En el viaje que hice por las capitales del Norte de Europa, Tallin era un imprescindible desde el primer momento. Desde que las vacaciones consistirían en un recorrido por Finlandia, hasta lo que finalmente hicimos, si pasábamos por Helsinki, ¿cómo no íbamos a dedicar un día a Tallin?
Y así hicimos. Salimos del puerto finlandés en el primer ferry de la mañana y, tras un trayecto no demasiado largo, llegamos a la capital de Estonia. Y lo hicimos de la mejor manera posible: mirando por las ventanas para disfrutar de las vistas. Ver cómo te vas acercando a esta ciudad medieval merece mucho la pena.
Vamos a pasar a hacer un itinerario por Tallin, pero antes, para no perder las buenas costumbres, unas breves pinceladas históricas para entenderla un poco mejor.
Brevísima historia de Tallin
Aunque se cree que la zona lleva habitada desde el segundo milenio a.C., la primera referencia que encontramos escrita viene de mano del cartógrafo almorávide Muhammad al-Idrisi, en un mapa de 1154 y bajo el nombre de Kaluria.
Dada su situación estratégica entre Escandinavia y Rusia, fue un objetivo constante de daneses y alemanes. En 1219 cayó ante el poder del Reino de Dinamarca, hasta que una sublevación campesina llevó al fin del poder danés y, pocos años, más tarde, fue Alemania quién pasó a dominarla.

En 1285 se convirtieron en miembro de la prestigiosa Liga Hanseática experimentando un crecimiento económico muy veloz.
Sin embargo, este hecho no trajo paz: al estar bajo el vasallaje de Suecia, consiguió ser defendida del asedio de Iván el Terrible, que duró 29 semanas entre 1570 y 1571, no obstante, pasó a manos rusas tras la Gran Guerra del norte, en 1710.
Consiguieron mantener su independencia económica y cultural, además del alemán como idioma para el comercio. Esta situación duró hasta 1889, con el inicio de las políticas de rusificación.
El siglo XX no empezó con buen pie: pese a que en abril de 1917 Tallin fue nombrada capital de la recién creada Gobernación Autónoma de Estonia, el 25 de febrero de 1918, tan sólo un día más tarde de proclamar su independencia, el Ejército Imperial Alemán la invadió y sólo la abandonaron al terminar la guerra.

Tras ese momento, los estonios entraron en guerra contra los bolcheviques y, en 1940, los soviéticos entraron en el país convirtiendo a Tallin en la capital de la República Socialista Soviética de Estonia y en la principal base naval de la URSS.
A finales de la década de los 80, por la celebración de un festival de música en la ciudad, comenzaron los movimientos independentistas estonios, que dieron lugar a la llamada revolución cantada, culminando con la independencia de las repúblicas bálticas.
Tras la caída del Muro de Berlín, Estonia se independizó de la URSS y, el 20 de agosto de 1991, Tallin se convirtió en la capital de la República Estonia.
Se rehabilitó el centro histórico, se construyeron nuevas zonas residenciales y creció el centro financiero, además de experimentar un fuerte crecimiento económico. La culminación llegó en 1997 cuando Tallin fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Consideraciones sobre Tallin
Como comentaba, nosotras pasamos un día en Tallin. En este tiempo, se puede verla perfectamente, no obstante, si quieres entrar a sitios o verlo con más calma, mejor haz noche.
Quiero pensar que las cosas habrán cambiado bastante respecto a cuando yo estuve. En aquel momento, Tallin era una especie de parque de recreo para turistas o finlandeses que venían huyendo de los altos precios de Finlandia, especialmente, del alcohol y, sobre todo, que venían buscando prostitución y locales de alterne. Así de crudo y de triste.

Nosotras, que veníamos de Helsinki, encontramos una ciudad bastante más asequible, pero con un pero: el precio de los restaurantes estaba al nivel de los de Madrid (que ya era cara en esa época). Sin embargo, conviene matizar que comimos en uno muy conocido, muy céntrico y turístico: un asador de tipo medieval, recomendado en las pocas publicaciones que había en la época y que nos quedaba muy bien del hotel. También me gustaría comentar que nuestro hotel estaba en pleno centro histórico y era más barato y mucho mejor que el de Helsinki.
El restaurante que mencionaba sigue abierto y se encuentra con una búsqueda rápida en internet. Ni lo recomiendo ni lo dejo de recomendar: no deja de ser un decorado para turistas a precio elevado, aunque tengo que reconocer que nosotras comimos muy bien y no teníamos ninguna otra referencia. Si volviese a Tallin, no volvería ya que creo que hay opciones bastante mejores o, por lo menos, que no hagan sentir que estás en un parque temático.
Recorrido por el centro histórico de Tallin
Ahora sí, volvemos al puerto, donde desembarcamos del ferry con nuestras maletas y nos dirigimos caminando a nuestro alojamiento. No merece la pena coger un taxi ni buscar transporte público porque no es mucha distancia, la única incomodidad, es cargar con el maletón.
Una vez que lo dejamos en nuestra habitación, nos disponemos a conocer el centro histórico de esta capital medieval.

Volviendo unos pasos más atrás, la bienvenida nos la dieron la conocida Puerta Viru. Con sus dos torres de tejado rojo, llega hasta nuestros días desde el siglo XIV. Ya en su día era uno de los pocos accesos a la ciudad amurallada, aunque el escenario ha cambiado por completo. Según las cruzamos, pasamos a la calle Viru, una vía comercial llena de restaurantes, bares y tiendas.
La primera impresión es inmejorable: me encantan las ciudades medievales. Historia en cada piedra, casas bajas, callejones que es imposible adivinar a dónde llevan, adoquines, esa sensación de estar pisando por lugares que tienen mucho que contar.
La plaza del Ayuntamiento de Tallin
Paseando tranquilamente, llegamos al centro neurálgico de Tallin: la plaza del Ayuntamiento, Raekoda Plats.
Desde luego, la plaza es preciosa: el imponente edificio medieval del Ayuntamiento, las casas que rodean todo el conjunto, la gente que va y viene. Los orígenes de la plaza vienen del mercado que se celebraba en este lugar.

El edificio del Ayuntamiento es de estilo gótico, construido entre 1371 y 1404 y con una llamativa torre, que tiene una altura de 64m, una auténtica pasada para la época, coronada por una veleta muy particular: el Vana Toomas, un guerrero que se ha terminado convirtiendo en símbolo de Tallin. En la fachada, merece la pena buscar y fijarse en las gárgolas con forma de dragón, del siglo XVII. Es el único ayuntamiento gótico que ha llegado hasta nuestros días en Europa del Norte.
El interior es visitable, aunque yo no llegué a entrar, no recuerdo el motivo. En el caso de haberlo hecho, hubiese podido pasear entre salones en el que destaca el salón del pueblo, con bancos con las tallas de madera más antiguas del país. A la torre se puede subir, nosotras no lo hicimos por falta de tiempo, pero en el caso de haberlo tenido, tampoco tengo claro que lo hubiese hecho, ya no sólo por la cola de gente que pueda haber, sino porque en la ciudad hay miradores gratuitos.

Pese a que resulta complicado retirar la mirada del Ayuntamiento, los edificios que dar forma a la plaza también son llamativos. Casas de colores que pertenecieron a comerciantes de la época, no nos olvidemos que Tallin pertenecía a la Liga Hanseática.
En la misma plaza, hay un comercio por el que merece la pena asomarse: la farmacia Raeapteek. Es una de las farmacias en funcionamiento más antiguas de Europa, empezando su actividad en 1422 y en la que se pueden ver objetos originales de la época.
El pasaje de Katariina y la muralla medieval
Desde la plaza del Ayuntamiento, fuimos caminando hasta el pasaje de Katariina, Katariina käik, uno de los que salen de la calle Vene. En este en concreto, adoquinado y abovedado, parece que no han pasado los siglos y pudimos ver talleres de artesanos.
Dimos con un lugar peculiar: un claustro de un antiguo monasterio dominico reconvertido en museo. Datado en 1246, es uno de los edificios más antiguos que se conservan en Estonia.
Por si te apetece visitar un lugar menos conocido del Tallin, te dejo la web oficial de este monasterio dominico.

Seguimos nuestro camino bordeando la muralla por su parte interior. La muralla resulta impresionante, y los datos así lo corroboran: casi 2km de longitud, una altura entre 13 y 16m, un grosor entre 2 y 3m y 46 torres defensivas, de las que “sólo” quedan 26.
Esas torres con tejados rojos y que hemos visto en tantas fotos. Una imagen icónica. Se conservan varias puertas de entrada, siendo las más conocidas, Viru, de la que ya he hablado antes, y la Gran Puerta de la Costa, que era el acceso al puerto, junto a la torre Margarita la Gorda, sede del museo naval.
Nuestros pasos nos llevan hasta la iglesia de San Olaf, en el extremo norte de la concurrida calle Pikk. Se cree que la iglesia se construyó en el siglo XII y fue el centro de la comunidad escandinava antes de la conquista por parte de Dinamarca.

La torre tiene una altura de 124m y, sin duda, domina el espacio y, en su momento, el mundo: entre 1549 y 1625 fue el edificio más alto del mundo. Aunque tiene un pasado tétrico: fue utilizada por la KGB como punto de vigilancia.
Paseo por la calle Pikk, la más bonita de Tallin
Al dejar San Olaf detrás, paseamos por la calle Pikk, una de las más conocidas y bonitas de Tallin. En esta calle se encuentran los edificios de los antiguos gremios alemanes. El más importante es el Gran Gremio, que alberga el museo de historia. También destaca el Gremio de San Canuto con dos esculturas negras en la fachada: la del propio San Canuto y una de Lutero.
La calle Pikk hay que recorrerla con calma, parándose casi en cada edificio y saboreando el momento, ya que no se suele tener la oportunidad de caminar por una ciudad medieval, sobre todo una tan bien preservada.

Los puntos de interés irán saliendo solos. Además de los dos edificios gremiales que acabo de mencionar, pasamos por la Torre de la Puerta de Pikk Jalg, o Puerta de la Pata Larga; por un edificio art Nouveau en el número 18, con una fachada adornada con esculturas decorativas de dragones y de dos mujeres; o la conocida Casa de los Cabezas Negras, que albergó la Fraternidad de los Cabezas Negras, una asociación en la época medieval de comerciantes jóvenes y solteros; o las casas medievales conocidas como Las Tres Hermanas.
Pasamos por una pequeña plaza en un cruce de la calle Pikk. Puede que el lugar no diga mucho, pero tiene su importancia histórica. Se trata de Roheline Turg, mercado verde, el punto en el que, durante el siglo XIX, se celebraba un mercado de pescado, verduras y flores.

Me gustaría marcar un lugar un tanto peculiar: las celdas de la prisión de la KGB. Ante nosotras, un elegante edificio Art Nouveau y, en contraposición a esa belleza, toda la fealdad del interior. Aquí se ubicaba el centro de detención e interrogatorios en tiempos de la antigua URSS.
Si te fijas, las ventanas que deberían dar a los sótanos están (y estaban) tapiadas: eso no puede ser nada bueno. La idea es que no se escuchase nada desde el exterior. En la actualidad, hay un museo y, en el caso de haber tenido más tiempo, o de volver a Tallin, hubiese ido sin ninguna duda.
Miradores de Toompea
Como apasionada de ver las ciudades desde lo alto, hay algo que tenía claro que teníamos que hacer en Tallin: ir a los miradores de Toompea.

Pasando por la puerta de la torre, subimos por Pikk jalg (Pierna Larga) y, a través de unas escaleras que van desde Lühike jalg (Pierna Corta) hasta Toompea.
En la parte más alta, hay dos miradores: Kohtu y Patkuli, los dos lugares excepcionales para ver los tejados rojos y el entramado de calles de la medieval Tallin. Nosotras nos quedamos en Kohtu, donde las vistas son impresionantes y nos costó bastante emprender la marcha, imposible con un escenario tan bonito y con muchas ganas de hacer fotos.

Por cierto, como curiosidad, Toompea significa colina de la catedral y es que Tallin tiene dos catedrales, como veremos ahora.
Toompea: Catedral Alexander Nevski, catedral Santa María y castillo
El paseo por Toompea merece la pena, ya que esta colina es mucho más que un mirador.
Tallin tiene dos catedrales: la de Alexander Nevski y la de Santa María. La catedral de Alexander Nevski es una iglesia ortodoxa, de estilo renacentista, pese a haber sido construida entre 1894 y 1900, cuando Estonia era parte del Imperio Ruso. Por cierto, estuvo a punto de ser demolida en 1924 para eliminar cualquier atisbo de su pasado rudo, pero no solo no fue demolida, sino que fue restaurada en 1991.
La catedral de Santa María es luterana, fundada en el siglo XIII y la más antigua de Estonia. Aunque originalmente se destinó al culto católico, tras la Reforma Protestante, se convirtió al luteranismo en 1561.

Nosotras no llegamos a entrar en ninguna de las dos catedrales (en el momento de escribir este artículo, la de Alexander Nevski sigue siendo gratuita y la de Santa María cobra entrada), por lo que no puedo decir si merece la pena o no el interior.
En la colina de Toompea, también se puede vistar el castillo de Toompea, sede del Parlamento de Estonia, con su característica torre, Pikk Herman, dominado la zona.
Otros lugares lugares que ver en Tallin si tiene más de un día
Hasta aquí mi recorrido por Tallin, que pude hacer sin problemas en un día. Si tienes más tiempo que yo, o si es tu segunda vez, yo me acercaría a los siguientes lugares, que ya tengo apuntados para cuando visite las Repúblicas Bálticas, que lo haré.
Siguiendo en Toompea, iría al Museo de las Ocupaciones, dedicado a las dos ocupaciones que ha sufrido el país en el siglo XX (nazi y soviética), su lucha por la libertad y el final feliz. Para más información, comarto su web oficial.

Sin cambiar de tema, entraría en la prisión de la KGB (de la que ya he hablado antes) y en el hotel Viru y Museo de la KGB. En el hotel Viru era el único lugar en el que se podían alojar los turistas en tiempo de la URSS y en el que la planta 23 estaba reservada para la KGB. En la actualidad, esa planta acoge el Museo de la KGB.
Si estás interesado en conocer estos puntos, te comparto la web oficial de la antigua prisión de la KGB y del hotel Viru.
Un poco más alejado del centro, llegaría al parque y Palacio de Kadriorg. Diseñados por Pedro el Grande para su mujer, Catalina I, y levantados entre 1718 y 1736. Como contrapunto al resto de la ciudad medieval no está nada mal.
En la actualidad, además de la casa del Presidente de la República, alberga el Museo de Arte Kadriorg, con arte europeo desde el siglo XVI al XX. En el mismo parque, y si te gustan los museos, se encuentra el Museo Kumu, uno de los museos de arte más grande Europa del Norte y que exhibe arte estonio desde el siglo XVIII.

Para más información del Museo de Arte Kadrioig, aquí tienes su web oficial.
Algo más alejado de Kadriorg, el distrito de Pirita acoge el castillo de Maarjamäe, de estilo neogótico y sede del Museo de Historia de Estonia. Más información de este museo, en su web.
Pero, sobre todo, recorrería Pirita por su pasado arquitectónico soviético: un memorial de 1975 dedicado a los soldados soviéticos caídos en la guerra; el Olümpikeskus, el centro que se construyó para celebrar las competiciones de regatas durante los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980; o la torre de la televisión, un elemento común en todos los países de pasados comunistas, de 314m de altura e inaugurada para los Juegos.
Por cierto, por esta zona perduran unas ruinas que me parecen muy evocadoras, las del convento de Pirita o de Santa Brígida, pertenecientes a un monasterio construido entre 1417 y 1436 y destruido por los rusos en 1575.
Si te pica la curiosidad sobre estas ruinas, echa un ojo a este post de Perdido en Estonia.

Como no todo van a ser visitas culturales, sino que también somos un poco disfrutones, me dirigiría a los barrios de Rotermanni y de Kalamaja, ambos fuera de las murallas medievales y antiguas zonas industriales que han experimentado una profunda transformación y modernización y cuentan con restaurantes y bares más modernos.
Después de todo esto, ¿quién dijo que a Tallin sólo se va un día o una sola vez? Escribir este artículo me ha despertado muchos recuerdos y, sobre todo, muchas ganas de regresar a Tallin y poder conocerla más y mejor, al mismo tiempo que recorrer Estonia.
Para terminar, dejo enlazadas las web oficiales de Turismo de Tallin (en inglés) y de Estonia.
***
Lee el resto de artículos de este viaje y otros relacionados:
- Recorrido por los mejores ejemplos de arquitectura soviética en las ciudades de la antigua URSS
- Viaje por las capitales del Norte de Europa
- Descubre Estocolmo: Gamla Stan, Ayuntamiento y otros puntos de interés imprescindibles
- Helsinki: recorrido por la capital de Finlandia durante dos días
- San Petersburgo: centro histórico y joyas artísticas
- Moscú: Kremlin, Plaza Roja y otros puntos imprescindibles
- Recorrido por los mejores ejemplos de arquitectura soviética en las ciudades de la antigua URSS