¿Os habéis desplazado alguna vez a otra ciudad para un concierto? Puede ser que, si no vives en Madrid o Barcelona, la respuesta sea afirmativa. Sin embargo, me refiero a que si habéis ido alguna vez a otro país para un concierto. Toma ya, como reto no está nada mal. Y es que es esto lo que me planteo con la película o, mejor dicho, documental que me invita a viajar este mes. Se trata de Pulp: vida, muerte y supermercados (Florian Habicht, 2014) y recoge el último concierto que dio la veterana banda de Sheffield antes de separarse.

El concierto fue un 8 de septiembre de 2012, es decir, en España, caía en pleno puente de diciembre y, si tenías la suerte de poder coger vacaciones (y de haber conseguido entrada, claro), planeado con tiempo, es una escapada estupenda.
Pulp es un grupo que empezó a tocar a finales de los 70 y, después de tantas décadas juntos, es normal que estuvieran cansados, de hecho, la teclista Candida Doyle padece artritis reumatoide que hace que se le haga cada vez más cuesta arriba (y doloroso, qué coño) tocar y salir de gira.
Los años del Britpop
La banda empezó a ser más conocida en la década de los 90, cuando los años gloriosos del Britpop que tanto nos enganchó en su momento. Como leí una vez, eras de Oasis o de Blur, a no ser que supieras de música, que entonces escuchabas a Pulp, mucho más exquisitos, con letras más curradas y, con una pose de Jarvis Cocker, que le convertían en el frontman perfecto.

Descubrí este tipo de música en esos años dorados, en plena adolescencia, por supuesto, con Oasis y Blur a la cabeza y, después, con otros grupos como Suede, Elastica o Pulp y, pese a que han pasado bastantes años de aquello, sigo escuchándolos. Por este motivo, cuando encontré el documental el Filmin, no pude evitar darle al play. Cuando lo vi, el grupo ya llevaba separado una temporada larga y, al enterarme en su día de los motivos, una parte de mí los entendía, la otra, estaba rabiosa porque no les había llegado a ver en directo. Una de las muchas espinitas que tengo clavadas.
¿Y si en el puente nos vamos a otro país para asistir a un concierto?
Como he comentado, el concierto cayó en fechas festivas españolas y no pude evitar fantasear con haber ido al concierto. Buscar un vuelo de bajo coste a Londres, Liverpool o Manchester en función de los precios y de las fechas; tren desde una de estas ciudades hasta Sheffield; cruzar los dedos para poder hacer noche directamente en esta ciudad y no en la de aterrizaje y deshacer todo esto para volver a Madrid. Suena fácil, no parece que requiera una preparación titánica, sin embargo, el precio del concierto sería mucho más elevado que la habitación. ¿Dónde está el límite? ¿Cuál es el presupuesto? ¿Qué ocurre si no consigues vuelo, pero sí entrada o, consigues entrada, pero los precios de los vuelos son prohibitivos?
En cierto modo, respiré aliviada por haberme enterado de este concierto tanto tiempo después, un problema menos y una duda menos que solventar, porque, por si no fuera poco, surge otro problema: ¿voy sola o hay alguien a quien le guste también Pulp que esté dispuesto a dejase ese dinero en una excursión? Demasiadas preguntas antes de salir de viaje.
Como soñar es gratis, ¿por qué no?

Pero, ¿qué hay en Sheffield?
Lo primero que hago es buscar información turística de este destino. La búsqueda “Sheffield” en Google no me ofrece los resultados esperados, así que acudo al foro de Los viajeros, lo que no aparezca aquí, es que no merece la pena y, por desgracia, es lo que parece que ocurre con este lugar: la única información útil que he entrado sobre la ciudad es que es universitaria y muy animada.
En un nivel más general, todo el mundo que ha viajado por Inglaterra recomienda encarecidamente el tren frente al autobús (y frente al coche) y, si vas a hacer varios trayectos, compensa sacarse el billete de Interrail, ya que los billetes individuales son bastante caros. Esto último sí que me parece práctico, queda apuntado.
Persisto en mi búsqueda: en el mismo foro, encuentro el diario de una persona que ha visitado Sheffield y en unas circunstancias similares: un concierto de Meat Loaf. Habla de un área peatonal atractiva, aunque sin tanta vida como en otras ciudades, de una catedral que no llama especialmente la atención, de un ayuntamiento de apariencia imponente y dos jardines agradables.
También encuentro algo más de información en la web en inglés de Lonely Planet, no obstante, no consigue que me entre por el ojo. Eso es todo lo que parece ofrecer Sheffield y no da la impresión de que la visita esté muy justificada, a no ser que haya algún evento. Soy de este tipo de personas/ viajeros a las que les llama la atención todo y me gustaría ir a todas partes, sin embargo, creo que, en un futuro recorrido por Inglaterra, Sheffield no estará en la lista de visitas: como me dicho en más de una ocasión, el tiempo y el presupuesto son limitados, por lo que hay que elegir qué se ve y qué no.

Nos vamos a un concierto… en avión
Pero no sólo de esta ciudad quería hablar en este post, sino del hecho de desplazarte lejos de casa para ir a un concierto. Creo que es algo parecido a lo que relataba en mi post de Turismo de festivales.
Normalmente, ir a un evento de este tipo conlleva que pidamos días de vacaciones. Un festival son unos cuantos días, un concierto se reduce a unas horas, aunque nos obliga a coger varios días de vacaciones (la carambola de llegar por la mañana, ir al concierto y volver a casa por la noche, en el mismo día, parece inviable en el caso de un viaje al extranjero), por no hablar del desembolso de dinero.
Cada uno es muy libre de gestionar sus medios como considere, claro está, pero ¿hasta qué punto no se siente dolor viendo que irte a otro país a ver a un determinado grupo multiplica el precio de la entrada por mucho? Lo que ya sería estupendo es poder quedarse unos días en la ciudad de destino para poder hacer turismo por la zona (aunque ya hemos acordado que Sheffield no es especialmente atractiva).
En cualquier caso, como me gusta soñar despierta, en mi cabeza, el 8 de diciembre de 2012, volé hasta Liverpool, cogí un tren a Sheffield, dormí esa noche, al día siguiente me di una vuelta por la ciudad antes de ir al recinto del concierto, para el que ya tenía la entrada y, al acabar, volví a mi hotel para, la mañana siguiente, volver en tren a Liverpool y a casa. Por cierto, el concierto fue increíble.
Como en meses anteriores, os comparto la crítica de Filmaffinity.
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