Pendiente de ver para la próxima vez, parte II: Menorca y Londres

Vuelve otra entrega de aquello que he me dejado pendiente de ver por falta de tiempo, errores de planificación o, simplemente, porque te enteras tarde de la existencia de ese sitio tan especial.

Visita a Mahón en Menorca

Empezamos en Menorca. Cuando decidimos que pasaríamos una semana de vacaciones en esta isla del Mediterráneo, fueron varias personas las que me dieron el mismo consejo: aunque el avión aterriza en Mahón, alójate en Ciudadela y ve a pasar una tarde a esta primera ciudad.

Y así hicimos: aterrizamos, cogimos el coche de alquiler y nos recorrimos la isla de punta a punta hasta llegar a nuestro alojamiento en Ciudadela.

En los ocho días que pasamos de vacaciones, uno lo dedicamos a esta población, el resto de los días, de cala en cala y en Fornells y Es Migjorn Gran y, tal y como nos habían dicho, una tarde en Mahón. Error.

Mahón desde las alturas

Llegamos a primera hora de la tarde al hotel para ducharnos y prepararnos para salir. Cogemos el coche. Volvemos a cruzar toda la isla. Llegamos a Mahón y te das de bruces con lo obvio: el centro sólo es accesible para vehículos de residentes. Empiezas a dar vueltas para aparcar, porque os aseguro que no éramos los únicos que habíamos tenido la misma idea.

Después de un buen rato, decidimos dar la última antes de ir a un parking. Y es en ese momento cuando todos los planetas se alinearon a nuestro favor y aparece un hueco libre. Aparcamos. Miramos en el Maps a cuánto estamos del puerto y se trata de un paseo bastante majo de unos 20 minutos.

Por el camino nos fuimos encontrando con varios puntos turísticos: la iglesia de Santa María de Maó, el Mercado del Pescado o todo el puerto. Nos dio tiempo a tomarnos un vino en el Mercado del Claustro antes de ir a cenar en uno de los locales del puerto y, después, de vuelta a Ciudadela. Y me supo a poco. A muy poco, de hecho.

Mahón me pareció menos turística que Ciudadela, aunque puede que se deba a una primera impresión. Desde mi punto de vista, se trata más de una ciudad para vivirla, no el lugar en el que llegan la mayoría de turistas para alojarse en la isla. De hecho, en Mahón pudimos cenar en el puerto, a unos precios que nos parecían correctos, no como en Ciudadela, donde el puerto sólo lo pisamos para pasear.

Iglesia del Carmen en Mahón

Según volvíamos al coche, lo comentábamos. Deberíamos haber aterrizado, hacer la primera noche allí y, después ya dirigirnos a Ciudadela. De esta manera, podríamos haber conocido, ya no sólo el centro de la ciudad o los múltiples miradores sobre el puerto, sino adicionalmente, el antiguo hospital de la Isla del Rey, la isla del Lazareto, las Fortalezas de Isabel II o llegar hasta el punto más al Este del territorio español (sé que es una tontería, pero me gusta alcanzar este tipo de puntos clave), además de cenar una vez más con el atardecer del puerto.

Las calas del sur en Menorca

No sólo me quedé con ganas de esta pequeña ciudad, sino también, de disfrutar de las calas del sur.

Como sabéis, las calas de Menorca se dividen en norte y sur. Fuertemente azotadas por la tramontana, las del norte ofrecen un paisaje lunar: casi no hay vegetación ni refugio cuando el sol aprieta y la arena es de un tono rojizo que sorprende.

Por el contrario, las del sur suponen la imagen de la cala perfecta que nos imaginamos: arena blanca, acantilados de roca caliza, pinos hasta el borde del mar.

Pinos, agua cristalina y roca caliza, cala de Mitjana en Menorca

Antes de llegar, sabíamos de la alta ocupación de las del sur y que el acceso a los parking viene regulado por un semáforo (si está rojo, no hay sitio para ningún coche más), de que a algunas sólo se puede llegar en autobús municipal y que llegar a pie no es una opción. Bueno, la belleza tiene un coste: el madrugar.

Aunque la persona que nos atendió en el hotel nos contó la realidad tal cual es: si quieres sitio en una cala del sur, no es que haya que madrugar, es que hay que madrugar mucho. Lo hablamos con calma y los dos opinamos lo mismo: no nos apetecía poner el despertador a las 7 de la mañana para ir a la playa, por muy bucólica y perfecta que sea, por muchas fotos que aparezcan en Instagram. Calas hay, por lo que optamos por el norte.

Por carambolas del destino, uno de los primeros días que estuvimos allí, el semáforo estaba en verde en Son Saura. Allá que vamos. Era última hora de la tarde y aprovechamos. Detrás de nosotros no entró ningún coche más. Otra mañana, tuvimos la suerte de ser los penúltimos en aparcar en el parking de cala Galdana, que da acceso a Mitjana. Y esa fue toda nuestra experiencia con las calas del sur.

Cuando volví, no me arrepentí de no haberme levantado tan pronto para ir, de hecho, en el momento de estar escribiendo esto, me sigo sin arrepentir, lo que no quiere decir que no me hubiese gustado verlo.

Cala En Brut, en Menorca

Así que, tomad nota: si vais a Menorca, haced, al menos, una noche en Mahón, no os arrepentiréis. Y, si en vez de ocho días podéis dedicar diez, mejor. Además, si os gusta la playa y os no os importa madrugar (mucho), seguro que encontráis un huequito en esa arena tan blanca.

Saltamos de una pequeña isla mediterránea hasta otra bastante más grande del mar del Norte, Gran Bretaña y, en concreto, la capital, Londres.

El mercado de las flores de Columbia Rd en Londres

Es imposible ir a Londres y verlo todo. Siempre vas a tener que dejar algo, porque, a no ser que te regales dos semanas en la ciudad o tengas por costumbre visitarla una vez al año, como turista llano y simple, te puedes dar por satisfecho si vas cinco días.

En mi caso, tuve la oportunidad de ir seis días, lo que está bastante bien y da para días muy bien aprovechados, teniendo en cuenta también que, al tratarse de temporada baja (cuando eso existía), el alojamiento tenía unos precios más comedidos, no como en el intento de escapada que hicimos en agosto y que relaté en Preparación del viaje a Viena.

Londres, justo a tiempo para ver la primavera en Hyde Park

Llevábamos un plan bastante estudiado y nos cundió bastante, parece que no, pero tener diez años menos se notaba a la hora de aguantar el ritmo. Sin embargo, a la hora de decidir qué se veía y qué no, tuvimos que hacer encaje de bolillos. Todo no es viable; casi todo, tampoco. Ahora toca seleccionar lo que queda para la segunda visita.

Uno de los puntos que más me dolió perderme fue el mercado de flores de Columbia Rd. Sé de la existencia de este lugar desde hace muchos años, bastante antes de que existiese Instagram y el vicio con la geolocalización. Mick, un profesor de inglés que tuve, había vivido muchos años en Londres, cerca de Columbia Rd, y nos contó que, cada vez que se sentía algo triste, se daba un paseo por el mercado de flores, porque tanta belleza tenía la capacidad de sacarle una sonrisa. Además, conociendo las ofertas de última hora, justo antes de cerrar, muchas veces se regalaba a sí mismo flores.

Yo también comparía muchos ramos en el mercado de las flores de Columbia Rd. Foto de http://www.columbiaroad.info

Si alguien te habla con tanto cariño de un lugar tan especial para él, sabes que tienes que estar, que tienes que hacer todo lo posible por ir. Pero no pudo ser. No recuerdo qué hicimos ese domingo por la mañana en lugar de ir a ver flores, aunque seguro que nos gustó, a no ser que fuera volver a casa en avión…

El cementerio de Highgate sigue pendiente

Otro lugar que he dejado, y Geni y yo hemos hablado para incluirlo en nuestro futuro viaje a Londres del que siempre hablamos y que no llegamos a concretar, es el cementerio de Highgate.

Me gusta el necroturismo, se ve muchísima belleza en esa soledad, hay auténticos museos al aire libre y nos hace ser conscientes del paso del tiempo. Cuando hago turismo, intento ver el cementerio de alguna de los lugares en los que estoy, aunque no siempre es posible.

Si a esto le añadimos que, en una ciudad tan inmensamente grande, hay cementerios para dar y tomar, presume de tener “siete magníficos” (Highgate, Kensal Green, Brompton, Abney Park, Tower Hamlets, West Norwoods y Nuhead) y que en el Reino Unido se puede pasear tranquilamente por los camposantos, ya que son una alternativa a parques públicos, donde la gente va a desconectar, tal y como comprobé en Escocia y recogí en el artículo Cementerios de Escocia.

Detalle de una tumba en el cementerio de Highgate. Foto de http://www.highgatecemetery.org

Llegados a este punto, ¿por qué Highgate y no otro? Sinceramente, no lo sé. Se organizan visitas guiadas y temáticas, del resto, no tengo información y tampoco la he buscado.

Supongo que el motivo es como todo: porque hay que elegir. Como hoy por hoy no es viable ir una semana e ir cada día uno de ellos (me gusta, pero tampoco hay que metérselo en vena), pues elijo Highgate.

No recuerdo si llegué a plantear recorrerlo a la hora de hacer el planning, no obstante, soy consciente de que no es un lugar que atraiga a todo el mundo, además, al ser la primera vez de las dos en Londres, nos centramos en los imprescindibles marcados por cualquier guía o página.

Visita guiada y nocturna por el Museo Soane de Londres

Y, entre esos imprescindibles para esa primera vez, tampoco era una opción el Museo Soane. ¿Alguien más lo conoce? A no ser que te hayas empapado la Lonely Planet, por lo menos la de aquella edición, es probable que no se lo hayas oído mencionar a nadie más porque no sé de nadie que me lo haya comentado o me haya recomendado su visita.

El Museo Soane a la luz de las velas. Foto de http://www.soane.org

El Museo Soane es la casa- museo en la que vivió el arquitecto neoclásico Sir John Soane. Visto así, no parece que tenga mucho interés, a no ser que seas un apasionado de la arquitectura. Si añado que tiene una colección muy interesante de antigüedades, muestras de dibujos de arquitectura y de pintura de Canaletto o Turner y que es conocido por su atmósfera tétrica y recargada, ¿a qué la cosa va cambiando?

Si además añado que se hacen visitas nocturnas y guiadas y el museo está iluminado con velas, ¿te apuntas conmigo? Se hacen un solo día al mes, hay que reservar con antelación y son caras, pero ¡es una sola vez!

Los alrededores de Londres, para la próxima

Por si no fuera poco, se quedó pendiente una excursión fuera de Londres. Cuando decidimos los días que iríamos, fue contando con salir un día. Cambridge, Oxford, Canterbury o Brighton, por citar sólo unos pocos, hay para dar y tomar.

Lo que me estaba perdiendo en Oxford. Photo by Lina Kivaka on Pexels.com

Por aquella época, no había tanta fiebre y urgencia por llevarlo todo reservadísimo y miradísimo desde casa y se podía improvisar bastante (¡ay, qué tiempos!), por lo que acordamos decidirlo sobre la marcha.

Según fueron pasando los días, me di cuenta de que mi acompañante había decidido por mí: no íbamos a salir de Londres para no gastar más dinero del estrictamente necesario. Y, de la misma manera que se había tomado de manera unilateral esa decisión, tampoco se aportaban ideas sobre qué hacer en ese día libre.

Londres es enorme y siempre hay cosas que hacer, pero con una persona que no pone de su parte, pocas alternativas hay. Así que fui por primera vez a Londres sabiendo que tenía que volver una segunda para completar la primera.

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