Nara, mucho más que templos y ciervos: una joya en Japón

No puedo afirmar categóricamente que Nara sea la ciudad más bonita de Japón. Kioto y Nikko son muy serias rivales, y eso sólo de las que conozco yo. Pero si no podemos decir que Nara es la ciudad más bonita de Japón, sí que podemos decir que está en los primeros puestos.

Nosotros visitamos Nara desde Osaka, ya que queda a menos de 40 km de distancia al oeste, tardando en torno a los 50 minutos en tren. También se puede visitar desde Kioto, con unas distancias y tiempos muy similares a las de Osaka.

Antes de desgranar los numerosos encantos de este lugar Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, vamos a aprender algo más sobre ella.

Brevísima historia de Nara

La primera ciudad imperial de Japón, capital entre los años 710 y 784 y una de las que mejor conserva el espíritu medieval. Puedes visitar templos hasta decir basta que, además, se hallan en un excelente estado de conservación, encontrándose los más notables en el Parque de Nara donde, además, se pueden ver unos 1500 ciervos sika, animales sagrados, considerados los mensajeros de los dioses.

La antigua Heijō-kyō se llenó de templos en los años en lo que fue capital. Templos que se siguen considerando de los más importantes, como Tōdai- ji. Se construyó según el modelo chino de Chang- an: diseño en cuadrícula, dos mitades simétricas y edificios similares a los de que arquitectura china.

El santuario Kasuga Taisha, uno de los lugares más sagrados de Japón
El santuario Kasuga Taisha, uno de los lugares más sagrados de Japón

Se cree que en los años finales en los que fue capital, tenía en torno a 200.000 habitantes, pese a que se vio afectada por dos epidemias de viruela que redujeron la población entre un 25% y un 35%.

Con el traslado de la capitalidad a Kioto, pasó a un segundo plano, no obstante, los templos y la espectacularidad permanecen, siendo designada Patrimonio de la Humanidad en 1998.

Los ciervos de Nara

Aunque los ciervos se mueven a su antojo por todas partes, donde más se ven es en el Parque de Nara. Echados a la sombra, dejándose fotografiar por todos los turistas, aceptando la comida que se les da, persiguiendo a turistas olisqueando bolsillos o bolsos (es lo que tiene haberles dado comida) o, simplemente, campando a sus anchas como si el resto del mundo no fuese con ellos.

Según la tradición sintoísta, los ciervos se consideraban sagrados debido a la visita de Takemikazuchi, dios del trueno, que apareció en el monte Mikasa a lomos de un ciervo blanco. Durante muchos años, y hasta 1637, matar a un ciervo era considerado una ofensa y se castigaba incluso con la muerte.

Un ciervo sika delante de la Puerta Nandaimon del templo Todai- ji, en Nara
Un ciervo sika delante de la Puerta Nandaimon del templo Todai- ji

Tras la II Guerra Mundial, se les retiró de manera oficial el estatus de animal sagrado y divino, sin embargo, se les empezó a considerar tesoro nacional, por lo que son tratados y protegidos como tales.

Esta protección incluye que se les pueda tocar o comprar unas galletas que venden para dárselas de comer. Y no son pocos los que lo hacen, la verdad. No pretendo dar lecciones a nadie, pero no me gusta la interacción con animales, sobre todo si son salvajes o semi salvajes. Me gusta más que vayan a su bola y se comporten como animales en “libertad” y, menos aún, se me ocurriría tocarlos, por eso de las garrapatas o enfermedades, pero tú mismo.

Por cierto, los ciervos están muy bien educados y si les saludas inclinando la cabeza ¡devuelven el gesto!

Complejo budista Kofuku- ji

Desde que salimos de la estación de Nara, en nuestro camino hacia Todai- ji, hicimos una parada para visitar el complejo budista Kofuku- ji.

Aparte de ser Patrimonio de la Humanidad, Kofuku- ji formó parte de Nanto Shichi Daiji, es decir, los siete templos más importantes de Nara.

Nan'en-dō (Salón Octogonal Sur), en Nara
El Salón Octogonal Sur en el complejo Kōfuku-ji

Se construyó en el año 669, por orden de Kagami-no-Ōkimi, deseosa de que su marido se recuperara de una enfermedad. Su ubicación inicial estaba en Yamashina (actual Kioto), siendo trasladado en el año 672 a Fujiwara- kyo y, en el 710, a Nara.

Kofuku- ji está formado por distintos edificios:

  • Salón Dorado del Este
  • Salón Dorado Central
  • Dos pagodas, una de tres pisos y otra de cinco
  • Salón Octogonal Norte
  • Salón Octogonal Sur
  • Casa de Baño

Nosotros compramos la entrada a todo el complejo, que incluía las visitas al Salón Octogonal Sur, el Salón Dorado Central y el Salón Dorado del Este. La mala suerte hizo que la magnífica pagoda de cinco pisos estuviera tapada por una carpa debido a obras de conservación. Mala suerte, porque es la segunda más alta del país con 50 m de altura y se ve desde buena parte de la ciudad.

El Salón Dorado Central en el Kofuku- ji

Respecto al Salón Octogonal Sur, el que vemos hoy data de 1789 y es la cuarta versión del mismo edificio, siendo el original del año 813. En su interior, al que no se puede acceder, se guardan estatuas sagradas y tesoros nacionales, además es la parada número 9 de la peregrinación de los 33 templos de Saigoku.

El Salón Dorado Central domina el espacio. Líneas extremadamente sobrias, un patio enorme y consigue que tus ojos se posen y cueste retirar la mirada.

Quedó asolado por un incendio hace 300 años, recuperando, por fin, su tamaño original en la última reconstrucción, que se llevó a cabo en 2018. En este caso, sí que se puede entrar, donde se puede admirar una colección de estatuas e iconos budistas.

El último lugar al que entramos fue el Salón Dorado del Este, justo al lado de la pagoda de cinco pisos que no pudimos ver (snif snif). En el caso de haber podido verla, hubiésemos tenido ante nosotros una pagoda construida en el año 730, aunque la actual data de 1426 considerada Tesoro Nacional de Japón.

Salon Dorado del Este, en el complejo de Kofuku- ji, en Nara
Salon Dorado del Este, en el complejo de Kofuku- ji

Para terminar nuestra visita por el complejo, visitamos el Museo del Tesoro Nacional de Kofuku-ji en el que se exhiben numerosas estatuas budistas, así como otras piezas de arte antiguo. El museo se ve rápido y, sinceramente, creo que merece bastante la pena (además, siendo prácticos, tienen aire acondicionado, lo que siempre se agradece).

Para más datos e información práctica sobre Kofuku- ji, te comparto su web oficial en inglés.

Templo budista de Todai- ji

Si visitas Nara y sólo tuvieses tiempo para elegir un sitio al que ir, sin ninguna duda, ve al templo budista de Todai- ji.

El templo principal es uno de los edificios de madera más grande del mundo y resulta absolutamente impresionante, más si tenemos en cuenta que no es el original, que sufrió todo tipo de incendios y terremotos, y es un 33% del tamaño del otro.

El edificio principal del templo budista de Todai- ji, en Nara
El edificio principal del templo budista de Todai- ji

Vamos caminando por un paseo en el que se suceden los puestecillos de recuerdos y los ciervos campan a sus anchas, acercándose a los turistas sin ningún tipo de timidez para demandar comida. De fondo, la Gran Puerta del Sur, el acceso principal, que separa el templo de la vida mundana y terrenal y que fue construida en 1199. Los guardianes Nio a cada uno de los lados son de la misma época y todo el conjunto está considerado Tesoro Nacional.

La Gran Puerta resulta impresionante, pero no eres consciente de lo que te espera una vez que la has traspasado: el edificio principal que, entre otros tesoros, exhibe el Daibutsu- den, una estatua de Buda de bronce que mide, nada más y nada menos, que 15 m de altura y unas 500 toneladas de peso. Como poco, te quedas boquiabierto.

Daibutsu- den, la estatua de bronce de Buda en el templo Todai- ji, en Nara
Daibutsu- den, la estatua de bronce de Buda en el templo Todai- ji

Dentro nos dimos cuenta de que mucha gente de arremolinaba en un mismo punto. Se trata de un agujero en la base de un pilar. Según la leyenda, quien pase a través de él, alcanzará la iluminación. A mí, que me encanta probar todas esas cosas, tuve un momento de duda porque veía el agujero demasiado pequeño para que un adulto pasara por él.

El rato que estuvimos mirando, sólo vimos a niños que lo conseguían cruzar (y no parecía fácil) y a algún que otro adulto, eso sí, con más pena que gloria. Tendré que alcanzar la iluminación de otra manera.

Para más información sobre el templo de Todai- ji, te comparto su web oficial en inglés.

Santuario de Tamukeyama Hachiman-gu

El templo de Todai- ji está en el extremo norte del Parque de Nara, y en este mismo parque se pueden encontrar más templos y santuarios que, en la mayoría de casos, son bastante más tranquilos que Todai- ji.

Cuando salimos, nos dirigimos a comer. Hay zonas dentro del parque con restaurantes familiares que están bastante bien de precio (para lo que podría ser, el sablazo no es grande). Nosotros paramos en uno para reponer fuerzas y refrescarnos antes de continuar con la visita.

Al salir, nos dirigimos al santuario sintoísta de Tamukeyama Hachiman-gu. Está dedicado al kami sintoísta Hachiman, la deidad tutelar de los guerreros, aunque también se rinde culto a varios emperadores de la dinastía Yamato.

Un ciervo en el santuario de Tamukeyama Hachiman-gu, en Nara
Un ciervo preside el santuario de Tamukeyama Hachiman-gu

Fue fundado en el año 749 y, como en casos anteriores, los edificios originales sufrieron un incendio en 1180 y, lo que vemos en la actualidad se reconstruyó en 1691.

Santuarios como éste se hallan a lo largo y ancho de Japón, lo bueno del Tamukeyama Hachiman-gu es que lo pudimos ver en absoluta soledad. Bueno, no es del todo cierto porque había algunos ciervos por allí, tranquilamente, casi parecía que huían de los turistas, casi casi como nosotros.

Como decía antes, el Parque de Nara tiene templos y santuarios para dar y tomar y lo más probable es que, si visitas alguno sea en la más absoluta tranquilidad, lo que favorece la paz interior y la conexión con el entorno. Si tienes tiempo para hacerlo, ¿por qué no te planteas visitar uno de estos sitios más desconocidos? No hace falta que me des las gracias (jajaja).

Para más información sobre este templo y otros del Parque Nacional de Nara, así como del propio parque, te adjunto su web oficial.

Santuario Kasuga Taisha

Al igual que he dicho que no puedo afirmar que Nara sea la ciudad más bonita de Japón, pero que está muy arriba, tampoco puedo hacer lo propio diciendo que el santuario Kasuga Taisha sea el más bonito de lo que visité, aunque sí que está en los primeros puestos.

Había visto alguna foto y me pareció de una belleza de las que te hace abrir la boca y frotarte los ojos, así que este santuario estaba en la lista de los imprescindibles para visitar en Nara.

Farolillos de piedra en el santuario Kasuga Taisha, en Nara
Farolillos de piedra en el santuario Kasuga Taisha

Se fundó en el año 768 y ha sido reconstruido en varias ocasiones, además, está considerado como uno de los lugares más sagrados de todo Japón y está dedicado a una gran cantidad de dioses.

Según entramos y fuimos recorriendo el camino hasta el edificio principal, era inevitable fijarse y hacer muchas fotos a los farolillos de piedra. Más de 2000 adornan el lugar y la piedra se convierte en bronce en el santuario, donde más de 1000 quedan colgados del techo. Una auténtica maravilla.

Farolillos de bronce en el santuario Kasuga Taisha, en Nara
Farolillos de bronce en el santuario Kasuga Taisha

Cuando llegamos al edificio principal, no sólo alucinamos con los farolillos, sino también con el propio edificio en sí. El santuario de Kasuga Taisha es el mejor ejemplo de arquitectura Kasuga-zukuri, que se caracteriza por tejados de estilo chino y decoración en colores rojo, dorado y bermellón.

Los distintos edificios que lo componen nos gustaron mucho, dedicando tiempo también al jardín de piedra y al cedro japonés sagrado, un árbol milenario cuyas raíces sobresalen de suelo adoquinado. El tronco está rodeado de una cuerda tradicional (shimenawa) decorada con tiras de papel blanco (shide), lo que nos indica que es la morada de un kami.

Edificio principal, cedro sagrado y jardín de piedra del santuario Kasuga Taisha
Edificio principal, cedro sagrado y jardín de piedra del santuario Kasuga Taisha

No podíamos irnos sin entrar en el salón que reproduce la celebración del Mantoro (el festival en el que se iluminan todas los farolillos del santuario). Una sala a oscuras en la que sólo se ve la luz que sale de las lámparas. Definitivamente, tengo que volver a Nara a disfrutar del Mantoro.

Más información del santuario Kasuga Taisha en su web oficial.

Estanque Sagi y pabellón Ukimido

Desde el santuario Kasuga Taisha andamos hasta el siguiente punto de nuestra visita a Nara, el estanque Sagi y, sobre todo, el pabellón Ukimido, en el extremo sur del Parque Nara.

En el lugar se respira la tranquilidad, las aguas quedan cubiertas en algunas zonas por distintas algas, pero lo que más llama la atención es la elegancia del pabellón Ukimido. Un salón hexagonal, hecho en madera de corcho, al que se llega por una pasarela y en el que te sientas y es fácil perder la noción del tiempo.

El pabellón Ukimido en el estanque Sagi
El pabellón Ukimido en el estanque Sagi

El lugar es una absoluta maravilla y tuvimos suerte porque no había mucha más gente por allí, por lo que lo pudimos disfrutar casi en soledad. Un buen broche antes de regresar a la estación de tren, haciendo una parada previa en el estanque Sarusawa (en cuyas aguas se vería reflejada la pagoda de cinco pisos del templo Kofuku ji) y en las calles comerciales techadas que están de camino, donde aprovechamos para dar una vuelta y comprar algunos recuerdos.

Después, nuestro tren con destino Osaka nos esperaba y, aunque era la última noche en esta ciudad, al día siguiente partíamos hacia Hiroshima. ¡El viaje sólo acaba de comenzar!

Si quieres más información sobre Nara, te adjunto la web oficial de Turismo.

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