El recorrido por Sudáfrica ha llegado a su fin. Un viaje que me ha quitado la espinita de volver a África, de escaparme lejos de casa, de hacer otro safari, de perder la noción del tiempo y los días.
De manera rápida y sin apenas desarrollar, puedo afirmar que me ha gustado y que Sudáfrica está en lo más alto de países que me han vuelto loca. Me ha parecido un destino muy completo, combinando a la perfección safaris, paisajes que quitan la respiración, senderismo y turismo cultural.
Con esto último no quiero llevar al engaño a nadie, no creáis que la arquitectura de sus edificios deja anonadado o que encontraréis museos de primer orden mundial. No. Os esperan ciudades vibrantes, de aspecto anglosajón (aunque con mejor tiempo) y mucha historia a sus espaldas. Historia reciente que gira en torno al apartheid y a la figura de Nelson Mandela.
Itinerario de dos semanas por Sudáfrica y Esvatini
Tras salir de Madrid, hacer una brevísima escala en Estambul y pasar la noche en vuelo, aterrizamos pronto por la mañana en Johannesburgo.
Sin tiempo que perder pusimos rumbo a Soweto, uno de los principales townships sudafricanos, donde hicimos una visita guiada por la zona, que incluía el Museo de Hector Pieterson y la Casa Museo de Nelson Mandela. Soweto, sobre todo, sirvió para darnos de bruces con la cruda realidad y pobreza de miles de personas.

Tras hacer noche en un hotel de la ciudad, partimos al cañón del río Blyde, llegando por la conocida como Ruta Panorama, una carretera panorámica que hace honor a su nombre. La tarde la pasamos disfrutando de la impresionante garganta de Graskop.
Hicimos noche en las inmediaciones y, con un madrugón de los que marcan, comenzamos la actividad principal del viaje: un safari de tres días en el Parque Nacional de Kruger.
El Parque Kruger es la mayor reserva de animales de África austral y, junto a la Amazonía, aquí se localiza la mayor biodiversidad mundial, incluido el famoso big five. Desde primera hora de la mañana, salieron a nuestro paso elefantes, hienas, leopardos, leones, búfalos, kudus, cebras, jirafas, ñus y montones de aves de vivos colores. Impresionante.

Con algo de pesar, salimos del Parque Kruger, dejando Sudáfrica atrás y cambiamos de país. Entramos en la desconocida Esvatini. Aquí sólo vamos a pasar una noche, pero tenemos un objetivo principal: avistar al esquivo rinoceronte blanco. Una de las especies más amenazadas por riesgo de extinción, aquí viven en reservas totalmente protegidas de los furtivos.
Y, por cierto, ¡objetivo cumplido! Estar tan cerca de un animal tan inmenso e impresionante, de verdad, deja sin palabras.
Tras hacer noche en un campamento de una reserva privada, volvemos a cruzar la frontera, y ponemos rumbo a la costa pacífica. Nos dirigimos al pueblo costero de St Lucia, en el borde del Parque Humedal iSimangaliso, un área protegida con cinco ecosistemas distintos. Primero, montamos en barca para ver hipopótamos, después, hacemos un safari en un terreno muy especial, ya que la vegetación nace de la arena de la playa.

Cambiamos la costa por el interior, en concreto por la cordillera de Drakensberg, frontera natural entre Sudáfrica y Lesoto. Un día de descanso para coger fuerzas ante el reto que nos espera: un trekking por el Parque Nacional de Royal Natal.
Tras el machaque de piernas, regresamos a Johannesburgo para coger un avión que nos lleve a Ciudad del Cabo, la última etapa.
Aquí pasaremos varias noches, aprovechando los días para conocer los alrededores y hacer actividades como salir a navegar por la costa con la intención de ver (y escuchar) a las ballenas francas australes, ya que es la época de cría y se quedan en aguas más cálidas.

También recorrimos la península del Cabo, en una de las carreteras más bellas que recuerdo. Pasando por rincones de ensueño, viendo a pingüinos en Boulders Beach y llegando al mítico cabo de Buena Esperanza.
Después de todas estas emociones toca volver a hacer la maleta, pero esta vez, para regresar a casa.
Valoración del viaje por Sudáfrica
Me ha parecido un itinerario muy completo, tocando los principales puntos de interés de este país, aunque como es obvio, algo se tiene que quedar pendiente.
En el caso de que el itinerario hubiese contado con más días, hubiésemos cruzado a Lesoto, donde nos esperaría un país muy montañoso con otro trekking rompepiernas. Además, el trayecto entre Johannesburgo y Ciudad del Cabo no hubiese sido en avión, sino por carretera, haciendo parada en más parques nacionales. Con lo que me gustan los safaris, no me hubiese importado lo más mínimo. De hecho, haber pasado algún día más en el Parque Kruger hubiese sido una maravilla.

Sin duda, me hubiese gustado tener un día más para conocer más en profundidad Ciudad del Cabo. Pese a no ser una de las ciudades más seguras del mundo, en horas diurnas y por el centro no tiene por qué haber mayor peligro. Ese día adicional lo hubiese empleado para visitar Robben Island y la cárcel en la que pasaron tantos años prisioneros políticos, como Nelson Mandela.
Resultó imposible visitar este enclave, ya no solo por la falta de tiempo, sino porque la cárcel permanecía cerrada a los turistas por tareas de mantenimiento. Lo peor de todo es que reabría pocos días después de irnos, cuando acababa el invierno austral y comienza la primavera.
Otro punto que me hubiese gustado ver es la Garden Route, una carretera panorámica que bordea la costa sur y, entre otros, llega al cabo de las Agujas, el punto más meridional del continente africano. Sé que es una tontería, pero me encantan todos esos puntos geográficos clave. ¿Volveré a Sudáfrica para verlo? No tengo respuesta.

En cualquier caso, no siempre podemos tener las vacaciones que queremos y una semana más se paga bien cara, así que me quedo con el buen recuerdo de estas dos semanas muy cañeras en uno de los países que más me han gustado.
Seguridad y sanidad en Sudáfrica
No nos engañemos, el tema de la seguridad es uno de los que más me preocupaba antes de viajar. Aunque sabía que al ir con una agencia la situación podía estar bajo control, no siempre se puede tener todo absolutamente controlado.
En los días previos a la llegada a Ciudad del Cabo, no hubo mayor problema. En Johannesburgo no nos dejaron solos por la ciudad y la visita por Soweto era acompañados de un guía local, así que no hay nada que temer.
En Ciudad del Cabo la cosa cambiaba porque sí que tendríamos tiempo libre. Si te mueves dentro del Waterfront, sigue las mismas precauciones que tendrías en cualquier ciudad europea. Hay policía y seguridad privada, así que a relajarse y disfrutar.

El problema está en todo lo que no es el Waterfront, que no es poco. A nuestra guía no le hacía mucha gracia que estuviésemos campando a nuestras anchas por allí, pero ¿qué íbamos a hacer? ¿Quedarnos en el hotel? Esa no es una opción.
No sé si nos metieron algo de miedo, que puede ser, o que había leído que hay que tener cuidado con las pertenencias, sin embargo, me terminé dejando convencer para hacer la visita a la ciudad en un autobús turístico. La experiencia no me gustó nada, espero no tener que repetirla nunca más, aunque era la única manera que veía factible para salir a “recorrer” las calles de esta ciudad.
Lo que sí que tengo que admitir es que pasamos por algunas zonas del centro en las que hay bastantes mendigos y sintecho, lo que genera sensación de inseguridad. Cuando estuvimos por el barrio de Bo- Kaap, sacaba la cámara lo estrictamente necesario antes de volverla a guardar en la mochila. Por el contrario, en zonas de mayor poder adquisitivo, tanto de Ciudad del Cabo como de Johannesburgo, impresiona ver casas unifamiliares cercadas por vallas electrificadas. El contraste es abismal.

Había leído testimonios de gente que sí que llegó a tener algún percance y otros que, viajando por libre, confesaron haber pasado miedo. Mi consejo es que leas las recomendaciones de seguridad del Ministerio de Asuntos Exteriores, leas blogs de gente que lo ha hecho por libre y, sobre todo que, si tienes dudas, no lo hagas. Hay tours y autobuses para recorrer la ciudad y, pese a saber que no es la mejor manera, sí es la más segura. No merece la pena hacerse el valiente.
Respecto a la sanidad y las vacunas necesarias, consulta la web del Ministerio de Sanidad, que tiene información actualizada en todo momento.
Yo sólo tuve que tomar el Malarone (profilaxis para la malaria) debido a los días que pasaríamos en el Kruger. En cualquier caso, ya tengo las vacunas de hepatitis A y B y la de la fiebre amarilla, para las que no son necesarias dosis de recuerdo.
Gastronomía y precios en Sudáfrica
Uno de los puntos que más se valora en un viaje es la gastronomía, dicho esto, la sudafricana no pasará a los libros por su enorme calidad. Tiene influencia anglosajona, por lo que las hamburguesas están garantizadas.
También hay abundancia de carne y el pescado sólo lo comimos en los sitios de costa. Eso sí, Javi y yo aún recordamos la fritura y los calamarcitos que comimos en St Lucia. ¡Deliciosos!

No se trata de una comida especialmente variada y hay veces que, una ensalada es suficiente. Eso sí, por suerte para los que somos soperos, la sopa del día es una constante, sobre todo por la noche y, teniendo en cuenta que hacía frío, se agradece.
En los días que hicimos el safari en el Parque Kruger, como teníamos el servicio contratado, se come en las zonas habilitadas dentro del parque y puedes llevar tu propia comida. En este caso, eran los conductores los que la habían preparado y era comida que aguante bien varias horas en tupper y que sea rápida y fácil de comer.
Eso sí, si vas a Sudáfrica, no te vuelvas sin haber probado las mandarinas, ¡están riquísimas!

Respecto a los precios, en general, son bastante más bajos que en España, incluidos sitios muy turísticos como las tiendas de souvenirs del Parque Kruger. Paramos varias veces a comprar en supermercados y tanto la comida como la bebida me resultaron baratas.
En Ciudad del Cabo la cosa cambia, sobre todo en los restaurantes del Waterfront. Son más caros que otros que nos encontramos, más en línea de los de Madrid en estos momentos. Aquí sí que no queda otra que sacar la tarjeta.
Safari en Sudáfrica o en Kenia/ Tanzania
Tema peliagudo, lo sé. ¿Qué safari es mejor? ¿Dónde quiero ir para ver animales? Pues depende de lo que estés buscando.
Hablo desde mi experiencia, lo que no quiere decir que otras personas hayan vivido lo mismo que yo. En cualquier caso, yo centraría la decisión sobre ir a un país o parque en función de las expectativas que tengas.
Si tu objetivo es ver animales, sin duda, iría a Kenia y/o Tanzania. Estos países tienen pocos puntos turísticos al margen de los parques nacionales (vale sí, el Kilimanjaro, el lago Victoria o Zanzíbar, pero poco más), por lo que el viaje será una sucesión de reservas naturales en las que vas a ver animales de todo tipo constantemente. Es decir, te vas a hartar a ver leones, elefantes, cebras, ñus, impalas o hipopótamos, entre otros.

En resumen, un safari por Kenia y/o Tanzania es un “¿quieres sopa? Pues toma tres tazas.”
Por el contrario, Sudáfrica me parece un país más completo, con más puntos de interés al margen de los parques. Vamos a ver, puedes ir a Sudáfrica y dedicar una semana (o todos los días que quieras/ puedas) al Parque Kruger, al Addo, iSimangaliso o a cualquier otro y estaría genial, sin embargo, creo que te estarías perdiendo demasiadas cosas, a no ser que tengas muchos días disponibles y un presupuesto bastante holgado.
Por otro lado, es importante considerar los precios. Tanto en Kenia como en Tanzania, los precios son elevados, ya que es obligatorio hacer el safari con un ranger. Por el contrario, la peculiaridad de Sudáfrica es que puedes acceder a los parques nacionales con tu propio coche y las tarifas son asequibles.
Ya hablé en el post que dediqué al Parque Kruger de mi opinión sobre si merece la pena hacer el safari por libre o contratado, así que no me voy a repetir, aunque resalto que, económicamente, la diferencia es importante.

Por último, me gustaría comentar que en Kenia y Tanzania me parece más fácil avistar fauna por el propio ecosistema: es sabana y apenas hay matorrales y arbustos. Caso contrario al de Sudáfrica, que es sabana boscosa seca, es decir, hay un montón de matorral alto, lo que facilita que los animales estén “escondidos” y sea más complicado verlos.
Por si no fuera poco, a pesar de haberlo conocido durante el invierno austral, en las horas centrales del día, superábamos con creces los 30˚ lo que suponía que los animales estaban a cubierto.
No sé si te he sacado de dudas o te he generado más…
A quién recomiendo un viaje por Sudáfrica
¡A todo el mundo! Tanto si es tu primer viaje por el continente africano como si ya conoces otros países, no lo dudes y ve a Sudáfrica.
Un destino muy completo, sólo te costará decidir cuántos días estarás de safari en el Parque Kruger (que no es poco) y qué dejas fuera.
Sin ninguna duda, para mí, Sudáfrica ha sido uno de los países que más me han gustado, espero haberlo sabido transmitir en todos los artículos que he publicado.
Por cierto, no me gustaría terminar sin recomendar dos libros. Tanto si te estás planteando conocer Sudáfrica, como si ya lo tienes decidido o no está en tu lista, te recomiendo Prohibido nacer, de Trevor Noah, quien vivió el apartheid siendo niño e hijo de un blanco y una negra; y Vagabundo en África, de Javier Reverte, siguiendo sus pasos por distintos países africanos, entre ellos, Sudáfrica.
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