En el verano de 2021, hicimos un recorrido de algo menos de dos semanas por las tres principales ciudades vascas, así como por los pueblos más bonitos de la costa.
De San Sebastián y Pasaia Donibane ya hablé hace algunos meses, ahora me gustaría hacerlo del resto de pueblos y lugares que vimos en la provincia de Guipúzcoa. Para este trayecto, nos alojamos tres noches en San Sebastián, donde visitamos la propia ciudad, Pasaia Donibane, Zarauz y Hondarribia; para las demás, nos quedamos en un pequeño hotel del interior, pero cercano a Guetaria.
Nos movimos en coche, dando preferencia a la antigua nacional, la N-634, que va por la costa uniendo San Sebastián y Santiago de Compostela y que, sin duda, es una de las carreteras con más encanto.
Como curiosidad, Guipúzcoa es la provincia más pequeña de España y, pese a ser la vigésimo tercera en población, es la cuarta en densidad de población, viviendo más de la mitad de los habitantes en el área metropolitana de San Sebastián.
Hondarribia y su casco medieval
Piedra, balcones de colores y con flores, casas señoriales, palacios y justo al lado de Francia, tan solo separada del país vecino por el río Bidasoa, que hace de frontera natural.
Hondarribia es la ciudad amurallada mejor conservada de la provincia, algo normal teniendo en cuenta su gran valor estratégico, tanto para el Reino de Navarra como para Castilla y, dada su ubicación, ha sido asediada en varias ocasiones a lo largo de los siglos.

Entramos por la Puerta de Santa María, una de las principales entradas de la villa y paseamos por la calle Mayor, donde nos reciben escudos de armas y balcones de hierro forjado. En esta calle se encuentran el edificio barroco donde se ubica el Ayuntamiento, Casadevante, donde se negoció la tregua del sitio de 1648 y la casa de Zuloaga.
En paralelo, transcurre la calle del Obispo, la más antigua de la villa, que nos lleva a la iglesia de Santa María de la Asunción y del Manzano, construida sobre fragmentos de murallas anteriores. Es de estilo tardogótico, aunque tiene elementos renacentistas y barrocos, además de lucir el escudo primitivo de la ciudad.
Enseguida llegamos a la plaza de Armas que servía como escenario de proclamaciones, corridas de toros y otros festejos y que hoy acoge el Castillo de Carlos V que, pese a que su construcción comenzó en el siglo V se erigió como fortaleza medieval en el 1200. Desde 1968 es Parador de Turismo. Desde esta plaza, se tiene una visión privilegiada de los edificios tradicionales de Hondarribia, cada uno de un color diferente.

La calle de San Nicolás es una de las calles nobles, donde vemos casas de plantas bajas de sillería, artesonados en madera y dinteles de orfebrería. En la calle de Juan de Laborda se ubica la casa de los Eguiluz en la que, según la leyenda, se alojaron Juana y Felipe el Hermoso, cuando regresaban a Toledo desde Bruselas para ser declarados príncipes herederos.
Por cierto, nosotros comimos en un pequeño restaurante, alejado del centro histórico, del que todavía recordamos las croquetas de txangurro.
Zarautz y su famosa playa
Si por algo es conocido Zarautz es por su playa. Un arenal de 2 km de largo que lo convierte en uno de los mejores del Cantábrico y que enamoró a Isabel II, que mandó construirse un palacio, y a Joaquín Sorolla.
Se trata de una villa bastante turística, lo que se traduce en complicaciones para aparcar, mucha gente por todas partes y, como ya conté, problemas para encontrar donde comer si no has reservado.
Me temo que la mayoría de los visitantes acuden por la playa y sus encantadoras casetas de rayas azules y blancas, pero Zarautz tiene también un pequeño casco histórico donde destaca el conjunto arqueológico de Santa María la Real que acoge los cinco siglos de ocupación romana y una torre del siglo XV, el edificio más antiguo de la villa. También ser pueden ver otros puntos de interés, como el Convento del Buen Pastor de las Carmelitas Descalzas o el Palacio de Narros. En la web oficial de turismo de Zarautz quedan enumerados todos estos lugares y se organizan visitas guiadas.
Guetaria, una de las villas más antiguas
Guetaria fue el lugar natal del marino Juan Sebastián Elcano, por lo que es fácil intuir que es un pueblo con mucha historia, no en vano es una de las villas más antiguas de la provincia. También fue el lugar natal del modisto Cristóbal Balenciaga, hijo ilustre de la localidad, siendo aquí donde se ubica el Museo Balenciaga.
Es un pueblo tradicionalmente marinero, con un puerto pesquero lleno de vida y encanto, en el que se forma una diminuta playa.
Destaca en el “skyline” la iglesia de San Salvador, del siglo XIV y declarada Monumento Nacional, y que celebró en 1347 las primeras Juntas Generales de Guipúzcoa. Se cree que Elcano fue bautizado aquí y encontramos una lápida en el suelo con su nombre, aunque no creo que sea su sepulcro ya que murió en el Pacífico.

Lo mejor que se puede hacer por Guetaria es perderse por las calles del casco antiguo y disfrutar de un buen pescado a la parrilla con un txacolí con denominación de origen local. Eso sí, ten en cuenta que es un lugar muy turístico, así que se previsor y no vayas a la aventura si tu intención es comer allí.
No te puedes ir de Getaria sin dar un paseo por el monte de San Antón, más conocido como el Ratón de Guetaria debido a su forma. Se trata de un parque natural en el que sólo se escucha el mar y el viento. Es un auténtico remanso de paz.
Zumaia, Deba y Mutriku, playas, acantilados y trazado medieval
La villa de Zumaia es conocida, principalmente, por dos aspectos: la ermita de San Telmo y por formar parte de la ruta del Flysch, junto con Deba y Mutriku, de la que hablaré un poco más adelante.
En su bahía confluyen los ríos Urola y Narrondo y, pese a que el casco histórico no nos impresionó tanto como los anteriores, no está de más darse una vuelta para comprobar que conserva el trazado medieval y visitar la iglesia gótica de San Pedro, que tiene aspecto de fortaleza.

Nos ponemos en camino hacia la ermita de San Telmo, ya fuera del centro histórico y encima de la playa de Itzurun, una de las que más me han gustado. La ermita está dedicada al patrón de los marineros y, pese a que no pudimos entrar, en el interior se conserva un retablo rococó del siglo XVIII. En este caso, recomiendo encarecidamente, sentarse en silencio y disfrutar del mar en una de las localizaciones más bonitas de la zona. Por cierto, fue uno de los escenarios de Ocho apellidos vascos.
Deba, quizás el menos conocido de la terna, presume de playas y acantilados, así como de la iglesia de Santa María, una obra maestra del gótico.
La villa de Mutriku fue fundada en el siglo XIII y aún conserva su trazado medieval, con estrechas y empinadas calles que recogen palacios y torres de los siglos XV, XVI y XVII. Fue el lugar de nacimiento de los marinos Antonio Gaztañeta y Cosme Damián Churruca, héroe de la batalla de Trafalgar y al que se le dedica un monumento cerca de la plaza principal.
Cerca de esta plaza se encuentran más lugares de interés, como la neoclásica iglesia de la Asunción o los palacios Galdona, Zabiel y Montalibet. El centro está catalogado como Conjunto Monumental.

Mutriku tiene, además, un puerto que es difícil que no te guste: pequeño, recogido, enclavado entre montañas. Una delicia pasear por allí.
Por cierto, el centro está lleno de tabernas y restaurantes que suele estar hasta arriba. Si te quieres garantizar la comida, reserva, especialmente si vas en temporada alta, que no te pase como a nosotros…
Geoparque de la Costa Vasca: la Ruta del Flysch
Los municipios de Zumaia, Deba y Mutriku forman parte del Geoparque de la Costa Vasca que, a su vez, forma parte desde 2010 de la Red Europea y Red Mundial de Geoparques y, desde 2015, fue declarado Geoparque Mundial de la UNESCO. Con esta carta de presentación, visitar este geoparque era un imprescindible.
Los 13 kilómetros de acantilados que lo componen están formados por unas capas de roca llamadas Flysch que muestran más de 60 millones de años de la Tierra.
El Geoparque se puede visitar de dos maneras distintas. Cuando la marea está baja, paseando por la playa y viendo los espectaculares cortes de la roca sobre la arena. Cuando la marea está alta, el recorrido se hace en barco. Es verdad que nos perdemos estas agujas rocosas, pero ganamos al ver cómo el mar choca con los acantilados y, desde la distancia, las distintas capas y colores se aprecia con mayor claridad.

Nosotros hicimos la visita guiada en barco y fue todo un acierto, no teníamos preferencia, sólo cuando nos encajó y había sitio, porque son visitas bastante demandadas.
Os comparto la web del Geoparque de la Costa Vasca en la que, además de ver las visitas disponibles, tienen mucha información de actividades al aire libre y rutas que se pueden hacer a pie.
Oñate y el Santuario de Aránzazu
La villa medieval de Oñate es la única población guipuzcoana no costera que visitamos en este viaje y llegamos aquí por casualidad, ya que no estaba incluida en el planning original, hasta que una tarde en la que queríamos salir de Bilbao y volver a ver verde, la puso en el mapa, y no nos arrepentimos.
Oñate fue una Villa de Señorío que pasó a ser condado. Fue aquí donde se fundó la primera universidad del País Vasco, en 1543. Lugar de nacimiento del conquistador Lope de Aguirre, más conocido como la Cólera de Dios. Además, villa admirada, ya que el pintor Ignacio Zuloaga se refería a ella como la “Toledo vasca” y, después de conocer ambos lugares, razón no le faltaba.

El patrimonio de esta villa es enorme, aunque se recorre fácilmente. En sus calles y plazas podemos encontrar distintas casonas y edificaciones civiles, como la casa- torre Zumeltzegi, construida entre los siglos XIII y XIV; el Palacio Lazárraga o la plaza de Santa Marina, del siglo XII, en la que destaca la fuente central y tres palacios.
El edificio de la Universidad Sancti Spiritus es una joya del Renacimiento con una fachada plateresca, un artesonado mudéjar y un claustro típico de este tipo de construcciones. ¡No te la puedes perder!
También se puede visitar la Parroquia de San Miguel, del siglo XV, que destaca por varios aspectos, como el retablo plateresco, la Capilla de la Piedad, el conjunto funerario más rico del País Vasco o el altar mayor, de estilo churrigueresco, siendo el claustro lo que más llama la atención por estar construido sobre un río.
Nosotros dedicamos poco tiempo a este pueblo y nos arrepentimos bastante porque, al llegar, pocos lugares quedaban abiertos. Además, nos encontramos con pocos turistas, por no decir que éramos los únicos, pero no puedo garantizar que siga habiendo la misma tranquilidad.

Muy cerca de Oñate se ubica el Santuario de Aránzazu, una basílica de los años 50, en la que destaca la fachada de Jorge de Oteiza con tres torres de forma puntiaguda. Las puertas de hierro son de Eduardo Chillida y, tras cruzarlas, encontramos un retablo de 600m2 obra de Lucio Muñoz.
Merece la pena bajar hasta la cripta para ver las pinturas de Néstor Basterretxea que muestran las evolución del ser humano y a Cristo resucitado.
En algún sitio he leído una comparación entre la basílica de Aránzazu y la de Covadonga. No puedo compararlas en términos espirituales, sin embargo, arquitectónicamente no tienen nada que ver, mejor lee antes de visitarla para no llevarte una decepción.

Os dejo la web de turismo de Oñate con mucha información práctica.
Soy consciente de que la provincia de Guipúzcoa tiene muchos más lugares de interés que no pudimos visitar por falta de tiempo, como el Museo de Chillida, el Parque Natural de Aralar, el de Aizkorri- Aratz o el Santuario de Loyola. Pero ¿quién dijo que a Guipúzcoa se va una sola vez?
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Soy consciente de que algunos nombres los he escrito en castellano y otros en vasco. El único criterio que he utilizado es el cómo nos referíamos a un determinado lugar mientras que estábamos de viaje o como me sigo refiriendo a él.
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