Como ya comenté al principio, Armenia es un país cómodo para alojarse en Ereván y, desde ahí, hacer escapadas de un día a distintos puntos de interés. Sin embargo, en determinadas zonas, no compensa el ir y venir, por lo que hacer noche en otro punto es recomendable. Uno de esos lugares es el Parque Nacional de Dilijan, pero antes de llegar, hacemos paradas en el lago Seván y el interesantísimo cementerio de Noraduz.
Vamos, que nos ponemos en marcha.
El cementerio de Noraduz
La primera parada antes de llegar al lago Seván, un cementerio que acoge desde khachkars del siglo X hasta tumbas actuales, haciendo un repaso por distintos enterramientos a lo largo de los siglos.
Se calcula que hay unos 728 khachkars, la mayor concentración en Armenia y cada uno diferente, no hay dos iguales. Los más antiguos datan del siglo X, aunque la mayoría de lo que vemos son de los siglos XVI y XVII.

Hay algunos que se confunden con rocas, otros están cubiertos de musgos y líquenes, en otros se ve claramente el grabado, que podía hacer referencia a la profesión del enterrado, en otros, tan sólo se intuye. Posteriormente, se empezaron a incluir cruces, de la manera más elaborada posible, con unos patrones geométricos asombrantes y, en los más tardíos, con una especie de tejadillo.
Desde luego, pasear tranquilamente por aquí es una gozada. Cuando estuve, no había turistas, así que el silencio era más que evidente. Se notaba el frío, que quedaba contrarrestado por ese sol de primeros días de la primavera y la estampa de los khachkars con el fondo de montañas nevadas es de las que permanecen.
Según nos vamos adentrando en el recinto, se ve la evolución de las tumbas. Se pasó de las pirámides escalonadas de la época precomunista, a otras más sencillas, con fotografías ovaladas del difunto.

Según la leyenda, cuando la zona estaba siendo invadida por la tropas de Tamerlán, los aldeanos colocaron cascos sobre las tumbas y las cruces, de manera que parecía que su ejército era inmenso, lo que hizo retirarse al invasor.
Me gustó mucho el cementerio de Noraduz, también aparece como Noratus, y no lo digo sólo como amante del turismo necrológico, sino también porque me parece que merece la pena dedicarle un rato si vas de camino hacia el lago Seván.
Monasterio de Hayravank
En la orilla sudoeste del lago, se ubica en lo alto de un pequeño promontorio el monasterio de Hayravank. Rodeado de khachkars y lápidas de un antiguo cementerio, de las murallas de una fortificación medieval y los cimientos de una población de la Edad de Bronce, además de distintos objetos (armas metálicas, ídolos de arcilla e incluso un barco) provenientes de distintas épocas. Casi nada.
La iglesia tiene forma de cuadrilóbulo, con cuatro ábsides semicirculares y una pequeña capilla añadida en el siglo X. El gavit se añadió en el XII. El patrón combina toba rojiza con otra de color gris, considerada uno de los primeros ejemplos de albañilería polícroma decorativa.

Pero, lo que más destaca del monasterio son las vistas: en la misma orilla del lago Seván.
Sinceramente, el monasterio de Hayravank no me parece un imprescindible. Si no tienes tiempo, ve directamente a Sevanavank; aunque este primero puede ser una estupenda manera de ir abriendo boca, sobre todo, si tenemos en cuenta que, al no ser conocido, lo más seguro es que lo visites en soledad.
El lago Seván, la perla del Cáucaso
Situado a 1900 msnm y con un área de 1240km2, estamos ante el lago más extenso del Cáucaso y uno de los lagos de alta montaña más grandes del mundo.
Cuando lo visitamos, tuvimos la inmensa suerte de que el tiempo acompañaba, el sol brillaba en lo más alto, lo que permitía que el azul celeste de las aguas luciese en su máximo esplendor cromático, con la nieve de las montañas de fondo. Una auténtica maravilla.

Durante la época soviética estuvo a punto de convertirse en otra catástrofe ecológica, como ocurrió con el mar de Aral, ya que se irrigó el río Hrazdán, provocando un descenso del nivel del agua de 20m. Además de introducir un tipo de pez que resultó ser una especie invasiva y que terminó generando sobrepesca. Una muestra más de que la estupidez humana no tiene límites.
Lo que sí se consiguió con este descenso de las aguas es dejar al descubierto casas, fuertes y distintos objetos con varios siglos de antigüedad, como pudimos comprobar en las inmediaciones del monasterio de Hayravank.
Durante las décadas de la URSS, el lago Seván, o lago Negro, era un popular destino de vacaciones. Durante esos días de vacaciones pagadas por el Estado, eran muchos los que venían a esta zona en la que el buen clima era un plus: playas, sol y la temperatura justa para no pasar ni frío ni calor.

De esta manera, se construyeron bastantes hoteles y residencias. Destaca la Casa de Escritores, construida por los arquitectos Gevorg Kochar y Mikael Mazmanyan, a los que se les encargó construir un hotel para el Sindicato de Escritores de la República Socialista Soviética de Armenia. Situada en parte baja de la ladera de la península de Seván, este edificio escalonado de cuatro plantas, al que después se añadió otro más para la recepción y el comedor con forma de platillo volante tuvo sus mejores años hace ya unas cuantas décadas.
No sólo disfrutaban de este entorno las élites intelectuales, sino que a lo largo de la orilla se fueron construyendo distintos hoteles, en muchos casos, de dudoso gusto soviético, habiendo quedado abandonado la gran parte. Y eso que sigue siendo uno de los destinos predilectos en las vacaciones de los armenios. El sinsentido de la construcción que asola demasiados países.

Sevanavank, el monasterio en un entorno privilegiado
Pese a que ya has visto demasiados monasterios en Armenia, hay uno que tiene que estar indudablemente en el listado: Sevanavank, o monasterio negro.
Construido a partir de tres iglesias (Surp Astvatsatsin -iglesia de la Santa Madre de Dios-, Surp Arakelots -iglesia de los Santos Apóstoles-, y una de la que sólo quedan ruinas) sobre un antiguo templo pagano y en lo que realmente era una isla, que más tarde se unió a la orilla a través de un istmo artificial convirtiéndose en la península de Seván.
Esta isla permaneció inhabitada hasta el siglo VIII, cuando un grupo de monjes construyeron una capilla y un grupo de celdas. En el año 874, el rey Ashot I y su hija Mariam fundaron aquí el monasterio, con intención de que se convirtiese en un centro de peregrinos y lugar de nobles que habían caído en desgracia.

En monasterio mantuvo su actividad hasta 1930, cuando lo abandonó el último monje que lo habitaba y, desde entonces, se utiliza como retiro veraniego para seminaristas. Con este último dato, podríamos pensar que es un sitio vacío, inhóspito, que invita a la reflexión. Pues no: es uno de los más visitados de Armenia, especialmente en verano.
Paramos en el parking, conseguimos atravesar la multitud de puestos en los que venden todo tipo de souvenirs y comenzamos la ascensión hasta el monasterio. Ascensión porque desde el parking hasta la meta hay varios centenares de escalones. Coge aire porque lo vas a necesitar, que allá vamos.

Una vez que hemos alcanzado lo más alto, el entorno compensa con creces el esfuerzo. Las dos iglesias que quedan en pie nos reciben, por un lado y, al otro, el turquesa de las aguas del lago que, si no fuese por la nieve que aún queda en las montañas, se confundiría con el azul del cielo.
Las dos iglesias son similares entre sí: de planta cruciforme y tambor octogonal y un interior iluminado tan solo por velas y la escasa luz que entra por la puerta. Entramos a Surp Arakelots, sin decoración, un altar sobrio, la negrura de la toba es la protagonista.
Hay un detalle en el que conviene fijarse: el khachkar que representa a Jesús crucificado, algo bastante insólito, y que posee una larga melena recogida en una trenza y rasgos mongoles. Según la leyenda, esto se hizo para evitar que el ejército mongol se viese reflejado en la figura y no destruyese las iglesias y lo que en ellas había. Si fuese verdad, sin ninguna duda lo consiguieron.

De las dos iglesias, sólo pasamos a una, si no recuerdo mal, la otra estaba cerrada, pero sí que dedicamos más tiempo a disfrutar del entorno y a hacer fotos, antes de tener que volver a tierra firme y seguir nuestros pasos hasta el Parque Nacional de Dilijan.
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