El lago Titicaca en Bolivia: Copacabana, isla del Sol e isla de la Luna

Si digo Copacabana, a muchos de nosotros se nos viene a la mente Brasil y, en particular, Río de Janeiro: playas, mojitos, bailes y fiestas. Pero hay otra Copacabana, bastante más desconocida y, pese a estar orientada al turismo, no creo que tenga mucho que ver con el barrio carioca. Se trata de la Copacabana boliviana, a orillas del lago Titicaca que, sin duda, se ha convertido en uno de los lugares que más me han gustado.

Tras los sustos continuos que nos llevamos recorriendo la Carretera de la Muerte y el descanso de Coroico, regresamos a La Paz por la tarde, para hacer una noche y volver a coger carretera, esta vez, en dirección norte, hacia el lago Titicaca, donde estaríamos dos noches, la primera en Copacabana y, la última, en la Isla del Sol.

El lago Titicaca visto desde la isla del Sol, en Bolivia

Antes de describir cómo fueron estos días y lo maravilloso del entorno, vamos a dar algunos datos generales de la zona.

Algunos datos y un poco de historia del lago Titicaca

Esta enorme masa de agua, de 8400km2 y a una altitud media de 3.812 msnm, es frontera natural entre Bolivia y Perú. Tiene una profundidad media de 107m, aunque suele aumentar durante el verano austral. Eso sí, bañarse es sólo para los valientes porque la temperatura promedio anual es de 10˚C.

Está formado por dos cuerpos de agua, separados entre sí por el estrecho de Tiquina y se trata el lago navegable más alto del mundo, además de ocupar la posición 24˚ mundial por superficie.

El lago Titicaca está asociado a los pueblos preincaicos y su mitología, ya que creían que el sol y su dios- rey, Viracocha, habían emergido desde sus aguas. La cultura tiahuanacota, ya conocidos para nosotros, dominaba la zona en el año 45 a.C., construyendo centros ceremoniales. Según el cronista Inca Garcilaso de la Vega (no confundir con el poeta español del Siglo de Oro), la leyenda sobre el origen de los incas está relacionada con la espuma de las aguas del lago y ésta misma considera que la isla del Sol fue el lugar de donde emergieron los fundadores del reino de Cuzco.

Navegando en un barco de totora, al atardecer, en el lago Titicaca. ¿Se puede pedir algo más?

Dejando las leyendas de lado, se sabe que las orillas del lago han estado habitadas, aproximadamente, desde el 1500 a.C.

Copacabana fue fundada por el emperador Tupac- Yupanqui como una simple parada destinada a los peregrinos que visitaban el sepulcro Titi Khar’ka (Puma de Piedra), situado en la isla del Sol y donde se hacían sacrificios humanos.

Los incas dividieron en dos a la población local, en función de su lealtad al poder: los leales, conocidos como haransaya, ostentaron cardos de poder; a los hurinsaya, los que se resistieron, se los destinó al trabajo manual. Como esta división iba en contra de la cultura aimara, no se tardó en rechazar la religión inca y adoptar la cristiana, erigiendo, de esta manera, el santuario de Copacabana.

De las islas del Sol y la Luna hablaré en sus respectivos apartados.

Desde La Paz hasta Copacabana cruzando el estrecho de Tiquina

La Paz y Copacabana están separadas por 155km en carretera, en un trayecto que puede llegar a las 4 horas. En nuestro planning, visitábamos primero Tiahuanaco y, después de comer, partíamos hacia el lago Titicaca.

Cruzando el estrecho de Tiquina

Cuando llega ese momento en el que, a través de la ventanilla se pueden vislumbrar las aguas del lago, rodeadas de altísimas montañas, con la luz del sol cayendo. Qué pena no poder parar para admirar el entorno durante un rato. Lo malo es que, si parábamos, se haría de noche sin que hubiésemos llegado a Tiquina, donde podríamos disfrutar de la visión mucho más.

Sin embargo, César nos tenía reservada una sorpresa: dado que sabía que llegaríamos de noche, un barco de totora nos estaba esperando para darnos una vuelta por el lago.

La totora es un tipo de planta acuática autóctona con la que, entre otros usos, se fabrican barcos desde tiempos inmemoriales. Es verdad que los barcos de hoy en día son algo más modernos (y adaptados al turismo) que los de hace siglos, obvio, no obstante, como actividad, es alucinante: no todos los días se tiene la oportunidad de navegar en un lago tan mítico.

Imágenes en el lago Titicaca, Bolivia

En pleno momento del atardecer, con las banderas ondeando las viento, ese silencio que se consigue cuando todo el mundo prefiere sentir y vivir antes que hablar. Aunque el paseo fue corto, las imágenes permanecen. Sin estar cerca de ninguna población, ni islas del lago cercanas, ni separarnos en exceso de la orilla, fue un momento mágico.

Por desgracia, tuvimos que regresar para seguir nuestro camino hasta San Pablo de Tiquina. Esta población está en uno de los lados del estrecho y no hay mucho más que hacer que esperar a embarcar para cruzar el estrecho. Lo bueno de esta población es que tiene lo indispensable que un turista (tanto nacional, la mayoría, como internacional, nosotros y poco más) pueda necesitar: baños públicos y algún que otro hotel y restaurante.

El cruzar el estrecho se hace en dos tiempos. El primero en un barco- taxi, para el que hay que comprar un billete y que une San Pablo de Tiquina con su homóloga en el otro extremo, San Pedro de Tiquina. Este barco es tanto para locales como para turistas: compras tu billete y montas en el primer barco que haya disponible, eso sí, teniendo en cuenta el aforo máximo, es decir, nosotros lo llenamos casi al completo.

El segundo tiempo es para el autobús, y es que los vehículos pueden cruzar el estrecho montados en unas barcazas enormes y, sorprendentemente, ¡flota! Dado que un pequeño trozo de terreno es Bolivia, sería imposible entrar por la otra orilla sin tener que atravesar por Perú.

San Pablo de Tiquina, visto desde San Pedro de Tiquina

Cuando llegamos a San Pablo ya es de noche, no podemos apreciar como nos hubiese gustado la puesta de sol cayendo sobre el agua y las montañas, comprobar lo cerca que están las dos orillas o el entorno natural. Por suerte, nos podemos desquitar un par de días más tarde cuando hicimos el trayecto inverso y cruzamos desde San Pedro de Tiquina a una hora temprana por la tarde.

Ya en la otra orilla, nos toca esperar a que lo haga el autobús. Es completamente de noche y no nos alejamos demasiado del muelle. Cuando por fin nos ponemos en marcha, tenemos por delante un trayecto de una hora, más o menos, hasta Copacabana.

Aburridos de llevar sentados tanto tiempo, las luces de la ciudad se comienzan a ver en la distancia. Lo único que brilla en una noche tan cerrada. Cada vez nos queda menos para llegar.

Copacabana, la ciudad del lago Titicaca

Esta pequeña ciudad a orillas del lago Titicaca, en la que viven unas 15.000 personas, es el mayor centro religioso del país y de la zona, ya que no son pocos los coches matriculados en Perú los que cruzan la frontera para ser bendecidos en el santuario.

Desde mi punto de vista, no hay mucho que ver en la ciudad, pero sirve de base para visitar el lago Titicaca y las islas, así como aprovechar para hacer algunas compras o elegir en qué restaurante comer, porque sí, al ser núcleo turístico, los hay para todos los públicos.

La vida de la ciudad fluye entorno a la plaza 2 de febrero y a la avenida 6 de agosto, que la recorre de este a oeste, uniendo la basílica y el lago. Como consejo, si llegas a esta avenida desde la del 16 de julio, la mayoría de restaurantes están a la izquierda, es decir, en dirección al lago. Por el contrario, si vas hacia la derecha, es decir, hacia la basílica, no encontrarás mucho, salvo alguna que otra tienda, eso sí, el escenario y las imágenes que se ven son mucho más auténticas que los restaurantes turísticos.

Nosotros giramos hacia la basílica porque había que tomar una decisión y, como íbamos con tiempo, no nos arrepentimos porque callejeamos y volvimos por la calle Jáuregui, la paralela, y después de lo que nos encontramos, nos alegramos de habernos “equivocado”.

Tras cenar en un restaurante donde nos trataron de lujo (ya hablaré en otro post sobre la gastronomía boliviana), regresamos al hotel. A la mañana siguiente salíamos a primera hora para embarcar y visitar la isla del Sol y la de la Luna. A Copacabana volvimos dos días más tarde, cuando aprovechamos para visitar la basílica.

Es imposible no fijarse en la basílica de Copacabana. Inmensa, blanca, de estilo mudéjar, construida en 1550. Hay que fijarse en las puertas de la entrada, talladas en madera y que cuentan la historia sobre cómo llegó la talla de la virgen.

Basílica de Copacabana, en Bolivia

Dentro nos espera el camarín de la Virgen de Candelaria, tallada por Francisco Yupanqui, nieto de Tupac- Yupanqui (el fundador de la ciudad, como hablábamos anteriormente). La figura no ha salido nunca del edificio ya que se cree que cualquier perturbación produciría una inundación.

En el museo de la catedral se exhibe una reproducción exacta de la Virgen que es la que se saca en procesión.

Cuando nosotros estuvimos, como era domingo, coincidimos con una celebración religiosa. Como decía, muchos coches se concentraban en la plaza 2 de febrero y en las calles adyacentes, engalanados con guirnaldas, flores y lazos esperando su turno para ser bendecidos con agua bendita. Desde luego, fue todo un espectáculo.

Coche «vestido» esperando a ser bendecido en la Basílica de Copacabana, Bolivia

Como curiosidad, en Copacabana se halla la única playa pública de toda Bolivia. No vimos a muchos bañándose, aunque sí que se juntan para pasarlo bien, jugar al fútbol o alquilar patines de agua o piraguas. Definitivamente, si vas a Copacabana, ¡que sea en domingo!

Sinceramente, no hay mucho más que ver, pero cerca se puede visitar la Horca del Inca, un observatorio astronómico preincaico que señala el año nuevo aimara; las ruinas del cerro Kopakati o el cerro Calvario, que se ve perfectamente desde la basílica.

Cuando salíamos de Copacabana, lo hicimos por la Ruta Nacional 2 y paramos en uno de los miradores, donde se tienen unas vistas impresionantes de la ciudad y el lago, además, se ven restos del antiguo camino del inca. Cuidado, no confundirlo con el Camino Inca, que une Cuzco con Machu Pichu, ya que el camino del inca es el nombre que recibe el complejo de caminos que suponían la red viaria del Imperio Inca, todos ellos vinculados con Cuzco.

Copcabana y el lago Titicaca desde las alturas

Mientras que escribo esto, no puedo dejar de preguntarme si existe el dicho “todos los caminos llevan a Cuzco”.

Las islas bolivianas del lago Titicaca

El lugar donde se aprecia el máximo de belleza del lago Titicaca es en alguna de sus islas. Cuando se ha conseguido dejar atrás el ruido, los restaurantes turísticos y el ajetreo de Copacabana, con agua de por medio, se llega a un punto en el que parece que se ha detenido el tiempo.

Pequeñas islas, no todas habitadas, en las que la población está unida a la tierra y a las tradiciones, donde se hacen rituales para tener el favor de la Madre Tierra Pachamama y en las que, como era de esperar, cada vez se vive más del turismo.

Entre las principales islas pertenecientes a Bolivia del lago podemos mencionar la del Sol, la Luna, Suriqui, Kalahuta y Pariti.

El lago Titicaca desde la isla del Sol en Bolivia

Los habitantes de Suriqui son conocidos por construir embarcaciones de caña para rutas transoceánicas. La isla de Kalahuta sorprende por sus restos arqueológicos prehispánicos, que incluyen chullpas de origen aimara de 3m de altura. La isla de Pariti fue uno de los centros ceremoniales tiahuanacotas más importantes y en la actualidad alberga un museo arqueológico con piezas encontradas allí mismo de las civilizaciones de Tiahuanaco y Chiripa.

La isla del Sol, donde nació el Imperio Inca

La isla del Sol, con una superficie de 14,3km2, es la más grande del lago. Su nombre original era isla Titicaca, dando nombre al lago y considerada cuna del Imperio Inca ya que se cree que los fundadores nacieron aquí.

En la actualidad, los nativos se dividen en tres comunidades: Challapampa, en el extremo norte, Challa, en el centro este, y Yumani, en el sur. Y era en esta última zona en la que se ubicaba nuestro alojamiento: un ecolodge que, pese a las carencias que se pueden presuponer a un hotel en una isla sin apenas comunicaciones en el lago Titicaca, tenía con muchas comodidades.

Los vehículos de motor no están permitidos en la isla, pero hay una red de senderos que comunican muchos puntos y ruinas incas y es que, aunque sea pequeña, en esta isla se podrían estar fácilmente siete días, qué pena que sólo pudiésemos estar dos, porque fue de lo que más me gustó de todo el viaje.

El embarcadero al que llegamos en la isla del Sol en el lago Titicaca

Como sólo íbamos a estar una noche, nos recomendaron no llevar la maleta entera, sino una mochila con lo que realmente fuese necesario, teniendo en cuenta que la diferencia entre temperaturas máxima y mínima era considerable y el sol puede ser abrasador; además, al ecolodge llegaríamos a pie, desembarcando en un pequeño embarcadero, tras el que había que subir unas escaleras bastante empinadas. Con toda esta información, conviene ser práctico.

Salimos en barco por la mañana y, en lugar de parar en Yumani, la ciudad más cercana a Copacabana, seguimos hacia el norte, en concreto en el pequeño embarcadero que hay cerca de las ruinas de Chinkana y de la pequeña población de Challapampa.

Hemos tenido un largo trayecto en barco, en el que hemos aprovechado para bordear todo el lado este de la isla. La imagen es preciosa: aguas muy limpias, el verde de la isla, pequeñas casas de piedra, algunos restos de ruinas mayas, islotes que salpican el lago. Y, cuando crees que no puede mejorar, tenemos que desembarcar. Pasamos por un pequeño embarcadero de madera, de esos que no terminas de entender cómo se mantiene en pie. Hay una playa de una arena blanquísima que invita a bañarse, ¿seguro que no estamos en el Caribe?

Ruinas de Chinkana, también conocidas como laberinto del inca, en la isla de Sol de Bolivia

Ascendemos por el camino y podemos admirar una pequeña había desde las alturas. ¡Es una pasada! El entorno natural es de lo más bonito que he visto, qué pena que las fotos no hagan justicia…

Por cierto, moverse por cada una de las zonas de la isla del Sol no es gratis, sino que hay que pagar una entrada que da acceso a las ruinas de la zona en cuestión. Normalmente, alguno de los lugareños está esperando a los turistas en algún sitio clave o, simplemente, sentados bajo el sol: no están viendo la vida pasar, están esperando a cobrarte.

El primer punto que visitamos las ruinas de Chinkana, o laberinto inca. Estamos ante los restos de una edificación sin techo ni tejado, dividida en pequeñas estancias que están interconectadas por puertas, de ahí lo de laberinto. No está claro el uso que se le daban, aunque entre las opiniones más extendidas destacan la de centro ceremonial. Está en varios niveles y la visión del conjunto es espectacular.

No muy lejos de aquí se ubica la roca sagrada, también conocida como roca de los orígenes, uno de los lugares más sagrados para la cultura inca, ya que, según la leyenda, de una ranura de la roca surgieron Mama Ocllo y Manco Capac, fundadores del imperio. Cerca está la mesa ritual, que nosotros no visitamos, donde los sacerdotes ofrecían sacrificios al sol.

La roca sagrada de la que surgieron Mama Ocllo y Manco Capac, fundadores del Imperio Inca, en la isla del Sol, Bolivia

Continuamos bajando por el sendero, acercándonos a la pequeña población de Challapampa. El poblado está formado por pequeñas casas no muy lejos las unas de las otras. Encontramos algún ecolodge y algún pequeño restaurante. Desde luego, me parece una buena alternativa para alojarse, sobre todo si lo que buscas es tranquilidad absoluta.

En el minúsculo puerto de Challapampa volvemos a embarcar porque tenemos una cita pendiente con la comunidad challa antes de comer.

Allí nos reciben buena parte de los habitantes, cantando, bailando y tocando instrumentos. Nos han preparado para cada uno un collar de flores que no dudan en ponernos mientras que nos acompañan a nuestros sitios. Los bailes y la música continúan mientras que unas mujeres nos explican como tejen y preparan la lana y, cuando los músicos terminan, llega el momento culmen: un sacerdote viene porque va a hacer un conjuro.

Con muchos de los artefactos que vimos en el Mercado de las Brujas de La Paz, empieza a verter alcohol y a quemar mientras que recita unas palabras de las que sólo podemos entender algunas sueltas, como Virgen de Guadalupe, Pacha Mama, trabajo y dinero.

El conjuro pidiendo el favor de la Pacha Mama y la Virgen de Guadalupe

La verdad es que el momento es bastante turístico, me sentía como cuando llevan a autobuses de turistas japoneses o alemanes a un tablao flamenco de a saber qué calidad. Supongo que es lo que tiene hacer este tipo de actividades en un grupo y no por tu cuenta. En cualquier caso, decidí abandonar estos pensamientos y prejuicios y disfrutar de la experiencia. ¿Cuántas veces has participado en un conjuro invocando a la Pacha Mama?

Cuando terminó, volvimos a nuestro alojamiento y, después de comer, nos quedaba la última visita del día: el templo del Sol.

Salimos andando desde el ecolodge, con las vistas de los Andes nevados en la otra orilla del lago, las aguas calmadas y la pequeña isla Chelleca, también conocida como isla de las serpientes, aunque, desde la distancia, sólo vemos árboles. Por si acaso, no me acerqué a comprobarlo…

Tras un ratillo caminando llegamos a Pilkokaina, o templo del sol. Llegamos desde arriba y, como el templo está construido en varios niveles, la visión es espectacular.

Se trata de un edificio de dos pisos, construido en terrazas, y dividido en distintas habitaciones, no todas conectadas entre sí. Todas las puertas y ventanas están construidos hacia el este, por eso se cree que se dedicó al dios del sol.

Pilkokaina, o Templo del Sol, y la isla Chelleca de fondo, en el lago Titicaca

Tras esta visita, por desgracia no quedaban horas de luz suficientes, por lo que tuvimos que regresar, llevándonos un regalo muy especial: gracias a la ausencia de contaminación lumínica, pudimos admirar un cielo estrellado precioso con las constelaciones del hemisferio sur. La parte mala es que no aguantamos mucho tiempo en el exterior porque el frío, por muy abrigados que fuésemos, se dejaba notar.

Por la mañana siguiente, nos quedaba la visita a la población de Yumani. Se trata de la principal población de la isla, casi todos los barcos atracan aquí y es más fácil encontrar alojamiento y alguna tienda en la que comprar la bebida que te va a hacer falta para subir la escalera del inca.

Es fácil de reconocer, entre otras cosas, poque a ambos lados, en la parte de abajo han colocados dos estatuas de Mama Ocllo y Manco Capac. La parte mala es que la subida es agotadora, la buena, que no tienes prisa.

Coge aire que vamos a subir la escalera del inca, en Yumani, la isla del Sol, en Bolivia

Cogimos aire, intentamos dosificar las fuerzas y allá vamos, aunque, a la hora de la verdad, antes de llegar arriba del todo ya estaba desfondada. El mal de altura también juega… Por cierto, se va pasando por muchos jardines en terraza y las flores son muy coloridas y exuberantes.

Cuando llegamos arriba nos esperaba la fuente del inca. Los primeros españoles que llegaron pensaban que el manantial era una fuente de juventud, sin embargo, para los incas, los tres arroyos representan su lema Ama sua, Ama llulla y Ama khella, es decir, no robes, no mientas y no seas vago.

La fuente tiene tres chorros a los que tradicionalmente se les otorgan propiedades de sabiduría, salud y juventud. Y, como estás arriba, intentando recuperar la respiración, pues bebes un poco de cada uno de ellos, no vaya a ser que alguna de estas cualidades no te llegue.

La playa de Yumani, en la isla del Sol, Bolivia

Cuando bajamos la escalera del inca, con mucha más alegría que al subir, nos esperaba el barco para llevarnos a la isla de la Luna.

La isla de la Luna y el Palacio de las Vírgenes

La también conocida como isla Koati, muy cercana a la del Sol, con una superficie de tan solo 105 Ha considerada antiplánica, dado lo escarpado de su terreno, moldeado por los vientos. Este pequeño territorio era el segundo en importancia cultural y religiosa para los incas, ya que, según la leyenda, Viracocha ordenó a la luna que subiera al cielo.

El principal atractivo de la isla corresponde a las ruinas del Palacio de las Vírgenes del Sol, o Iñak Uyu, un lugar con la categoría de acllahuasi, o casa de las escogidas. Se trataba de un recinto en el que las mujeres elegidas aprendían oficios con la intención de convertirse en sacerdotisas, podían llegar a convertirse en esposas del Inca, el único hombre con acceso a la isla, o ser utilizadas para sacrificios humanos. Para las familias de la época era todo un honor que sus hijas fuesen una de las elegidas.

Se calcula que el templo estaba formado por unas 35 estancias y hay una gran esplanada, en la que se celebraban las distintas ceremonias. En general, el templo está muy bien conservado y las puertas presentan, en la parte superior, media chacana, o cruz andina. En la actualidad, se siguen haciendo algunos rituales en fechas señaladas, como las de los solsticios.

El Palacio de las Vírgenes, en la isla de la Luna, en el lago Titicaca, Bolivia

Por desgracia, varios siglos más tarde, esta diminuta isla siguió vinculada a la muerte. Durante la década de 1940 fue una prisión y campo de reclusión, después del golpe de Estado en contra del presidente Villaroel. Además, durante la dictadura de Hugo Banzer, fue una cárcel de opositores.

En la actualidad, viven varias familias de origen quechua y aimara, que se dedican a la agricultura, pastoreo y venta de distintos tipos de artesanía a los turistas.

Nuestra visita a la isla de la Luna se limitó al Palacio de las Vírgenes, que me gustó mucho, además de la playa y el minúsculo embarcadero al que llegamos, donde el agua de casi transparente.

Este es el último artículo sobre el viaje a Bolivia como tal, me quedaría uno más haciendo balance de estas vacaciones, desarrollando algunos aspectos como la seguridad o la gastronomía. Espero que os haya gustado y que os anime a descubrir a este país andino.

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