Recorrido por Ávila, la ciudad que mira desde lo alto

Pese a que Ávila está cerca de Madrid, al contrario de lo que me pasa con Segovia o Toledo, tan solo la he visitado en dos ocasiones. La primera, hace ya más de diez años; la última, hace poco, en una escapada de puente del 2 de mayo en el que la falta de días no daba para irse mucho más lejos.

Ávila se ve perfectamente en un día, se puede ir y volver desde Madrid sin problemas (o desde Segovia), así que esa mañana nos subimos al tren que sale en Príncipe Pío y, en hora y media, estábamos llegando a la capital castellana.

Antes de contar todo lo que vimos, voy a hacer una pequeña introducción histórica para saber algo más de ella.

Brevísima historia de Ávila

Aunque se han encontrado restos funerarios del Neolítico, la fecha de su fundación es difusa: hay historiadores que apuntan a la segunda mitad del siglo I a.C. y otros que opinan que fue fundada por los romanos, que le darían el nombre de Abila, Obila, Abyla o Abela.

La ciudad romana estaría en lo que hoy es el centro histórico acotado por las murallas. Hasta nuestros días han llegado el puente romano, la calzada y algunos mosaicos, además de una necrópolis, situada en la zona este. En el tramo de muralla de la zona se puede ver piezas funerarias reutilizadas como materiales de construcción.

La escultura de Santa Teresa de Jesús

Durante la época visigoda, Ávila tuvo importancia desde un punto de vista religioso, ya que fue sede episcopal. Del periodo musulmán, tenemos muy pocos datos: se llamaba Ābila y fue desmantelada en el año 714, lo que hace suponer que estaba amurallada, además de ser un importante enclave estratégico, deseada por cristianos y musulmanes.

A finales del siglo XI se comenzó a repoblar, junto con Salamanca y Segovia, con el fin de proteger Toledo. Cuando ésta se conquistó, se reconstruyó Ávila, las murallas y el Templo del Salvador.

Fue una de las diecisiete ciudades de la Corona de Castilla con derecho a voto en Cortes, además, en esta época, albergó una comunidad judía, que llegó a ser de las más numerosas en el Reino, por lo que se sabe de la existencia de varias sinagogas.

Durante el reinado de los Reyes Católicos, así como los de sus descendientes, Ávila renació. Por desgracia, la situación cambió desde finales del siglo XVI, cuando experimentó una fuerte decadencia y despoblación, explicada también por una epidemia de peste en 1599 y la expulsión de los moriscos en 1609.

La Puerta del Carmen

Esta decadencia continuó hasta el siglo XIX, hasta que la construcción de la línea de ferrocarril Madrid- Irún con parada en Ávila consiguió que la población se incrementase.

En la actualidad, tiene una población de 59 mil habitantes, su centro histórico es Patrimonio de la Humanidad desde 1985 y, como curiosidad, es la capital de provincia más alta de España, situándose a 1131 msnm, con nevadas en invierno muy frecuentes.

Y mientras que leemos todo esto, hemos llegado en un momento (bueno, un momento un tanto largo) a la estación de trenes. Desde aquí, tan sólo son 10 minutos andando al centro histórico. Caminando, llegamos hasta la famosa muralla de Ávila, concretamente, hasta la puerta de San Vicente, muy cerca de donde se ubica la oficina de turismo, donde entramos para pedir información.

Sin embargo, antes de entrar en el centro histórico, hicimos una parada previa para visitar el interior de la impresionante basílica de San Vicente, justo al lado de donde estábamos.

Basílica de San Vicente

La basílica de los Santos Hermanos Mártires, Vicente, Sabina y Cristeta, más conocida como la basílica de San Vicente es el segundo mayor templo románico del país, por detrás de la catedral del Salvador, en la misma ciudad.

Según la leyenda, el templo toma su nombre de los tres hermanos que fueron martirizados en el años 306 durante la persecución de Diocleciano por negarse a firmar un documento en el que reconocían haber ofrecido sacrificios a los dioses romanos. Se dice que sus cuerpos fueron depositados en un hueco en la roca, donde más tarde se edificó la basílica.

La basílica de San Vicente de Ávila vista desde la muralla

Se comenzó a construir hacia el 1130, aunque no se terminó hasta principios del siglo XIV. Cuando entramos, el interior me pareció impresionante, no sólo por la belleza, que también, sino por las dimensiones, desde luego, no son las de una iglesia románica “típica”, como las que hemos podido visitar en Zamora o Segovia.

El elemento más llamativo de la basílica de San Vicente es el cenotafio de los santos Vicente, Sabina y Cristeta. Estamos ante una de las mejores esculturas románicas de nuestro país, hecha en piedra policromada y en un estado de conservación inmejorable. Tiene forma de arca, con un tejado de dos aguas decorado con escamas. Los relieves que decoran la obra muestran la historia de los Reyes Magos y del martirio de los santos.

Lo que no contiene en el interior son los restos de los tres santos, sino que se conservan en urnas situadas en el altar mayor.

El cenotafio de los santos Vicente, Sabina y Cristeta

Con un dulce sabor de boca salimos de la basílica y, ahora sí, cruzamos por la puerta de San Vicente y nos vamos a explorar Ávila.

Para más información de la basílica de San Vicente, te comparto su web oficial.

La muralla de Ávila

La muralla se trata de una cerca militar románica que rodea completamente el casco histórico de Ávila, convirtiéndolo en uno de los recintos amurallados medievales mejor conservados de Europa.

Vamos allá con unos cuantos datos que impresionan: tiene un perímetro de 2515 metros, está formada por 2500 almenas, 87 cubos o torreones y dispone de 9 puertas. Los muros tienen un grosor de 3 metros y una altura de doce.

En la época romana ya existía una muralla, sin embargo, la que vemos data de la segunda mitad del siglo XII. En su construcción, se reutilizaron materiales de la necrópolis romana, de distintas construcciones civiles y de las antiguas murallas previas.

La muralla y la catedral de Ávila

Las nueve puertas son: la del Alcázar, de San Vicente, el Arco del Mariscal, el Arco del Carmen, la de la Mala Dicha, de la Santa, del Rastro y del Puente. Todas son importantes, no obstante, las dos más notables debido a sus defensas son la del Alcázar y la de San Vicente.

En la Puerta del Alcázar tuvo lugar el destronamiento figurado del rey Enrique IV de Castilla, en el episodio conocido como la Farsa de Ávila. Además, es la más solemne de toda la muralla. Está formada por dos torreones unidos por un puente, lo que refuerza la defensa del acceso.

La Puerta de San Vicente resulta similar a la del Alcázar y está ubicada sobre la muralla romana. Por aquí iniciamos nuestra incursión, aunque estuvimos entrando y saliendo varias veces a lo largo del día por distintas puertas.

Me gustaría mencionar también la Puerta de la Mala Dicha, popularmente conocida como Arco de los Gitanos, ya que suponía la entrada y salida al barrio judío, como veremos más adelante. Pasa más desapercibida, es más pequeña y, si te acercas por aquí, lo más probable es que estés solo.

La Puerta del Alcázar

La muralla se puede recorrer, prácticamente completa, por su parte superior, gracias a que algunos tramos están integrados en distintos recintos, algunos de ellos privados. Por el exterior, sí que es posible circunvalarla entera, en un paseo de casi 3 km.

Nosotros subimos por el acceso en la Puerta del Alcázar, donde tuvimos asientos de primera fila para un desfile de gigantes y cabezudos. Después, continuamos andando, dirigiéndonos hacia la Puerta del Carmen. Mientras que la lluvia nos lo permitió, nos paramos a hacer fotos, observar las vistas y los tejados, así como la catedral. Porque sí, me temo que la lluvia se apuntó al plan y hubo momentos en los que caía con bastante fuerza.

Nosotros llegamos hasta la Puerta del Carmen, una de las más reconocibles por la espadaña de ladrillo de un antiguo convento carmelita, que pasó a ser Cárcel Provincial y, siglos más tarde, el actual Archivo Histórico Provincial.

Si quieres más información y datos prácticos de la muralla de Ávila, te comparto su web oficial.

La catedral de Ávila

Desde la Puerta del Carmen, pusimos rumbo hacia la catedral, aunque no llevamos un pequeño chasco. O un gran chasco, mejor dicho.

Resulta que el 2 de mayo es la festividad de San Segundo, patrón de la ciudad y, en su honor, se estaba dando una misa en la catedral. Durante la misa no se podía entrar, algo que me parece del todo lógico. Al terminar, tampoco se podía porque preparaban la procesión del santo y se cerraba el templo. Lo que no dijeron es que no se recuperaba el horario habitual, tal y como aparecía en la web, sino que en algún momento de la tarde, pusieron un folio en la puerta para el que se quisiera enterar.

La catedral de Ávila

Nosotros que habíamos decidido dejar la visita para después de comer, nos quedamos en la puerta compuestos y sin catedral, ya que no permitían acceder a nadie. Por cierto, muchas gracias por poner este tipo de información en la web o advertirlo en la oficina de turismo, a la que fuimos y que seguro que conocían. Supongo que un folio en la parte exterior de una puerta abierta es mucho más efectivo.

En fin, no dejemos que este hecho que, por cierto, nos puso de bastante mala leche, nos enturbie el día y, vamos a hablar de la catedral de Ávila, a la que seguro, tengo ocasión de volver.

Catedral de Ávila

La catedral del Salvador es del siglo XII y mezcla estilos románico y gótico, aunque está considerada la primera catedral gótica de España.

La puerta occidental, por donde hubiésemos entrado, está compuesta por un arco de medio punto decorado con medallones y motivos florales, además, de un tímpano que representa el martirio de San Segundo. De todas formas, lo que más llama la atención son las dos esculturas a ambos lados de la entrada. Son conocidas como Gog y Magog y procuran que los visitantes mantengamos una conducta devota en el interior.

Gog (o Magog) nos da la bienvenida a la entrada a la catedral de Ávila

El interior tiene influencias francesas y guarda cierto parecido con la basílica de Saint- Denis. El retablo del altar mayor es de Pedro Berruguete y está considerado una de las obras maestras de la pintura abulense.

El coro es de estilo renacentista y, en los respaldos de la primera fila, se pueden ver, en medio relieve, las vidas de algunos santos, mientras que en los de la segunda fila, vemos genios y figuras monstruosas.

Dentro de la torre, se conserva la casa del campanero. Es una casa muy sencilla, de varias estancias y que se conserva tal y como la dejaron los últimos campaneros, hasta la década de los 50.

Antes de visitar la catedral de Ávila, consulta su web oficial (y la puerta de entrada, por si hay algún folio avisando de cambios en los horarios).

La judería de Ávila

Al igual que en otras ciudades medievales, en Ávila convivieron cristianos, musulmanes y judíos. Pese a que hay mucha documentación relativa a la que fue una de las mayores comunidades judías de la época, se conservan pocos restos arqueológicos.

Lo que sí sabemos es que la judería se ubicaba entre el Mercado Grande y el Chico, que sus comercios estaban entre las calle Don Gerónimo, Alemania y Reyes Católicos y la ubicación de las distintas sinagogas.

La Puerta de la Mala Dicha, por sonde salieron los judíos al ser expulsados

En la calle Reyes Católicos, en la actual capilla de las Nieves, estaba la sinagoga de Belforad y, en la plaza del Pocillo, se conserva el arco apuntado de la antigua sinagoga de Don Samuel. Llegamos hasta la Puerta de la Mala Dicha, o de la Malaventura, quizás una de las puertas más pequeñas y que más desapercibida pasa de la muralla pero con un importante peso histórico. Primero, porque fue en esta zona donde fueron confinados y, segundo, porque fue por esta puerta por donde salieron para abandonar la ciudad tras el decreto de expulsión de los Reyes Católicos.

En las inmediaciones, se puede visitar el Jardín de Moshé de León, autor del Zohar o Libro del Esplendor, donde hay una placa con unas líneas de la obra. Es un sitio bastante solitario y silencioso, que invita a la reflexión. Cuando nosotros pasamos por allí, al contrario que en otras zonas, éramos los únicos que disfrutaban de este lugar histórico.

La judería de Ávila pertenece a la Red de Juderías de España, Caminos de Sefarad. Te comparto su web oficial con más información sobre lo que esta ciudad nos ofrece.

Plaza del Mercado Chico

En pleno centro, la plaza del Mercado Chico es una por las que pasamos en varias ocasiones. Tiene soportales en tres de sus laterales y está presidida por el Ayuntamiento y por la iglesia de San Juan Bautista.

Como es fácil de adivinar, los bajos comerciales son, principalmente, locales de hostelería con terraza. No os voy a engañar, o llegas pronto o te va a tocar esperar. La verdad es que Javi y yo tuvimos bastante suerte porque donde queríamos entrar no era un restaurante, sino un bar de bebida y tapa, así que, tras 5 minutos, nos conseguimos hacer un huequecillo en una mesa alta.

La Plaza del Mercado Chico de Ávila

Me sorprendió que pudimos tapear en distintos sitios, a precios normales, en bares donde se notaba que la mayoría eran gente de allí, sobre todo en cuenta que estamos en el centro histórico de una ciudad. Creo que Madrid se ha maleado bastante…

Palacios señoriales de Ávila

Ávila puede presumir de muchas cosas: la muralla, el pasado histórico, de haber acogido la mayor judería de Castilla… y de los palacios señoriales en el recinto intramuros.

Nosotros no llevábamos un listado exhaustivo sobre el que ir poniendo el check de visto, porque no tiene sentido y porque nuestros propios pasos al callejear nos llevaron hacia ellos. De todos los que vimos, el Palacio de los Deanes fue el primero, según nos diríamos de la estación hasta el centro. Es un edificio del siglo XVI, de estilo plateresco y que acoge el Museo Provincial de Ávila.

El Palacio de los Velada se ubica muy cercano a la catedral y, aunque no vayas buscándolo, lo vas a ver. Este palacio renacentista destaca por su torre, adornada con escudos en las esquinas. En la actualidad, funciona como hotel y no tengo claro si se puede entrar a echar un vistazo.

La torre del Palacio de los Velada

El Palacio de los Dávila, o de los Abrantes, nos llamó la atención porque, más que un palacio, parece parte de la muralla con una puerta minúscula. Y no anda muy desencaminado: formó parte del segundo cinturón defensivo que fueron los palacios intramuros. Es el más antiguo de los que hemos visto hasta el momento, ya que se construyó en el siglo XIII y es del mismo material de la muralla. Con el tiempo, se fueron añadiendo distintos elementos: la segunda puerta en la fachada occidental, las dos puertas en arco de medio punto de gran dovelaje (imposible no fijarse en el relieve de dos salvajes encadenados franqueados por caballeros con sendas trompetas) o la ventana renacentista enmarcada por columnillas y rematada por el escudo de los Dávila.

Esta ventana tiene una historia y es que, a mediados del siglo XVI las puertas de la muralla se cerraban por la noche. Para burlar la prohibición, se abrió una puerta en la muralla, que no tenía autorización y, cuando se ordenó su cierre, Pedro Dávila mandó abrir esta venta en la que puede leerse “Donde una puerta se cierra, otra se abre”.

Puerta principal del Palacio de los Dávila

El torreón de los Guzmanes fue construido en 1513 y destaca la torre cuadrangular. Formaba parte de la defensa militar medieval, pero con la peculiaridad de que también tuvo un uso residencial y político. Dada su posición estratégica, se tenía muy buena visibilidad de una zona muy amplia, controlando entradas y salidas de la ciudad. Es la sede de la Diputación Provincial de Ávila, así como de una sala de exposiciones. Si puedes entrar, no hay que perderse el patio porticado de doble galería, que queda sostenido por doce columnas de orden toscano dórico.

Justo al lado, vimos el Palacio de Superunda. De estilo renacentista y uno de los más sobrios de toda Ávila, lo que no quita que sea uno de los mejor conservados. Fue comprado en el siglo XX por el pintor italiano Guido Caprotti, funcionando como museo de la obra del artista.

De camino a la judería, fue inevitable que nos fijásemos en el Palacio de Polentinos. Data del siglo XVI y la portada es de una riqueza decorativa que la convierte en una de las más importantes de la ciudad. El interior es visitable y alberga el Archivo General Militar de Ávila, por lo que, si decides entrar, no te pierdas el artesonado de la sala de homenajes.

La impresionante fachada del Palacio de Polentinos

Terminamos nuestro recorrido palaciego en el Palacio de los Verdugo. Se construyó en 1531 gracias al auge de la industria textil lanar, así como por la función de conventos e iglesias. En circunstancias normales, seguro que no nos hubiésemos fijado en la austera fachada principal, de estilo plateresco y con un marcado carácter defensivo, pero a la izquierda de la puerta se puede ver un verraco de piedra de la época vetónica, muy similar a los toros de Guisando.

Basílica y casa natal de Santa Teresa de Jesús

Muy cerca del Torreón de los Guzmanes y antes de llegar a la Puerta de la Mala Ventura llegamos a una plaza bastante amplia, bueno, todo lo amplia que puede ser una plaza en el centro histórico de Ávila. Es la plaza de Santa Ana y acoge edificios históricos de importancia.

El Palacio de Núñez Vela, del siglo XVI y propiedad del primer virrey de Perú, Blasco Núñez Vela, siendo sede de la Audiencia Provincial. En cualquier caso, el principal edificio de la plaza es la basílica y la casa natal de Santa Teresa de Jesús. El edificio es del siglo XVII y se cree que se construyó en el punto exacto en el que estaba la casa nata de Santa Teresa. La fachada se erigió a modo de retablo, destacando la imagen de la Santa en mármol y algunos escudos.

Basílica de Santa Teresa

Nosotros entramos, pero nos quedamos en la puerta, ya que estaban dando misa, aunque de manera rápida y casi furtiva, llegamos a ver el altar mayor. En el caso de haber podido deambular sin problemas, hubiésemos visto también las distintas capillas, la Sala de Reliquias y el Museo de Santa Teresa.

Por cierto, si al llegar al final de la calle, por donde queda la entrada del Museo de Santa Teresa, a la izquierda, en la calle Santo Domingo, hay una puerta solitaria, como si a alguien se le hubiese caído y se hubiese quedado ahí. Es la portada del antiguo hospital de Santa Escolástica, lo único que queda de un convento del siglo XV y que se convirtió en un hospital para niños abandonados.

Para visitar la basílica y la casa natal de Santa Teresa, consulta antes sus webs oficiales.

Las iglesias más bonitas de Ávila

Además de la catedral o la basílica de San Vicente, creo que hay otras iglesias en Ávila que merecen la pena la parada y que saldrán a tu paso, como lo hicieron al nuestro.

La ermita San Esteban es del siglo XII y tiene el honor de ser la única iglesia románica intramuros. Destaca por el ábside, muy marcado y con decoración influenciada por el románico cántabro. Nosotros nos la encontramos cerrada porque sólo se puede visitar en los momentos anteriores o posteriores a las misas.

La iglesia de San Ignacio de Loyola resulta imponente. Es uno de los inmuebles que pertenecen al conjunto palaciego de los Dávila y que están adosados a la muralla. Una de las fachadas, la torre defensiva y las ventanas geminadas son una muestra de su origen civil. Aquí se instalaron los jesuitas y adaptaron los edificios adquiridos hasta que, con la expulsión de la Compañía de Jesús, se convirtió en Palacio Episcopal.

La iglesia de San Ignacio de Loyola, adosada a la muralla de Ávila

Saliendo del recinto intramuros por la puerta del Alcázar, vimos la plaza del Mercado Grande y, presidiendo la plaza, la iglesia románica de San Pedro. Es un punto de peso histórico ya que, en su atrio los monarcas juraron respetar los fueros de Castilla.

Se construyó entre los siglos XII y XIII y con algunas similitudes a la de San Vicente, que data de las mismas fechas. La fachada es de forma piramidal y tiene un gran rosetón, lo que la hace muy peculiar.

El mirador de los Cuatro Postes

En mi anterior visita, no había oído hablar de este mirador, por lo que no lo visité y no puedo saber si este sitio era conocido por aquel entonces o no.

Al planificar esta visita y leer distintos artículos, todos coincidían en gran parte de lo que acabo de mencionar, añadiendo uno que no conocía: el mirador de los Cuatro Postes, que entró de manera automática en el listado de los lugares de Ávila que íbamos a ver.

En la orilla izquierda del río Adaja, se encuentra el humilladero de los Cuatro Postes. Es una estructura formada por cuatro columnas dóricas unidas por arquitrabes y, en el centro, una cruz.

La ciudad antigua de Ávila vista desde el mirador de los Cuatro Postes

Pero no creo que mucha gente venga hasta aquí por el placer de andar y cruzar el río por el puente, para rezar o para ver el monumento, sino que, principal y esencialmente, se viene para divisar las vistas de Ávila.

Prepara la cámara en modo gran angular porque se tiene toda la panorámica de la ciudad amurallada y confirmo que es alucinante. Los mejores momentos para verlo es por la tarde, con el sol dorando la muralla o por la noche, cuando queda iluminada.

Fue uno de los últimos sitios que vimos, así que nos volvimos con un buen sabor de boca, que no dudamos en complementar con unas yemas de La Flor de Castilla, una de las confiterías más famosas de la ciudad.

Por cierto, antes de entrar (o al salir) para un momento y observa la fachada: el modernismo llega a todas partes, incluida a la austera y castellana Ávila.

Sobre todos estos lugares y muchos más, existe información detallada en la web oficial de Turismo de Ávila.

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