En el verano de 2021 hicimos un recorrido por las provincias vascas, centrándonos en las respectivas capitales y en los pueblos costeros más bonitos de Guipúzcoa y Vizcaya. Este es el último artículo de aquel viaje, puedes leer los relativos a Vitoria, San Sebastián, Bilbao y costa guipuzcoana en el blog y los dejo enlazados al final del artículo.
Dando prioridad a la N-634, una de las carreteras más bonitas de nuestro país, de 730 km entre San Sebastián y Santiago de Compostela, salimos de Donostia y, fuimos recorriendo algunos de los pueblos que nos encontramos, no todos costeros, hasta llegar a Bilbao, donde terminamos nuestro viaje.
Como curiosidad, Vizcaya es la segunda provincia más pequeña de España, por detrás de Guipúzcoa, y Bilbao y su área metropolitana conforma la sexta zona más habitada.
Guernica, historia viva del País Vasco
Una de las localidades más importantes del País Vasco, ya que era el punto de reunión de las Juntas Generales de Vizcaya y por el bombardeo que sufrió en 1937 por la Legión Cóndor y que Pablo Picasso inmortalizó en su famosa obra Guernica.
Antes de darnos una vuelta por este municipio, me gustaría contar que Guernica fue fundada en 1366 por el Infante extremeño Tello de Castilla, señor de Vizcaya. Está ubicada en un punto estratégico entre varios caminos que unen localidades importantes y la ría del río Oca, que desemboca en el mar.

Además, está situada en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, en medio de un entorno espectacular de montañas, marismas, vegas y costa.
Recorrido por Guernica
Empezamos nuestro paseo por uno de los lugares más importantes: el Árbol de Guernica. Todo un símbolo: aquí Fernando el Católico juró los Fueros de Vizcaya y era donde se juntaban los presidentes de los pueblos de la zona para debatir sobre leyes y territorio. Hoy en día, simboliza las tradiciones de todos los vascos.
Nosotros vimos el Árbol Viejo, plantado en el siglo XVIII, situado en un templete circular al lado de la Casa de Juntas. El Árbol Hijo, donde juran o prometen su cargo todos los Lehendakaris, se ubica delante de la Casa de Juntas.

Muy cerca, se encuentra la Casa de Juntas, sede institucional de los Plenos de las Juntas Generales de Vizcaya. En un edificio neoclásico cargado de historia. Realmente, estamos ante una iglesia- parlamento, aunque sin actividad religiosa. El interior, además de mantener el altar y las pilas de agua bendita, se pueden ver retratos de Señores de Vizcaya, cuadros que muestran la jura del Señor y la sala de la vidriera, que representa la importancia del Árbol de Guernica.
Por desgracia, no pudimos visitar la Casa de Juntas, ya que estaba cerrada al público durante el COVID, pero si vas a visitar Guernica, no dudes en reservar la entrada. La información práctica la tienes en la web oficial.
En la misma calle de la Casa de Juntas podemos ver el mosaico de azulejos que representa una reproducción del Guernica de Picasso.
En las inmediaciones, dimos un paseo por el Parque de los Pueblos de Europa, un pulmón verde en la localidad. Recoge los cuatro ecosistemas del País Vasco atlántico (hayedo, robledal, encinar y vegetación de la ribera), un estanque, un jardín clásico y esculturas de Eduardo Chillida y Henry Moore.

Gure Aitaren Etxea, obra de Chillida de ocho metros de alto, representa la casa del pueblo vasco y Large Figure in a Shelter, de Moore, forma parte de War Helmets, una colección que el artista comenzó durante la II Guerra Mundial.
En el centro histórico de Guernica visitamos la iglesia de Santa María, el edificio más antiguo de la localidad. Se comenzó a construir en el siglo XV bajo los estándares del gótico, que se ve en la portada, y con un interior renacentista.
La iglesia no fue destruida durante el bombardeo de 1937, aunque una de las capillas sufrió daños y la sacristía se incendió.

Uno de los lugares por lo que pasamos es por Foru Plaza, la plaza de los Fueros, presidida por la estatua del infante Tello. Una plaza porticada, que fue el primer lugar en ser reconstruido tras el bombardeo.
A la derecha de la plaza, se encuentra el Ayuntamiento; en frente, la Casa de la Cultura; y, a la izquierda, uno de los imprescindibles de Guernica: el Museo de la Paz.
El bombardeo de Guernica
La vida se paró en Guernica el 26 de abril de 1937. Lunes, día de mercado, las noticias del bombardeo de Durango ya habían llegado, pese a esto, el mercado se celebró.
A las 16:20 las campanas de la iglesia de Santa María comenzaron a repicar, alertando a la población de la llegada de aviones enemigos. Aviones pertenecientes, en su mayoría, a la alemana Legión Cóndor, aunque también los había de la italiana Aviazione Legionaria.
Un ataque incesante, de casi cuatro horas, en el que se lanzaron bombas de entre 50 y 250 kg de peso, que destruyeron edificios y formaban cráteres en las calles. Se lanzaron también bombas incendiarias que, al caer y entrar en contacto con otros materiales, provocaron incendios. Para terminar, muchos de los supervivientes que intentaban escapar del centro fueron ametrallados por los cazas.

El resultado fueron 1654 víctimas mortales, no obstante, el número real es difícil de saber porque los escombros no se terminaron de recoger hasta finales de 1941 y porque el régimen franquista no consigno ninguna víctima y trató de eliminar la documentación elaborada por las autoridades vascas. Guernica quedó totalmente devastada.
Pablo Picassó se inspiró en este hecho para pintar Guernica, una de sus obras más conocidas, un encargo del Gobierno de la Segunda República para el pabellón de España en la Exposición Internacional de París de 1937. En la actualidad, se puede ver en el Museo Reina Sofía de Madrid.
El Museo de la Paz de Guernica
Se trata de un museo interactivo, que nos traslada a ese fatídico día. Se un recorrido por varias salas divididas en dos plantas.
En la primera, se habla de la paz como concepto, se recrea el bombardeo, además, se nos invita a reflexionar sobre la vida y la esperanza, así como sobre otros procesos de reconciliación, como los de Irlanda del Norte o Sudáfrica.
En la segunda planta, si no se te ha roto el corazón ya, se te va a romper con los vídeos en el que supervivientes de la tragedia narran como lo vivieron. Es un momento muy sobrecogedor, en el que se me saltaron las lágrimas escuchando a los supervivientes.

Hay mucho material fotográfico y documental, expuesto desde un punto de vista del recuerdo y, sobre todo, desechando el rencor o la venganza.
Un lugar imprescindible si vas a visitar Guernica.
Para saber más sobre el bombardeo de Guernica y toda la información práctica del Museo de la Paz, te comparto su web oficial. Para más información sobre turismo en Guernica, dejo la web oficial de la Oficina de Turismo.
Lekeitio, un puerto ballenero en la costa de Vizcaya
Pasamos una tarde en Lekeitio, un pueblo marinero que nos encantó y se convirtió en uno de nuestros favoritos. Es pequeño, se ve fácilmente en unas horas y, aunque no tuvimos problemas para aparcar, sé que puede llegar a ser muy complicado.
Lekeitio fue fundada por María Díaz de Haro, Señora de Vizcaya, en 1325, y le otorgó carta puebla, dotándola de fueros y límites concretos. El rey Alfonso XI, además de refrendar los fueros, le concedió el título de villa en 1334 y ordenó levantar murallas.
En 1381 ya existía el puerto que, durante cuatrocientos años, fue el más importante de la provincia. Tres marineros originarios de esta localidad viajaron junto a Cristóbal Colón en el barco Santa María, en 1492.

Uno de los primeros sitios que visitamos en Lekeitio es la basílica de la Asunción de Nuestra Señora. Data del siglo XV, en estilo gótico tardío y reemplazó a otro templo anterior.
Imposible no fijarse en ella, se ve desde cualquier punto, dominando el espacio por encima de todos. Siempre ha llamado la atención por su fábrica gótica, la fachada de la escultura occidental y su mobiliario, destacando el retablo mayor, gótico y bañado en oro, y uno de los más grandes de España.
Pasearse por las calles y callejuelas empedradas de su centro histórico es un gustazo. Por el simple placer de andar, de fijarse en los pequeños detalles de un lugar que apenas ha cambiado desde la Edad Media.
Casas de piedra con balcones de hierro forjado, fachadas de colores, escudos de armas de familias nobles y marineros de alto linaje. Aunque suele ser muy recomendable olvidarse de mapas y, simplemente, seguir tu instinto, seguro que llegas a la plaza de la Independencia, la plaza de Arranegi, el Ayuntamiento, el Palacio Uriarte, el Convento de Santo Domingo o la antigua Cofradía de Pescadores de San Pedro.

Uno de los edificios más destacados es la Torre Turpin, una torre defensiva del siglo XVI convertida en casa medieval. Seguro que ves también los palacios de Oxangoiti, Uriarte y Abaroa, que muestran el pasado grandioso que ha tenido la localidad gracias a su puerto ballenero.
Puerto por el que es imposible no pasar. Al contrario que en el casco antiguo, se nota el paso del tiempo, lo que no quita para que sea uno de los puertos más bonitos. De ser ballenero a convertirse en uno de pequeñas embarcaciones y otras lanchas de recreo.
Lleno de bares y restaurantes, si te das la vuelta, la basílica de la Asunción de Nuestra Señora no te pierde de vista. Por el contrario, si miras al horizonte, verás la isla de San Nicolás, o de Garraitz, un islote deshabitado accesible a pie durante la bajamar.
Este pedacito de tierra tiene secretos como los de una antigua ermita, un convento o un sanatorio.

Después de sentarnos en una terraza, quisimos aprovechar el tiempo y llegamos andando al faro de Santa Catalina. Un paseíto de 30 minutos hasta el faro en el que se organizan visitas guiadas. Pero sin duda, lo que más se agradece en este punto es, simplemente, observar el mar.
Otros puntos de Lekeitio que merecen un vistazo son sus impresionantes playas (Isuntza, Karraspio y La Salvaje), ya sea para bañarse, en verano, o para disfrutar de las vistas. Si tienes más tiempo, no como nos pasó a nosotros, yo subiría al mirador de Lumentza. En uno de los montes que rodean la localidad, toca subir hasta lo más alto (unos 15 o 20 minutos andando) y obtener las mejores vistas inimaginables.
Os comparto la web oficial de Turismo de Lekeitio.
Bermeo, el pueblo que presume de puerto
Con todos mis respetos a Lekeitio, Bermeo tiene el puerto más bonito de toda Vizcaya. Y eso que, cuando estuve, no paró de llover en casi todo el tiempo que estuvimos.
Conseguimos aparcar el coche y, armados con paraguas, fuimos a la oficina de turismo y salimos con información a dar una vuelta por el casco histórico.
Bermeo fue fundada en 1236 y fue la población más importante del Señorío de Vizcaya, lo que supuso gozar de bastantes privilegios. Estaba amurallada, con siete puertas de entrada, de las que sólo ha quedado una tras el declive de la población, en favor de Bilbao. Esto no supuso impedimento para que el de Bermeo haya sido uno de los puertos más importantes y su economía está basada en la pesca y las conservas de pescado.

Pese a que nuestra visita por Bermeo fue pasada por agua y no pudimos disfrutarla como nos hubiese gustado, sí que nos llevamos una muy buena impresión.
El casco antiguo es uno de los más extensos y antiguos del País Vasco, de carácter medieval en el que el puerto es el absoluto protagonista. Como he comentado, era el más importante de la zona, gestionando un comercio internacional, uniendo Castilla con Inglaterra, Flandes y Francia.
Hoy en día, el que vemos es eminentemente deportivo. La mejor manera de disfrutarlo es recorriéndolo entero, hasta ponerte frente a las casas. La imagen es una maravilla, de las que se quedan guardadas en la retina. Por la tarde, después de comer y con la suerte de que había dejado de llover, caminamos hasta el final del espigón, sintiendo el viento en la cara enredando el pelo. Una de las mejores sensaciones del mundo.
La próxima vez que vaya a Bermeo, porque lo haré, visitaré todos aquellos lugares que quedaron pendientes. Si vas a ir y tienes la suerte de que el tiempo acompañe, no te pierdas lo siguiente:
- La torre Ercilla, el edificio más antiguo, convertido en el Museo del Pescador, en el que se muestran las prácticas y el estilo de vida marinero.
- De la antigua muralla medieval, sólo ha quedado la puerta de San Juan. Tiene este nombre porque desde aquí salía el camino que llevaba a San Juan de Gaztelugatxe.

- El Ayuntamiento y la iglesia de Santa María, en la plaza de Sabino Arana, con un kiosko de música en el centro. La iglesia es uno de los mejores ejemplos de neoclásico en Vizcaya, gracias a su frontón.
- La iglesia de Santa Eufemia, un lugar con mucha historia, donde los Señores de Vizcaya juraban los Fueros.
- El Convento e iglesia de San Francisco, el más antiguo de Vizcaya, mantiene otros usos tras las distintas desamortizaciones. El claustro gótico es el elemento más importante del conjunto y se puede visitar todos los días
- Subiría a la Atalaya, uno de los mejores miradores en Bermeo. Antiguo punto de avistamiento de ballenas y desde el que se pueden ver la isla de Izaro, la playa de Laga y el cabo Ogoño.
¡Qué ganas de volver a Bermeo!
Por cierto, Bermeo es una de las protagonistas de mi artículo en el que cuento que casi me quedo sin comer en esas vacaciones por el País Vasco y, en lo respectivo al tiempo, fue la excepción que confirma la regla como conté en A mí me habían dicho que llovía. Te dejo los dos artículos enlazados al final para que puedas volverlos a leer.
Para planificar la segunda visita a Bermeo, dejo la web oficial de Turismo.
San Juan de Gaztelugatxe, una ermita frente a la fuerza de las olas
La primera vez que oí hablar de San Juan de Gaztelugatxe fue hace más de 20 años, cuando una antigua amiga me contó que lo había visitado, gracias a un novio vasco que tenía por aquel entonces.
Una ermita enclavada en un islote en el mar, a la que se accede a través de un puente de piedras que cruza sobre las rocas y un tramo de 241 escaleras. Suena evocador y tuve claro que tenía que ir. Y fui. Aunque unos cuantos años más tarde.
La ermita que visitamos hoy no es la original, pero hay indicios que evidencian que, en el siglo IX, había una, que se transformó en convento tres siglos más tarde, siendo abandonado por los frailes llevándose todos los objetos de valor con ellos.

Ha sufrido distintos tipos de ataques, ya no sólo por el golpeo continuo de un mar Cantábrico enfurecido, sino también de piratas que buscaban tesoros. Se dice que, a finales del siglo XVI, Francis Drake la saqueó… ¡pues sí que debía ser importante!
Hasta hace pocos años, era un lugar más o menos conocido, sin embargo, desde que apareció en una de las temporadas de Juego de tronos en 2017 como Rocadragón, las visitas se dispararon.
En 2021, cuando fui, teníamos claro que la visitaríamos, no obstante, al intentar reservar para hacerlo, fue imposible porque estaban todas las horas de todos los días reservadas. Nos tuvimos que conformar con dejar el coche en uno de los parkings y ver la ermita desde los miradores que hay en el camino que va paralelo a la costa. No es lo mismo, pero se ve bastante bien y menos es nada.

Si te pasa lo mismo que a mí, recuerda que se pueden andar varios metros y San Juan de Gaztelugatxe se sigue viendo igual de bien, no hace falta quedarse al comienzo del camino. Si tienes la suerte de conseguir reservar, ponte calzado cómodo porque te espera una subida de 241 escalones y, cuando llegues al final, toca la campana tres veces, como manda la tradición, para pedir un deseo y ahuyentar los malos espíritus.
San Juan de Gaztelugatxe pertenece al municipio de Bermeo, pero es fácilmente accesible desde otros puntos.
Si quieres visitar San Juan de Gaztelugatxe, intenta conseguir entradas en la web oficial de Vizcaya.
Cabo Matxitxako, al norte del norte del País Vasco
A ver, para todos los que estudiamos EGB (en planes posteriores no estoy muy puesta) desempolvad el libro de geografía que vamos a repasar los cabos del Cantábrico. Desde Galicia hasta el País Vasco: Estaca de Bares, Ortegal, Peñas, Vidio, Ajo y Matxitxako (aunque en los libros de la época ponía Machichaco).
Estando tan cerca de un punto tan mítico, ¿cómo no nos íbamos a acercar?
El cabo forma parte del municipio de Bermeo, está a unos 14km de distancia. Desde este punto se tienen unas vistas increíbles de la costa y de San Juan de Gaztelugatxe y, en días claros, hasta la costa cántabra. Es el cabo situado más al norte del País Vasco.

La carretera es un tanto tortuosa, aun así, merece la pena llegar. Se conserva el faro antiguo, de 1852, más cerca del mar, que ya no funciona como tal; y el moderno, más grande. Es el faro en el que se jubiló el último farero tradicional de Vizcaya.
Pero la magia del lugar radica en los atardeceres ante la inmensidad del mar.
Mundaka, en busca de la ola izquierda
Situada en la margen izquierda de la desembocadura del río Mundaka, cada año no son pocos los surfistas que acuden a buscar la famosa ola izquierda.
Según la leyenda, un barco escocés en el que viajaba una princesa que había sido desterrada de su tierra. Para resguardarse de una tormenta, se adentraron en la bocana de Urdaibai y, cuando comprobaron que el agua aquí era cristalina, la llamaron munda aqua, agua limpia.
Un tiempo más tarde, la princesa escocesa dio a luz a un niño, que se terminó convirtiendo en Jaun Zuria, el señor blanco, legendario primer señor de Vizcaya.

Los orígenes de Mundaka son inciertos. La antiglesia de Mundaka aparece citada en la donación del Señorío de Vizcaya a monasterio de San Millán de la Cogolla, en 1051.
Mundaka es un pueblo pequeño, que se recorre cómodamente a pie. Una vez que dejamos el coche aparcado, nos dirigimos hacia el puerto, pasando antes por la plaza Lehendakari Agirre, donde se ubica el Ayuntamiento, un edificio neoclásico de 1895.
También llegamos a la Cruz del Calvario, una cruz renacentista, y en la misma plaza, la casa Simitur. Se trata de un edificio neoclásico con una fachada decorada con pinturas que representan una escena campestre, además del año de construcción, 1783.
Enseguida llegamos al puerto, más pequeño que los anteriores que hemos visto. El día soleado y el color rojo de los balcones y contraventanas de un edificio justo atrás, lo convierten en una delicia. Es un placer sentarse a observar y escuchar los sonidos de fondo.

El edificio más pequeño al lado es la biblioteca municipal, aunque ha tenido otros usos: lonja de pescadores, matadero y hospital para peregrinos y enfermos contagiosos.
Desde este punto se tienen unan vistas increíbles del casino, un edificio muy bonito y elegante, que se concibió como cofradía de pescadores. También se ve la iglesia de Santa María de la Asunción, del siglo XVI, de estilo gótico tardío, pero con portada renacentista y una torre del siglo XIX.
Muy cerca hay una pequeña playa que nos llamó mucho la atención. Se trata de la playa Laidatxu, con arena muy fina. Como la marea estaba baja, el pequeño arenal estaba cubierto de bañistas mientras que, en el agua, se practicaba el paddle surf.
Otro de los principales atractivos de Mundaka son los miradores. El de la Atalaya, cerca de la iglesia de Santa María, ofrece unas vistas al mar y a la ría que son difíciles de olvidar. También se puede caminar bordeando el litoral desde el puerto hasta la ermita de Santa Catalina.

El paseo es una gozada, cada poco te vas parando para disfrutar de las vistas. La ermita es del siglo XIX y ocupa el lugar de otra más antigua que se derrumbó. Rodeándola, se conservan los restos de un antiguo fortín que, aparte de ser fortaleza, sirvió como lugar de cuarentena para enfermos contagiosos.
Sin ninguna duda, el paseo hasta la ermita de Santa Catalina y la propia ermita se convirtieron en mi lugar favorito de Mundaka. Sentarse a disfrutar de las vistas sin prisas ni mirar el reloj es de lo mejor que se puede hacer.
Os comparto la web oficial de Turismo de Mundaka.
Getxo, Portugalete y el puente colgante Patrimonio de la Humanidad
El principal atractivo de Portugalete es el puente de Vizcaya. Se trata de un puente transbordador de peaje construido entre 1887 y 1893 para unir las dos márgenes de la ría del Nervión, ahorrando unos 20km en coche, siendo el primero de su tipología en el mundo y uno de los ocho que se conservan.
En 2006 de declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por tratarse de una de las más destacadas obras de arquitectura del hierro de la revolución industrial.
Se puede cruzar a pie por la pasarela o en el transbordador, que lleva a peatones y vehículos. Nosotros optamos por hacerlo en el transbordador, principalmente por la diferencia de precios y porque, de esta manera, no era necesario reservar entrada.

En Portugalete no paramos mucho más, sin embargo, en Getxo caminamos por el paseo marítimo. La zona entre las playas de Areeta y Ereaga, el puerto deportivo y el viejo ha sido declarada Conjunto Monumental. A nuestro paso salían casas señoriales y palacetes del siglo XIX y comienzos del XX.
Aunque no soy de recomendar sitios (quién quiera o necesite una recomendación, que me escriba por privado), en Getxo comimos en Jai Alai, un bar de pintxos que nos pareció excepcional por variedad, tamaño y precio. ¡Estamos deseando volver!
Nosotros no disponíamos de mucho más tiempo, pero si tú lo tienes, te recomiendo leer este artículo de Lápiz Nómada con todo lo que no te puedes perder en la localidad vizcaína.
Como seguro que queréis cruzar de una orilla a otra y saber más de este puente, os comparto su web oficial, donde se pueden comprar las entradas para la pasarela.
Notas finales sobre el recorrido por Vizcaya
Hasta aquí, nuestro periplo por la provincia de Vizcaya, en un viaje del que dejo enlazadas abajo el resto de entradas publicadas.
Sé que hay muchos sitios más que se pueden visitar, pero tener que elegir por falta de tiempo es lo que tiene. Nosotros dedicamos dos semanas, una para Guipúzcoa y otra para Vizcaya, incluyendo un día en Vitoria y, en el caso de haber tenido más tiempo o, para una segunda visita, incluiría estos sitios:
- el Bosque de Oma, una de las obras más conocidas de Joaquín Ibarrola y que no se puede contar, hay que verlo. Nosotros no pudimos visitarlo porque se encontrada clausurado por el COVID.
- la cueva de Santimamiñe, con pinturas y grabados rupestres
- la reserva de Urdaibai, en lugar de pasar sin apenas detenernos, dedicaría unos días, no solo a recorrerla de pueblo en pueblo, sino a disfrutar de la naturaleza en alguna ruta senderista
- el monasterio de Zenarruza, de la Orden Cistercense de la Estrecha Observancia y Patrimonio de la Humanidad asociado al camino francés y caminos del Norde España del Camino de Santiago
- el pueblo de Elantxobe, porque, cuando ves una foto desde lo alto de un mirador, sabes que tienes que ir
- el castillo de Butrón, una fortaleza neogótica, construida en el siglo XIX que, como poco, impresiona, aunque no se puede visitar por ser propiedad privada
Entre otros muchos. Después de esto, me surge una última duda: ¿cuándo volvemos?
Para más ideas, información y datos prácticos, os comparto la web de Turismo de Vizcaya y la del País Vasco.
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