Osaka, entre neones, templos y okonomiyakis

Osaka fue la primera ciudad que visitamos en Japón, y su recomendación vino directa de Alberto. Contemplamos la opción de volar aquí desde España, pero los precios eran más elevados que haciéndolo a Tokio, por lo que no nos quedaba otra que activar la JR Pass al aterrizar, llegar a la estación y coger el tren bala.

Pasaron unas 3 horas y media desde que subimos al monorraíl que conecta el aeropuerto con la estación de Shinagawa, en Tokio, hasta que llegamos, en tren bala, a la estación de Shin- Osaka. Este último trayecto, dura poco más de dos horas y se pasan volando.

La mujer que nos activó el pase de tren nos reservó asientos juntos en el lado derecho de la marcha. ¿Por qué este lado? Porque es desde aquí desde se puede ver el monte Fuji cuando pasas. ¿Lo vimos? No. El día estaba muy nublado y fue imposible. Y tampoco lo vimos en ningún otro momento del viaje. Ha quedado claro que tengo que volver.

Neón Glico Man, en el barrio de Dotonbori, Osaka
El neón de Glico Man es uno de los más famosos de Osaka

Compramos comida en una de las tiendas de la estación y la comimos tranquilamente en el tren, ya que, cuando llegábamos a Osaka, era tarde, por no hablar de la cantidad de horas que habían pasado desde la última vez que comimos. Además, gracias a que me quedé dormida sin poder remediarlo, el trayecto se hizo muy corto.

Antes de continuar con todo lo que nos ofrece Osaka y de cómo los neones de Dotonbori nos hicieron alucinar, vamos a aprender algo más de esta ciudad.

Brevísima historia de Osaka

La antigua Naniwa fue el lugar elegido por el emperador Kotoku para construir su palacio, convirtiéndola en capital, aunque tan sólo por tres años, cuando se trasladó a Asuka- kyō. En cualquier caso, su puerto siguió siendo la puerta de entrada de las culturas coreana y china, más avanzadas que la japonesa de aquella época.

Sin embargo, se considera que la fundación de la actual Osaka se debe a Toyotomi Hideyoshi, quien construyó aquí su castillo en 1583 y que resultó ser una pieza clave en la unificación del país. Castillo que hoy en día se puede visitar.

Durante el periodo Edo (1603- 1868) la ciudad prosperó y se convirtió en el centro económico y comercial del país, ganándose el título de Cocina de Japón, debido al enorme volumen de comercio de alimentos. Título que todavía hoy conserva gracias a la reputación de su gastronomía y restaurantes, lo que ha creado el lema kuidaore, comer hasta reventar, algo que, si no tienes cuidado, puede ocurrir…

Estatuas de Buda en el templo Isshinji de Osaka
El bullicio de Dotonbory contrasta con las tradiciones y la calma de los templos budistas. Estatuas de Buda en el templo Isshinji

En la época Meiji (1868- 1912), se renombró como Osaka, que significa colina grande, y poco a poco se vio superada por Tokio.

En la actualidad, con una población unos 2,8 millones de personas, de Osaka es la tercera urbe de Japón, por detrás de Tokio y Yokohama. Se encuentra en la desembocadura del río Yodo, en la principal isla del archipiélago, Hōnsu y forma parte de la región de Kansai, así como del área metropolitana de Osaka- Kobe- Kioto, en la que viven en torno a los 19 millones de personas.

Ahora sí, vamos a repasar los distintos puntos que recorrimos durante el día y medio que destinamos a Osaka.

Dotonbori, el barrio de los neones

Nosotros los alojamos en Kitahama, una zona de oficinas, bastante tranquila y con cafeterías (importante, porque los desayunos de los hoteles nos suelen parecer bastante caros), muy bien comunicada en metro con varias estaciones y líneas, pero alejada de Dotonbori, uno de los centros neurálgicos de Osaka.

Una vez que llegamos al hotel y descansamos un rato (más de 24 horas de viaje pasan un poco de factura), nos pusimos en marcha para nuestro primer contacto y sólo puedo decir que alucinamos.

Vista del barrio Dotonbori desde el canal, en Osaka
¡Bienvenidos a Dotonbori!

Gente, neones, muñecos articulados, restaurantes, estímulos por todas partes. Podría sonar agobiante, no obstante, a nosotros no nos lo pareció en absoluto. Es una especie de Times Square a la japonesa y con un canal entre medias, además, de calles comerciales cubiertas.

Y ver Dotonbori por la noche, con los neones encendidos y a pleno rendimiento fue el motivo por el cual nuestras vacaciones por Japón comenzaron en Osaka. Alberto, muchas gracias por la recomendación.

Llegamos cuando todavía había luz solar y estuvimos dando un paseo por Shinsaibashi-suji, un entramado de calles cubiertas (no sabéis lo que se agradece durante el día, cuando el sol y brilla y te enteras de que lo hace) llenas de comercios de todo tipo: konbinis, tiendas de recuerdos, restaurantes más o menos atrayentes, puestos de mochis… Sí, es verdad, todo muy turístico, no nos vamos a engañar, pero al fin y al cabo, somos turistas y estamos en la otra punta del mundo.

Nosotros cenamos por la zona las dos primeras noches, escogiendo restaurantes casi al azar. Habíamos visto en una publicación de instagram y, además, me habían aconsejado no ir a los restaurantes recomendados en redes sociales o en blogs, principalmente, porque son a los que van mucha gente y se pueden organizar colas importantes para entrar. Después de haber viajado por Japón y haber improvisado a la hora de comer, lo confirmo: no vayas a los sitios recomendados. Hacer cola no tiene sentido cuando hay restaurantes a patadas y, con toda seguridad, vas a comer de maravilla.

Restaurantes en Dotonbori, Osaka
Restaurantes en Dotonbori, Osaka

Dicho esto, nuestro primer contacto con la gastronomía japonesa en Japón fue espectacular, teniendo la oportunidad de probar el okonomiyaki, una especie de tortilla con relleno al gusto y que se cocina a la plancha y que nos gustó mucho. Porque sí, no todo va a ser sushi.

Por cierto, la última noche en Osaka cenamos por la zona de nuestro hotel y, la verdad, también nos pareció espectacular. Un lugar lleno de izakayas, en las que no vas a ver muchos más turistas occidentales y con precios que te hacen pensar si se les ha olvidado cobrarte algo. Muy buen broche (ay, qué buen recuerdo de las gyozas) para nuestro último día aquí.

Barrio Shinsekai y torre Tsūtenkaku

En nuestro segundo día en Osaka pusimos rumbo a ver templos y santuarios, de los que hablaré en otro apartado, hasta que nuestros pasos nos llevaron hasta el barrio Shinsekai.

Voy a empezar con una curiosidad sobre este barrio: es uno de los más nuevos de la ciudad y eso que se fundó en 1912. Durante bastante tiempo tuvo muy mala reputación, consiguiendo que las tornas cambiaran el hecho de que la torre Tsūtenkaku se ubique aquí y atraiga turistas.

Nosotros recorrimos sus calles a plena luz del día, pero nos recordó a Dotonbori, lleno de estímulos por todas partes, aunque con los neones apagados. Restaurantes por todas partes, todos luchando por atraer tu mirada en un mundo en lo que todo atrae tu mirada, mucha gente y, sobresaliendo por encima de todo, la torre Tsūtenkaku.

La torre Tsūtenkaku en el barrio Shinsekai de Osaka
La torre Tsūtenkaku domina el skyline del barrio Shinsekai

Esta torre es uno de los iconos de Osaka que se construyó en 1912 como parte del parque de atracciones Luna Park y, rápidamente, se convirtió en un atractivo turístico nacional. Se ganó el sobrenombre de tsūtenkaku, la torre que roza el cielo. ¿Poético, verdad?

En 1943 la estructura fue desarmada y se fundió el acero con la que se había construido para ser utilizado como material apto para armamento. Esto ya no suena tan poético…

En 1956, se volvió a construir la torre en su ubicación original, con 103 metros de altura y un diseño diferente al primero que, además, es resistente a terremotos y tifones.

Skyline de Osaka visto desde la torre Tsūtenkaku
Osaka, la ciudad sin límites

En la parte más alta hay un mirador y, pese a que habíamos leído que se recomendaba llevar las entradas compradas desde casa (en general, para todos los miradores), nosotros, que somos unos valientes, habíamos decidido no hacerlo y dejar que el destino nos guiara. En este caso, quedaban bastante entradas disponibles y no tuvimos que esperar.

En el interior, a parte de poder subir al mirador, hay un tobogán gigante, sin embargo, nosotros optamos por subir en ascensor y alucinar con las vistas. Toda la ciudad ante nosotros, sin ver los límites y consiguiendo dejarnos pegados al cristal durante un buen rato.

Castillo de Osaka

El día completo que pasamos en Osaka fue uno de los que no volvimos al hotel después de comer (para los que no habéis leído la introducción al viaje, estuve en Japón en verano y el calor era excesivo y, estar en la calle a determinadas horas no era muy buena idea). Después de visitar algunos templos y santuarios, cogimos el metro y nos dirigimos hacia los jardines y el castillo.

El castillo se construyó en dos plataformas de terreno rellenado, rodeado por un foso lleno de agua (al estilo de los castillos europeos). El castillo original se comenzó a edificar en 1583 por Toyotomi Hideyoshi y fue destruido por un asedio, primero, y un incendio, además de los daños que la torre principal sufrió durante la II Guerra Mundial. En la década de los 90 comienza su restauración y, lo que vemos hoy en día, es una reproducción en cemento del castillo original. Creo que conviene destacar que el castillo de Osaka jugó un papel fundamental en la unificación de Japón.

El castillo de Osaka
El castillo de Osaka

Sobre si visitar su interior o no hubo bastante controversia. En general, todos los blogs que consulté (a excepción de uno) no recomendaban hacerlo a no ser que fuesen varios días a Osaka o no fueses a visitar ningún otro en el país, opinión que coincidía con la de un amigo mío que estuvo recorriendo Japón varios meses antes. Como teníamos planificada la parada a Himeji para, esta vez sí, visitar el castillo, optamos por no entrar en el de Osaka. Aunque tengo que confesar que, visto desde fuera, me gusta más este último.

En cualquier caso, vayas a entrar o no, sí que me parece recomendable acercarse hasta los jardines, dar una vuelta y tener la oportunidad de ver el exterior.

Si al contrario que yo, estás pensando en visitar el interior del castillo de Osaka, te adjunto su web oficial.

Santuarios de Osaka

Si quieres ver santuarios en Osaka, estás de suerte: hay muchos. Para vuestro alivio, no voy a hablar de todos ellos, sólo de los que nosotros visitamos y que me parecen recomendables.

El primero que teníamos apuntado era el santuario Namba. Cuidado, porque es común confundirlo con el santuario Namba Yasaka, que es diametralmente opuesto. El santuario Namba fue fundado hacia el año 415 d.C. durante el reinado del emperador Hanzei y dedicado, de manera principal, al emperador Nintoku. En su interior alberga un árbol considerado sagrado de unos 400 años de antigüedad que, de manera milagrosa, se salvó de los bombardeos de la II Guerra Mundial.

Santuario Namba, en Osaka
Santuario Namba, en Osaka

Es verdad que, como el santuario Namba vas a ver unos cuantos más a lo largo del viaje, sin embargo, para mí, hay dos aspectos que le hacen especial. Uno, fue el primero que visitamos en Japón, por lo cual tiene ese rinconcito en el corazón ganado. Dos, está en medio de la jungla de asfalto y rascacielos, erigiéndose guardián de la paz y el silencio, lo que se agradece.

Además, otro aspecto positivo, es que como “es uno más”, apenas hay turistas, así que la “experiencia inmersiva” se disfruta el doble. Nos pudimos lavar las manos a la entrada para purificarlas en soledad, nos acercamos al altar e hicimos la reverencia correspondiente sin que hubiese nadie más, recorrimos el perímetro del lugar sin la sensación de estar molestando. En los tiempos que corren, en los que hay mucha gente en todas partes, tener esos minutos de soledad es un triunfo.

Cambiamos la tranquilidad del santuario Namba por el bullicio de otro santuario de nombre similar pero de aspecto diferente: el santuario Namba Yasaka.

Si has bicheado por internet o redes sociales, verás que se recomienda bastante el santuario de Namba Yasaka, reconocible por su peculiar cabeza de león gigante. Está en el distrito de Motomachi, un pelín escondido, aunque llega un momento en el que llegar es fácil: sólo tienes que seguir al resto de turistas.

La cabeza de león gigante del santuario Namba Yasaka
La famosa cabeza de león gigante del santuario Namba Yasaka

Del santuario como tal se tiene poca información: se cree que se pudo fundar en el siglo IV a raíz de una epidemia en la zona y, con la construcción, se pretendía aplacar la cólera de los espíritus. En cualquier caso, lo que hace especial (y tremendamente turístico) es Shishiden, la cabeza de león de 12 metros de alto y 11 metro de ancho que se construyó en 1975 y simboliza la fuerza y la protección.

No vimos en el resto del viaje nada remotamente similar y, de no saber que se construyó hace más de 50 años, pensaría que es un escenario más para instagram. Como digo, es curioso y muy llamativo y, en el caso de ir, desde luego, vas a tener “la foto”, pese a esto no creo que aporte mucho más. Te dejo a ti valorar si lo quieres incluir o no en el planning.

El último santuario que visitamos en Osaka fue el santuario Horikoshi. Fue fundado por el príncipe Shōtoku en el siglo IV y se caracteriza por la creencia popular de que concede un deseo único en la vida. Nosotros no llegamos a pedir ningún deseo (¡qué presión! si sólo puedes pedir uno, ¿qué pides?).

Santuario Horikoshi de Osaka
Paz y tranquilidad en el santuario Horikoshi de Osaka

El santuario Horikoshi es más parecido al de Namba, en términos de tranquilidad, aunque el recinto es mucho más pequeño y está rodeado por una vegetación muy frondosa y abundante, lo que le da un carácter de oasis, así que se agradece hacer una pequeña parada y disfrutar del silencio y el fresco, antes de volver al calor agobiante.

Por cierto, el santuario Horikosi tiene en su interior un sendero de puertas torii de color rojo bermellón tan características de la arquitectura sintoísta. Las puertas torii marcan la transición simbólica entre el mundo terrenal y el espacio sagrado de los dioses.

Vale que este sendero no es tan largo y llamativo como el de Fushimi Inari-taisha en Kioto y que vimos unos días más tarde, pero si quieres una foto en un sendero de puertas torii en solitario, la vas a tener seguro en el santuario Horikhosi.

Templo Isshinji

Tras visitar este santuario, el barrio Shinsekai, subir a la torre Tsūtenkaku y comer por la zona, pusimos rumbo al templo Isshinji. Nosotros entramos por una puerta lateral, que da a un pequeño cementerio por el que hay que subir por unas escaleras.

El templo se construyó en 1185 por Honen, un sacerdote de la secta budista de la Tierra Pura, la más importante del país. Es un lugar muy tranquilo, además, la amplitud que tiene transmite serenidad y da una sensación de desconexión que se agradece. Pese a lo que se puede pensar, es un lugar bastante conocido por las estatuas de Buda hechas con restos de fallecidos, conocidas como Okotsu Butsu, Budas de hueso.

Templo Isshinji, en Osaka
El templo Isshinji, en Osaka

Los distintos salones se fueron reconstruyendo tras la II Guerra Mundial y en el cementerio de los alrededores están enterradas algunas personalidades. Cuando nosotros los visitamos, había carteles en varios idiomas indicando que los turistas no teníamos permitida la entrada ni al salón principal ni a pasear por el cementerio.

Salimos por la puerta principal del santuario, que resulta ser todo lo contrario a las clásicas de otros templos, hecha de acero, cristal y hormigón y con dos estatuas de bronce a cada lado. Son los guardianes Nio, que vimos en otros tantos templos, pero con un diseño más actual o diferente.

Al salir por este puerta, el azar nos llevó a otro sitio bastante peculiar: Sanzenbutsu do o Salón de los Tres Mil Budas. Se trata de un pabellón anexo al templo de Isshinji, del que no teníamos ninguna noticia ni habíamos visto recomendado en ningún sitio y, quizás por eso, nos cautivó.

Sanzenbutsu do o Salón de los Tres Mil Budas, junto al Templo Isshinji
Sanzenbutsu do o Salón de los Tres Mil Budas, junto al Templo Isshinji

El pabellón está formado por una gran cúpula interior repleta de estatuas doradas de distintos tamaños que representan a Buda, además de estatuas del zodiaco chino. Esta visita, a la que se dedica poco tiempo, me parece que merece mucho la pena.

Aunque está en japonés, te adjunto la web oficial del templo Isshinji, por si encuentras la manera de traducirla.

Otros lugares que ver en Osaka

Como he comentado, nuestro alojamiento se ubicaba en el barrio de Kitahama, un distrito financiero distinto a lo que habíamos visto. Lo más probable es que no tengas motivos para pasar por aquí, a no ser que tengas ganas de comer en una de las muchas izakayas de la zona y estar en un ambiente mucho más local.

Estábamos en la orilla sur del río Tasahori, donde queda la isla en la que se encuentra el Ayuntamiento (que hace pensar que estás en Europa) o el parque Nakanoshima, conocido por su rosaleda.

La última noche nos estuvimos dando una vuelta por la zona, caminando por la ribera del río, disfrutando de una zona más tranquila en términos turísticos, aunque con bastante tráfico.

Izakaya en el barrio de Kitahama en Osaka
Izakaya en el barrio de Kitahama en Osaka

Llegamos caminando hasta uno de los edificios más particulares que he visto: el Gate Tower Building. Una torre de casi 72 metros de altura y 16 pisos que no tendría nada diferenciador respecto a otras torres si no fuese porque una autopista la atraviesa entre los pisos 5 y 7, sin llegar a tocarlos. Por lo que he leído, la estructura externa evita ruidos y vibraciones, pero sinceramente, no me gustaría tenerlo cerca de mi casa o de mi trabajo.

Por esta zona queda el archifamoso Umeda Sky Building, un rascacielos de 173 metros de altura y 40 plantas con un mirador. Lo teníamos en la categoría de “por si da tiempo”, y no es que no lo tuviésemos, es que habíamos leído que las entradas convenía reservarlas con anticipo, ya que se trata de una de las principales atracciones de Osaka. Como no queríamos estar pendientes del tiempo, sino movernos a nuestro ritmo y ya habíamos subido a la torre Tsūtenkaku, el tema miradores en Osaka quedó zanjado por nuestra parte.

Gate Tower Building de Osaka
El Gate Tower Building, atravesado por una autopista

Para lo que sí me hubiese gustado tener tiempo es para visitar Shitennō-ji, el primer templo budista en Japón, además del primero financiado por el estado, construido en el año 593. El motivo para no ir era que se encuentra a desmano y cierra en torno a las 16:30 en verano, así que, dados los días que teníamos, habríamos tenido que prescindir de alguna otra visita.

Osaka puede ser una buena base de operaciones para conocer otros lugares cercanos, como Nara, el castillo de Himeji, Kobe, el pueblo termal Arima Onsen, el monasterio budista de Koyasan o el parque temático de Univesal Studios Japan.

Nosotros optamos por visitar Nara, la ciudad de los ciervos, de la que hablaré en el próximo artículo.

Para más información sobre Osaka, te recomiendo visitar la web oficial de Turismo, esta vez sí, en español.

***

Lee el resto de entradas de este viaje:

Deja un comentario