Este mes me gustaría hablar de una serie a la que tengo mucho cariño, The trip (Michael Winterbotton, 2010).

Hace más años de los que me gusta reconocer, en clase de inglés, Mick, el profesor que teníamos, nos puso un par de capítulos. En ellos, se presentaba a los personajes y se iniciaba la trama.
Los protagonistas, Steve Coogan y Rob Brydon hacen de ellos mismos, pero en una situación totalmente inventada y con unos problemas que son ficticios. Steve recibe el encargo de The Observer (un semanario británico) de hacer una ruta gastronómica por el norte del país.
Desplazándose en su propio coche y durmiendo en unos B&B de ensueño, tiene que escribir una crónica sobre el recorrido, así como una reseña de los distintos alojamientos y restaurantes, junto con el menú degustado.
La idea es hacerlo con su pareja, sin embargo, al no pasar por su mejor momento, decide hacerlo con su amigo Rob, que no duda en acompañarle.

Partiendo de este punto, tenemos la excusa perfecta para un pequeño road trip de dos viejos amigos, por una parte de Inglaterra que es una gran desconocida para los turistas españoles, disfrutando de buenos hoteles y mejor comida y todo regado con bromas, risas e imitaciones de distintos actores.
Sólo pude ver dos capítulos, lo suficiente para que me marcaran y quisiera ver el resto. Por aquella época, no existía nada remotamente similar a Netflix y, por más que busqué para verlos en streaming o descargar los que me faltaban, no encontré nada.
Aunque no era consuelo, me quedaba con el buen recuerdo. Hasta que me di de alta en Filmin (para los que no la conozcáis, es una plataforma española de cine y de series) y se obró el milagro: tenían The trip en su catálogo. ¡Toma ya!
Road trips culinarios
Me senté y vi la serie entera en dos sentadas. Un auténtico placer. Ahora, con el folio en blanco delante de mí, rellenándolo poco a poco sobre una serie que me inspira para viajar, puedo ver ciertos paralelismos con otra miniserie de la que ya hablé hace un tiempo, Foodie love.
La temática y el punto de partida son completamente distintos, pero sí que tienen algo en común: el deleite culinario. Ya he comentado en más de una ocasión que no me considero una sibarita ni veo el placer en la comida, lo que no quita para que me pregunte cómo sería una escapada de turismo gastronómico.

Una buena respuesta a esta pregunta la tenemos con la serie de la que hablo este mes. Lo primero en lo que me fijo son los paisajes. Páramos, niebla, carreteras de un solo carril campo a través, típicas casas solariegas británicas, pubs con nombres llamativos, The swan and the horse, Red lion o Royal oak que nos invitan a entrar y pedir una pinta.
Road trips por Inglaterra
Viajar por Inglaterra me llama mucho la atención, aunque, al final, no deja de ser otro país europeo, los mismos escenarios con distintos nombres, la pérdida de la sorpresa y del asombro. O quizás no.
En España, la idea que tenemos de turismo por Inglaterra es Londres, seguido de Liverpool, Bath y los Cotswolds y Stonehenge. Y poco más.
Si buceas por internet, no es complicado encontrar blogs o artículos en los que se hablan de otras zonas, otros lugares que están por descubrir pero que no terminan de llegar. ¿Por qué? No tengo respuesta.
Veo cine inglés desde hace muchos años y creo que esos escenarios, los nombres de otras ciudades y destinos, se me han quedado guardados en la retina. Me suena realmente apasionante recorrer York, Northumberland o el Distrito de los Lagos.
Atravesar distintos caminos y carreteras, dejar atrás un árbol, y otro, verlo todo verde, sin montañas y llegar a tu destino. Salir corriendo del coche y entrar en el B&B buscando el calor de la chimenea. Transitar por caminos desconocidos, no cruzarte con nadie, que los camareros te pregunten qué es lo que haces por allí.
Muy parecido a lo que vemos en The trip.

¿Estoy soñando despierta o un viaje por la Inglaterra más desconocida no sería muy diferente a esto?
Por desgracia, los días de vacaciones son limitados y, al final, se trata de elegir. Ahora mismo, el irme lejos, a otros continentes, ver culturas tan diferentes a la mía, me llama mucho más la atención que Europa, por muy atrayente que sea.
En cierto modo, para ese tipo de recorrido ya está Semana Santa o alguno de los puentes. Pienso que puede ser algo que haga dentro de muchos años, cuando no tenga tantas fuerzas como para meterme dentro de un avión unas 20 horas, más escalas y cargando con una mochila.
A lo mejor, puede ser también que no se ha presentado la ocasión de hacerlos, aunque reconozco que tampoco la he buscado. Eso sí, el plan permanece intacto. Lo haré.
Alojamientos de lujo en Inglaterra
Volviendo a nuestra serie, además de los paisajes inspiradores y románticos, entramos en establecimientos de primer nivel, lo que también hace soñar con, al menos, una noche en un sitio así.
Mi presupuesto para vacaciones no es ilimitado por lo que, cuando toca recortar en algo, el alojamiento aparece en el primer punto de la lista. Prefiero estar dos días más en un hotel más barato (o no tan precioso) antes que los días justos en uno de primera categoría. Mala suerte, recursos finitos en una vida llena de infinitas tomas de decisiones.
La verdad es que no valoro más un viaje por tener la oportunidad de dormir en lugares así. Al final, si tengo cama y ducha, no necesito mucho más.

En mis periplos por el mundo, me he encontrado los dos extremos: desde los resorts de lujo en Sri Lanka que, desde luego eran una pasada, no obstante, hubiese preferido alojarme más modestamente y que el precio final fuese más barato, tal y como transmití a la agencia a la vuelta a Madrid; hasta los campamentos de gers en Mongolia, donde al final, era como ir de camping.
Después de haber ido de forma voluntaria a este destino, los lujos, para mí, son secundarios.
Aunque a nadie amarga un dulce…
Gastronomía en Inglaterra
Para terminar el trío ganador, añadimos la alta cocina. Creo que Inglaterra no es conocida por su cocina, sino todo lo contrario. Cuando vas, te hartas de comer pizza, tallarines, arroz, hamburguesa y pollo tandoori. Una y otra vez. ¿O te hartabas?
En el verano de 2022 hicimos un recorrido en coche por Escocia y puedo afirmar que la gastronomía fue toda una sorpresa en positivo. De hecho, comimos muy bien. Pese a no ser una gourmet, aún saboreo el pastel de salmón que comí cerca de Eilean Donan, el restaurante de la isla de Skye o el bar de tapas con estrella Michelín en Glasgow. ¿Habrán cambiado las cosas en las islas británicas?
Sólo hay una manera de saberlo. Bueno, en realidad, hay varias, la otra es informarse, pero mola más si lo vas a comprobar tú mismo in situ.

Así que, haciendo una recopilación, tenemos un viaje en coche, por una zona del Norte de Inglaterra en la que se saborea la soledad y la buena comida y, además, duermes en hoteles de lujo. Y, por si no fuera poco, ¡vas con todos los gastos pagados!
No sé a vosotros, a mí me resulta muy inspirador… aunque me temo que me lo tendría que pagar yo.
El listado de sitios que aparecen en la serie es fácil de encontrar en internet, os lo comparto por si a alguien le inspira lo suficiente como para querer coger un avión lo antes posible. O porque soñar es gratis… Y, como en meses anteriores, os comparto también el vínculo de la serie en Filmaffinity.
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