El visitar Túnez capital no sólo tiene el interés de deambular por su histórica medina o admirar los mosaicos del Museo del Bardo, sino que en los alrededores también hay distintos puntos destacados que merecen el desplazamiento.
Se pueden ver en un día desde Túnez, y es así como lo hice yo: Cartago y Sidi Bou Said en una tarde, parando a comer previamente en La Goleta.
La Goleta, donde comer el mejor pescado
La Goleta, o La Goulette en francés y Halq al Wadi en árabe, es una localidad ubicada en el puerto de Túnez, a 10 km de la capital.
Pese a que se puede pensar que es una localidad de nueva creación, lo cierto es que tiene bastante peso histórico y todavía se conserva la fortaleza de La Carraca, construida por los españoles y conquistada por los turcos en 1574.

Fue un puerto berberisco de relativa importancia, aunque en el siglo XVIII se marcó la tendencia de su evolución con el asentamiento de inmigrantes procedentes de Sicilia y Malta, gracias a las oportunidades que ofrecía el puerto.
En la actualidad, no tiene más interés turístico que el ser un lugar de veraneo con una extensa playa y restaurantes de pescado.
Nosotros vinimos aquí a comer desde la capital y considero que el restaurante estaba bastante bien, con pescado a la parrilla hecho en el momento. En cualquier caso, a no ser que tengas interés en turismo de playa o de comer buen pescado, yo dedicaría ese tiempo a otros sitios.
Cartago, un yacimiento arqueológico mítico
Cartago es muchas cosas: uno de los distritos tunecinos de mayor poder adquisitivo, una ciudad que marcó un antes y un después en la historia antigua y unas ruinas romanas que, pese a no ser las mejores del país, sí que resultan muy interesantes.
Brevísima historia de Cartago
Según la leyenda, Cartago fue fundada por la princesa Dido en el 814 a.C. al huir de Tiro y llegando a una región habitada por los libios. Aquí solicitó un territorio para poder fundar una ciudad y la respuesta que recibió fue que sólo tendría el que quedase ocupado por una piel de toro.
Dido cortó la piel en finísimas tiras y con ellas delimitó una extensión, en la que construyó la fortaleza Birsa, que se terminó convirtiendo en la ciudad de Cartago.
Por bonita e ingeniosa que sea la leyenda, la historia nos cuenta otra cosa. Cartago fue la capital del Estado Púnico y fue fundada por inmigrantes fenicios de Tiro en el siglo IX a.C.

Tras la independencia de Tiro, tuvo tal importancia que rivalizó con Sicilia y la República Romana. A esta última se enfrentó en dos guerras, las conocidas como Guerras Púnicas en el siglo III a.C., de las que salió vencida. La derrota absoluta y destrucción vino tras la Tercera Guerra Púnica, cuando fue arrasada por Escipión Emiliano en el siglo II a.C. Los pocos habitantes que sobrevivieron fueron vendidos como esclavos y lo más valioso se trasladó a Roma.
En el año 29 a.C., Augusto fundó una colonia que se convirtió en la capital de la provincia romana de África y una de las zonas de cultivo de cereal más importante del Imperio, llegando a ser la segunda ciudad en importancia tras Roma, con más de 400.000 habitantes. En la Colonia Julia Cartago había anfiteatro, circo, teatro, acueducto y termas, además de una compleja red de alcantarillado que cubría toda la superficie de la ciudad.
Fue conquistada por los vándalos en el 425 y, en el 534, por el general bizantino Belisario. Una vez más, Cartago volvió a ser capital de una provincia romana, en este caso, del exarcado de África. Consiguió frenar la expansión del islam hasta que, en 705, un ataque musulmán la redujo a cenizas y masacró a toda la población.

Desde este momento, la antigua Cartago fue dominada por el islam. Aquí tuvo lugar la Octava Cruzada, fue conquistada por Barbarroja y estuvo a manos de los españoles durante un breve periodo de tiempo.
En 1975 comenzaron las excavaciones arqueológicas, de las que se hallaron piezas púnicas, vándalas, bizantinas y, principalmente, romanas. Además, se encontraron también mosaicos de gran belleza y, pese a lo que se pueda pensar, muy bien conservados y que se exponen en el Museo del Bardo.
El yacimiento arqueológico de Cartago fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1979.
En la actualidad, aquí conviven ruinas romanas con casas de lujo y la residencia oficial del presidente de la República de Túnez.
La historia de Cartago es un tema lo suficientemente amplio y complejo como para ser tratado en un blog como el mío. Si quieres más información, te recomiendo este artículo de World History.
Yacimiento arqueológico de Cartago
Recorrer Cartago a pie no tiene mucho sentido ni resulta práctico, ya que las ruinas y los puntos de interés están diseminados. Además, conviene ir preparado para lo que vas a ver: poco. Teniendo en cuenta que fue arrasada en distintas ocasiones, no esperes una Gerasa o un Butrinto.
Es un poco decepcionante ver que queda tan poco de una ciudad que dominó el Mediterráneo y llegó a plantar cara al Imperio Romano, aún así, ni me plantearía ir a Túnez y no acercarme a Cartago.
Nosotros visitamos las termas de Antonino, del que hablaré en otro epígrafe, y el puerto interior artificial, conocido como cothon. Estaba protegido por un muro y conectado a través de un canal con el mar. En el centro de la laguna había (y hay) una isla artificial en la que estaba el almirantazgo. El puerto púnico data del siglo III a.C. y tenía capacidad para 400 barcos, lo que muestra el poderío marítimo de Cartago.
A la misma altura es complicado apreciarlo, para verlo mejor, habría que subir a lo alto de la colina de Birsa. Desde los miradores, hay unas vistas estupendas de Túnez, de la montaña sagrada y del yacimiento. En la colina se han excavado también los restos del barrio púnico, en el que se descubrieron los antepasados de los mosaicos romanos.
Se puede entrar en la catedral católica de San Luis, que construyeron los franceses en 1889 y, en las inmediaciones, se encuentra el Museo Nacional de Cartago, uno de los más importantes del país junto con el del Bardo, con objetos púnicos, romanos y paleocristianos.

Otros puntos que me parecen muy interesantes son el anfiteatro, uno de los más grandes que se construyeron en el Imperio, aunque sólo queda la plaza ovalada y las entradas por las que pasaban las bestias; el santuario de Tofet, el yacimiento más antiguo de Cartago, donde se celebraban los sacrificios a Molk; o las villas aristocráticas romanas.
Si viajas a Túnez por su cuenta y visitas Cartago, yo lo haría con guía, para que el conjunto de ruinas y de piedras tengan sentido y cuenten toda la historia que atesoran.
Las termas de Antonino
Las ruinas estrella de Cartago son las termas de Antonino, si sólo tienes tiempo para un punto de interés, que sea éste. Son las de mayor tamaño de las construidas en África y las terceras en importancia del Imperio, por detrás de las de Caracalla y las de Diocleciano.
Las termas se llaman así por Antonino Pío y han sufrido varios percances: un terremoto en el siglo IV o V (que dañó gran parte del frigidarium) y el abandono definitivo hacia el año 638, además de haber sido saqueadas o servir como cantera de materiales de construcción.

Se entra por un parque lleno de árboles y, cuando menos te lo esperas, aparece una columna que permanece en pie, con toda la chulería que te dan siglos de historia, con el Mediterráneo de fondo. La cosa promete.
En su momento de máximo apogeo, se llegaron a contar once bóvedas con una altura superior a los 29 m, por desgracia, tan sólo se conservan las partes subterráneas y restos dispersos. La columna de la que hablaba es la del frigidarium, con 15 m de altura, enderezada recientemente para que podamos imaginar cómo era el recinto, formado por un conjunto de doce columnas que sostenían los techos de las termas.

Antes de bajar a las ruinas, nos paramos en un pequeño mirador en el que hay un esquema con una recreación de las termas, pese a ello, cuesta hacerse a la idea. Lo más fácil es disfrutar de las vistas de las columnas que permanecen en pie, paredes a medio derruir o piedras que un día se cayeron y permanecen inamovibles, todo esto con un azul intensísimo del Mediterráneo que se funde con el del cielo, y caminar entre todo aquello.
Para más información sobre los puntos de visita en Cartago, te comparto su web oficial.
Sidi Bou Said, la belleza mediterránea
No nos engañemos, Sidi Bou Said es un pueblo bonito. Sin embargo, hay algo que no me termina de encajar, que me chirría: no sé si es bonito porque es bonito o si se ha puesto bonito desde el momento en el que las imágenes y las redes sociales gobiernan nuestra vida. Creo que lo que sí se puede afirmar sin temor es que Sidi Bou Said es fotogénico.
Se encuentra a 20 km de Túnez y su nombre significa Mi señor padre del feliz, que hace referencia al nombre con el que se conocía a un erudito que se retiró cerca de la ubicación actual del pueblo para enseñar el sufismo.

Con las fachadas pintadas de un blanco tan inmaculado que hace daño a la vista y las ventanas y rejas de azul cielo, sin ninguna duda, te gusta.
Lo que sí se sabe es que este enclave lleva siglos gustando: nobles y aristócratas de los siglos XVIII y XIX lo elegían como lugar de vacaciones y no eran pocos los artistas que llegaban en busca de inspiración. Fue el barón francés Rodolphe d’Erlanger quien se estableció de manera permanente y, en 1915, consiguió que se aprobase una ley por la cual las paredes exteriores de las casas tenían que ser blancas y puertas y ventanas, azules.
De esta manera, Sidi Bou Said es un pueblo muy bonito desde hace más de 100 años, aunque las redes sociales han potenciado las visitas de los turistas.

El centro es peatonal, así que el autobús nos dejó en la parte baja y subimos la calle principal andando. La tranquilidad con la que habíamos disfrutado en Cartago chocaba frontalmente con el gentío de Sidi Bou Said: una masa de turistas que bajaba frente a otra masa de turistas que subía. ¿De verdad Túnez es un país que ha estado tantos años sin recibir apenas turistas? Porque en el resto del país casi ni los vimos, están todos concentrados en muy pocos sitios y Sidi Bou Said, para alegría de los comerciantes, es uno de ellos.
La calle principal es una sucesión de tiendas de recuerdos y cafés. No obstante, si te desvías por alguna de las adyacentes, se hace la magia: todo desaparece excepto las casas, las puertas, las ventanas y los rincones con encanto.
Y eso es lo que hicimos Geni y yo: pasear huyendo del ruido. De esta manera, llegamos a los dos cementerios que hay en la parte más alta, sin duda, en buen rincón para el descanso eterno, con unas vistas al mar de las que dan ganas de sentarse a ver las horas pasar. También llegamos a un mirador desde el que se ve todo el pueblo desde las alturas, pero sobre todo, lo que más valoramos, fue estar solas.

Eso sí, lo que no perdonamos fue el sentarnos en una terraza y tomarnos un té a la menta con piñones.
Respecto a esto me gustaría comentar que hay dos cafés muy famosos y recomendados. Reciben muchos turistas, tienen terrazas con vistas y está todo dispuesto para que te hagas la foto, sin embargo, los precios son escandalosamente altos. Tú valoras. Nosotras estuvimos tan a gusto a pie de calle, pagando un precio razonable por dos tés.
En Sidi Bou Said hay algunos lugares que pueden merecer la pena, sobre todo si tienes más tiempo que nosotras.

Yo me acercaría a la mezquita Zaouia, donde reposa el cuerpo de Abu Said Ibn Khalef, aquel que dio nombre al pueblo, y visitaría el palacio Nejma ez Zahra, que fue la residencia del barón d’Erlanger, hoy convertido en el Centro de Música Árabe y Mediterránea, un museo dedicado a la música.
Para más información de la residencia del barón d’Erlanger (y ver fotos del maravilloso interior), te comparto su web oficial.
Espero que disfrutes de Cartago y de Sidi Bou Said tanto como lo hicimos nosotras y, si tienes disponibilida, dedica un día entero a las dos.
Puedes encontrar más información práctica de Cartago y Sidi Bou Said en la página web oficial de Turismo de Túnez.
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