reconstruida bajo el gobierno de Augusto. Con una romanización cada vez mayor, fue cristianizada, y se llevó a convertir en la sede episcopal de la Iglesia católica en África.

El minarete de la mezquita Zitouna, la más antigua de Túnez

Pese a que Cartago fue destruida definitivamente, Túnez siguió prosperando, siendo la segunda ciudad en importancia de Ifriqiya, por detrás de Kairuán. Los almohades la eligieron como capital y, con la dinastía hafsí (1230- 1574) se desarrolló de manera espectacular: fue el primer centro comercial del Magreb y, según un tratado estipulado con Francia, los cristianos podían vivir en total libertad. Algo que me parece, cuanto menos, curioso, ya que por aquella época ya se perseguía a los cátaros en Occitania…

A partir del siglo XV, al igual que otras ciudades- estado del norte de África, se convirtió en protectorado español, llegando a ser invadida por España en 1535. Invasión que sólo duró hasta 1574, tras su captura por parte de los otomanos.

Los siglos pasaron sin incidencias destacables hasta que llegamos a la II Guerra Mundial, cuando se convirtió en uno de los principales escenarios en el continente africano tras haber sido ocupada por las fuerzas del Eje. Cuando el 7 de mayo de 1943 fue conquistada por los aliados, no tardaron mucho en hacer un desfile de la victoria por avenidas principales.

Paseando por la medina de Túnez te puedes encontrar puertas tan bonitas como ésta

Con la independencia de Francia en 1956, la ciudad siguió prosperando: la población nativa sustituyó a la europea, los barrios periféricos se industrializaron y los céntricos se renovaron.

En la actualidad, viven más de 700.000 personas y, en toda el área metropolitana, se superan con creces los dos millones. Su medina fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.

Ahora sí, vamos a recorrer los laberínticos zocos de Tunis, como la conocen los tunecinos, o simplemente, “la capital”.

Avenida Habib Burguiba, los Campos Elíseos de Túnez

No todo en la capital van a ser zocos o medinas, sino que, como la gran mayoría de ciudades del Magreb, tiene una zona nueva de estilo totalmente europeo. En el caso de Túnez, pasear por la avenida Habib Burguiba es una excelente manera de acercarse a la medina y disfrutar con el contraste tan brutal que supone.

La avenida comienza en la medina y continúa totalmente recta hasta el mar, siendo su continuación la carretera de La Goleta. Nosotros pasamos andando por la mañana, cuando la lluvia no tuvo piedad con un grupo de turistas, como luego por la tarde, cuando quedarse en el hotel no era una opción.

Paseo por la avenida Habib Burguiba de Túnez, que parece que os traslada a París

Vimos la Torre del Reloj, un lugar emblemático y punto de encuentro, pasamos por delante de distintos ministerios, nos sorprendimos de la enorme presencia policial y alucinamos con el edificio del teatro municipal, con una fachada de estilo Art Nouveau y al que se le conoce como bombonera, por su forma.

En frente, la catedral de San Vicente de Paúl que pasó desapercibida esa mañana lluviosa en la que el paraguas quitaba visión, pero no por la noche, cuando paseamos por la ciudad. Se empezó a construir en 1893 con una mezcla de estilos (neoárabe, neogótico y neobizantino) y, como curiosidad, debido a la falta de fondos, las dos torres son de madera.

Justo detrás de la catedral, se ubica la iglesia ortodoxa de San Jorge y, a 15 minutos a pie, en la avenida de la Libertad, la Gran Sinagoga de Túnez. Esto no tendría ningún interés turístico, no obstante, me parece un hecho peculiar y creo que merece la pena mencionarlo. ¿En cuántos países musulmanes se pueden encontrar templos de cultos diferentes?

Aunque estemos en la avenida Habib Bourguiba, la arquitectura tradicional está presente

Nosotras pasamos por delante de la sinagoga, caminando tranquilamente por la tarde y nos llamó la atención más allá de la singularidad, sin embargo, al escribir este artículo y buscar información, leo que es una de las más bonitas y que la arquitectura, tanto en el exterior como en el interior, resulta sorprendente.

La catedral es el último (o el primer) edificio de la avenida Habib Burguiba, que continúa en la de Francia y, caminando recto, llegamos hasta Bab al-Bhar, el comienzo de la medina.

Bab al- Bhar, también conocida como Puerta de Francia. Foto de Esther

Bab al-Bhar, Puerta del mar en árabe, también conocida como Puerta de Francia, fue la entrada principal a la medina. Desde aquí, la vista alcanza hasta la Torre del reloj y separa dos mundos totalmente distintos. Ya hemos conocido uno, vamos a por el otro, el que más sorprende.

La medina de Túnez

Me imagino que no son muchos los que van a Túnez capital a ver catedrales o edificios europeos, y no les culpo. ¿A qué vamos a Túnez? Pues a ver todo lo que tenemos en Europa (o en el mundo occidental): una medina caótica, laberíntica, por la que es fácil perderse, con olor a especias y a productos de piel, con puertas bellamente decoradas, té a la menta y baklava y trabajadores de oficios tradicionales. Y eso es lo que encontramos.

Si te gusta el caos, no saber lo que te espera a la vuelta de la esquina o el ruido, entonces te gustará esta medina. Bueno, esta y todas. Dicho así, no suena muy atrayente, pero tiene algo que te atrapa y que no te suelta. Es fácil dejarse un trocito de corazón aquí. Imposible explicar con palabras. 

Paseo por la medina de Túnez

Según cruzamos Bab al-Bhar, ante nosotros, la plaza de la Victoria, con una fuente en el suelo. El auténtico punto de entrada a la medina.

En este punto, yo lo que recomiendo es que te olvides de todo y, simplemente, sigas tu instinto y te dejes llevar. Serpentea por los zocos, siéntate en un café, compra souvenirs, haz fotos, escucha, huele, observa.

Las tiendas o los puestos que están más cercanos a “las salidas” son los más turísticos: imanes, pendientes, azulejos, bolsas y demás cachivaches. Sin miedo a lo desconocido, nos internamos mucho más, donde terminan los imanes y empieza la vida tunecina.

Tienda de alfombras en la medina de Túnez

El recorrido me lleva a darme cuenta de dos diferencias respecto a otros zocos en los que he estado: aquí hay más tiendecitas, con luna y puerta, sobre todo joyerías, muchas de ellas (o todas) con precios fijos; es viernes y hay bastantes puestos cerrados (ojo, en Túnez los viernes son días laborables). Hace pocos días que ha terminado el Ramadán y ya se ha celebrado el día de la independencia de Francia, ¿puede que estén de vacaciones tras las fiestas?

Ese toque de vida bulliciosa y ruidosa me faltó en Túnez respecto a Marruecos o Egipto. 

Los zocos de la medina de Túnez

La medina de Túnez está compuesta por cerca de veinte zocos laberínticos del siglo XIII y entorno a la mezquita Zitouna.

Están divididos por especialidades y tienen una placa con el nombre para localizarlos. Entre los más destacados podemos nombrar

  • Zoco el Berka que, inicialmente, se dedicaba al comercio de esclavos, pero hoy está especializado en joyería. El lugar en el que se sitúa es muy peculiar: en una plaza techada y llena de columnas.
Zoco el Berka, reconocible por su plaza techada y las joyerías
  • Zoco de las Chéchias, donde comprar chéchias, el sombrero típico. Por aquí hay varios cafés típicos en los que apetece sentarse y disfrutar de un buen té a la menta.
  • Zoco el Attarine, inconfundible por el olor de las especias
  • Zoco el Trouk, con antigüedades.   

Los lugares más interesantes de la medina de Túnez

Dado que una medina era una ciudad antigua, aquí vivía gente. Hay lugares que van a salir a tu paso (madrazas, mezquitas, palacios o mausoleos) y otros que merecen la pena ir a buscar. Voy a enumerar los lugares de la medina tunecina que conviene tener marcados en el mapa.

El primer lugar al que llegamos fue la mezquita Zitouna, mezquita del olivo. Es la más grande y antigua de la capital. Se fundó en el año 698, tiene nueve entradas y 160 columnas, que fueron traídas de Cartago. Las influencias en su arquitectura son andalusíes, magrebíes y otomanas.

Exterior de la mezquita Zitouna o mezquita del olivo

Albergó una de las universidades más importantes en la historia del Islam que atrajo a estudiantes y estudiosos de distintas partes del mundo, ya que, además de estudiar teología y el Corán, se estudiaban jurisprudencia, historia, gramática, ciencia y medicina.

Con un minarete inconfundible, la mezquita Youssef Dey fue la primera mezquita hanafí de la capital. El mírate es cuadrado, pero está coronado por una torre octogonal y la linterna termina en una pirámide. En el mausoleo de la mezquita, al que no llegamos a entrar, está enterrado Youssef Dey y se considera una obra de arte.

El precioso minarete de la mezquita Youssef Dey

El minarete de la mezquita Hammouda Pacha tampoco se queda atrás: una torre octogonal, una de las primeras de arquitectura otomana en la ciudad. La mezquita se construyó en 1655 y, además de sala de oración, alberga el mausoleo de Hammouda Pasha Bey.

El interior está decorado con mármoles policromados, motivos florales y estuco tallado. No es de las mezquitas más visitadas, así que, si vas, lo más seguro es que estés solo. Eso sí, no vayas en la hora del rezo porque lo más probable es que no puedas entrar.

Tourbet El Bey, un mausoleo en el que están enterrados soberanos de la dinastía husainí. Al mausoleo se accede por una sala con decoración de estilo otomano y con influencia italiana. Nos esperan ocho cámaras funerarias cubiertas con cúpulas, dos patios y columnas de mármol de Carrara. Las tumbas están en sarcófagos elevados de mármol decorados. Merece la pena fijarse en la cúpula que, en el exterior, está recubierta con tejas verdes en forma de escamas. 

Patio del mausoleo Tourbet El Bey. Foto de Mourad Ben Abdallah para Wikipedia Commons

Para hacernos una idea del interior, te recomiendo la página Discovert Islamic Art.

Pese a que el sobrio y blanquísimo exterior pueda engañar, Dar Husein es un palacio de arquitectura tradicional construido en la segunda mitad del siglo XVIII. El patio interior está decorado con columnas corintias. En la actualidad es la sede del Instituto Nacional de Patrimonio.

Para ver el interior del palacio Dar Husein, te recomiendo la página que Discovert Islamic Art le dedica.

Siguiendo con los palacios, me parece muy interesante el palacio Dar Ben Abdallah, aunque no tuve la suerte de visitarlo. Del siglo XVIII, la arquitectura tiene influencias árabes, otomanas y andalusíes. El interior está formado por patios, mosaicos, techos tallados que son una obra maestra de artesanía.

Patio principal del palacio Dar Ben Abdallah. Foto de Wikipedia Commons

En 1978 se convirtió en un museo que muestra cómo era la vida nobiliaria en el Túnez de los siglos XIX y XX. Después de ver fotos, sin ninguna duda yo reservaría tiempo para visitar el Palacio Dar Ben Abdallah.

Dar El Bey, o Palacio del bey, también conocido como Palacio del Gobierno, alberga la sede del gobierno tunecino. El palacio es del siglo XVII, con un patio blanco pavimentado con mármol blanco, rodeado de columnas salomónicas, un pórtico y arcos decorados con mármol blanco y negro.

La madraza Ennakhla, de la Palmera, es la más antigua. Se construyó sobre un antiguo caravasar en el que se vendía vino (¡!). Debe su nombre a una palmera que está en el centro del patio y que se sigue conservando. Por lo que he leído, visitar esta madraza tiene más de suerte que de otra cosa, así que, si consigues entrar, ¡cuéntamelo!

La discreta puerta de la madraza Ennakhla o de la palmera, que no da ninguna pista de lo que nos espera dentro

Por el contrario, si te quedas en la puerta, no desesperes y visita la madraza Slimaniya. Destaca por su pequeño tamaño, lo que no quita para que esta construcción del siglo XVIII sea una joya con una decoración de azulejos que sorprende.

Puedes encontrar fotos de la madraza Slimaniya en la web de Discovert Islamic Art.

En las inmediaciones, hay una tercera madraza, la de El Bachia. Al igual que las anteriores, también es un edificio histórico y se considera una joya del patrimonio que resulta bastante complicado visitarla.

Museo Nacional del Bardo

Tras el recorrido por la medina, subimos al autobús que nos lleva directos al Museo Nacional del Bardo, el museo arqueológico más importante del Magreb. Está situado a las afueras de la ciudad, en el barrio del Bardo, y se ubica en uno de los edificios que conforman el Palacio del Bardo, del siglo XV. Por cierto, la palabra bardo proviene del español y significa prado o jardín.

Como he dicho, es un museo arqueológico, con piezas de los yacimientos de Cartago, Douga, Útica o Hadrumetum. Expone obras griegas y cerámicas del Norte de África y Asia Menor, aunque la verdadera joya es la colección de mosaicos romanos.

Una de las salas del Museo Nacional del Bardo

Imposible indicar el más llamativo de todos, porque los hay que son geniales, como el que marca “el menú” que se daba a elegir a los invitados a la casa romana, el que muestra a las bestias del coliseo en el segundo justo antes de atacar, o los que muestran distintas escenas mitológicas con Neptuno, Júpiter, Venus, Teseo o Ulises.

Sin embargo, sí quiero hacer mención a uno en especial. No es el más grande, ni el más bonito o vistoso, pero está considerado uno de los mejores mosaicos del mundo: Virgilio escucha a Clío y Melpómene. Del siglo III, se halló en Hadrumetum (Susa) y nos muestra al poeta Virgilio rodeado de las musas Clío y Melpómene. Se sabe que es Virgilio porque, en el pergamino que sujeta, se pueden leer extractos de la Eneída.

El fantástico mosaico Virgilio escucha a Clío y Melpómene, en el Museo Nacional del Bardo

¿Por qué este mosaico tiene tanto valor? Porque fue el primero en añadir profundidad y movimiento. Teselas de distintos colores o tonalidades mostrando las ondas en las túnicas y simulando sombras.

Por cierto, con tal cantidad de mosaicos es fácil que nos abstraigamos de todo lo demás, así que merece la pena fijarse en la arquitectura del palacio, como la del Gran Salón o el patio cubierto, o la decoración en azulejos o techos.

Si sólo tienes tiempo para visitar un museo, que sea el Museo del Bardo.

Detalle del mosacio El triunfo de Neptuno, en el Museo Nacional del Bardo

No me gustaría cerrar este epígrafe sin señalar que el 18 de marzo de 2015 el Estado Islámico llevó a cabo un ataque terrorista en el museo en el que murieron veintidós personas. En la entrada, hay una placa con sus nombres y nacionalidades que les recuerda y que hace que a nosotros se nos encoja el corazón.

Para más información del Museo del Bardo y datos prácticos, consulta su web oficial.

Otros lugares que ver en Túnez

Si tienes más tiempo o te apetece priorizar otro tipo de visitas, hay algunas que me parecen muy interesantes. Empezado por el mercado central El Ghalla, en ese punto medio entre mercado de abastos y zoco árabe y que sirve para ver la vida cotidiana de un país y que está orientado hacia los propios tunecinos.

La plaza Kasbah, o de la Alcazaba, a las afueras de la medina, es uno de los epicentros del poder tunecino, ya que aquí está el Ayuntamiento de la ciudad, edificios oficiales y gubernamentales y varias mezquitas importantes. Está plaza ha sido escenario de momentos clave en la historia reciente de Túnez, especialmente los relacionados con la revolución de 2011.

Monumento Nacional de la Kasbah, en la plaza Kasbah o de la Alcazaba

En la inmensa amplitud del lugar hay un monumento que atrae todas las miradas: el Monumento Nacional de la Kasbah. Es un monumento de hormigón, situado en el centro de la plaza, rodeado de banderas tunecinas y que conmemora la historia nacional.

Para desconectar del ruido y ajetreo de la ciudad, el parque Belvédère puede ser una opción estupenda. Nuestro hotel estaba muy cercano y, al regresar de este día, era una opción para pasear y descansar y no dedicar horas muertas a no hacer nada en el hotel (aunque nosotras optamos por volver andando hasta Bab al-Bhar).

El parque Belvédère es uno de los pulmones de Túnez, con una superficie de 110 Ha, encontramos arboledas, un estanque, zonas de hostelería o el pabellón Kobbet El Haoua, o kouba, del siglo XVII y estilo árabe- andalusí y que sirve como lugar de descanso y de refugio del sol.

Se suele dedicar un solo día Túnez y a mí me hubiese gustado poder estar uno más, para poder ver con calma muchos de estos sitios. En cualquier caso, hay mucho más que visitar en los alrededores, como las ruinas de Cartago o el conocido pueblo de Sibi Bou Said, como veremos en otro artículo.

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