Conociendo los alrededores de La Paz: el valle de la Luna y el yacimiento arqueológico de Tiahuanaco

La visita a La Paz no estaría completa sin añadir dos puntos turísticos muy interesantes y que no quedan lejos: el valle de la Luna y el yacimiento de Tiahuanaco.

Nuestro recorrido por Bolivia incluía los dos y, además de ser lugares impresionantes y que te hacen olvidar el bullicio paceño por un rato, nos sirvió para pasar alguna noche extra en la capital, lo que no estaba nada mal, para descansar en una habitación de hotel cómoda y con una ducha en condiciones, especialmente tras la experiencia en el altiplano.

Llegar al valle de la Luna siguiendo el cañón del río Choqueyacu

Para llegar hasta el valle de la Luna tuvimos que recorrer todo el caos de La Paz en autobús, dejando atrás a todas las personas que se cruzan por la calle sin mirar, los coches que pitan, las motos que salen de la nada y los centenares de puestos callejeros.

Llegamos a la Zona Sur, en la que parece que estábamos en una ciudad distinta y, de repente, a nuestro lado aparece un río. Es el Choqueyapu, que discurre en un cañón. Sin embargo, lo que debería ser una imagen bonita, no lo es en absoluto: el río transporta todo tipo de basuras y desperdicios y se forma una espuma blanca bastante asquerosa.

El cañón por el que transcurre el río Choqueyapu

El Choqueyapu es un río subterráneo, aunque no siempre ha sido así, ya que, cuando se fundó La Paz, el río dividía la ciudad en dos. En 1935, debido al crecimiento urbano, se decidió embovedarlo y vuelve a ver la luz en la Zona Sur. Tiene el dudoso honor de ser el río más contaminado de Bolivia, ya no sólo por todos los residuos recibidos, sino también porque cerca del cauce se ubican distintas industrias químicas, textiles, curtidurías y una papelera. Conviene tener en cuenta que, pese a que muchos campesinos de la zona hierven el agua antes de beberla, hay contaminantes químicos que no desaparecen. Creo que ya os habíais dado cuenta, pero no es buena idea beber agua del grifo.

El valle de la Luna

Tras unos 10 km por fin llegamos al parking de este punto turístico. Se trata de un área geológica protegida y que, realmente no es un valle, sino un conjunto de cañones en los que la erosión ha actuado por su cuenta y riesgo.

Estamos en un terreno arcilloso, correspondiente a la parte alta de una montaña, que ha quedado erosionada, formando distintas obras de arte naturales y, como en cada lugar la arcilla tiene una composición de minerales diferente, los colores también lo son. Me recuerda a Ciudad Encanto, que visité durante nuestro primer día de ruta por el altiplano.

Los impresionantes cañones formados por la erosión en el valle de la Luna

El conjunto en sí es bonito. Se agradece salir de todo ese bullicio y respirar un poco de paz, sin embargo, la construcción y los campos de golf (¡!) cada vez están más cerca y es complicado no ver sólo naturaleza desde los miradores.

También se trata de un lugar bastante turístico, a lo que hay que añadir el calor, así que mejor visitarlo a primera hora de la mañana para disfrutar, más aún, de la paz. Por cierto, fuera hay distintos puestos en los que venden botellas de agua. No te arrepentirás si compras una.

Nosotros hicimos todo el recorrido, que nos llevó bastante tiempo, entre otros motivos porque disponíamos de toda la mañana y no nos habíamos cansado de tanta naturaleza: hay lugares que son únicos. Además, aunque haya una casa de fondo, hay miradores que tienen unas vistas espectaculares.

Como curiosidad, el nombre se lo puso Neil Armstrong, sí el primer hombre que pisó la Luna, que, estando de visita en este país en 1969, se disponía a jugar al golf y, cuando vio los paisajes de este valle, le recordaron a los que había visto en la Luna, por lo que renombró el lugar.

En lo más alto, se suele situar un hombre y toca la flauta, por lo que el camino por el valle de la Luna se hace más ameno

El yacimiento arqueológico de Tiahuanaco

Las ruinas de Tiahuanaco, también escrito Tihuanaco o Tiwanaco, corresponden a los restos de una antigua ciudad que fue centro de la civilización tiahuanacota, una cultura preincaica de la que poco se conoce. Los escasos datos que se tienen indican que basaban su economía en agricultura, ganadería y arquitectura.

Tiahuanaco fue un gran centro ceremonial, se cree que a orillas del lago Titicaca y, en su máximo esplendor, llegó a contar con 20.000 habitantes. Es una de las culturas que más han perdurado en América del Sur, con 25 siglos de duración, desde el 1500 a.C. hasta el 1000 d.C.

Del yacimiento arqueológico tan sólo se ha excavado un 30% y esta cultura sigue generando más preguntas que respuestas: ¿de dónde salen los enormes bloques monolíticos? ¿Cómo se trasladaron? Y, sobre todo, ¿por qué la población desapareció por completo? Para esta última pregunta no hay una respuesta clara, aunque los arqueólogos se inclinan más por un cambio climático en la época.

Pirámide Akapana, en el yacimiento de Tiahuanaco

En la actualidad, el yacimiento de Tiahuanaco está a 70 km de La Paz y no se percibe el lago Titicaca desde aquí y está considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 2000. Desde el año 2010 se interrumpieron las excavaciones y los arqueólogos se centran en proteger lo ya excavado.

Por desgracia, el tesoro de Tiahuanaco está disperso por todo el mundo o se ha perdido para siempre: los conquistadores españoles se llevaron el oro; muchas piezas de cerámica fueron destruidas por fanáticos religiosos y otras muchas se expoliaron y terminaron en museos arqueológicos de otros países. Por suerte, todo lo que se ha conservado se mantiene en Bolivia y se expone en museos nacionales.

Encontramos dos museos: el Cerámico y el Lítico. El Museo Cerámico expone la ubicación de esta cultura y una línea cronológica con la poca información conocida, además, como su nombre indica, se hace un repaso bastante exhaustivo a piezas de cerámica, líticas, metálicas, distintos artefactos y cráneos que se habían deformado. Me pareció muy curioso ver piezas que representan cabezas humanas con el bolo de hojas de coca en una de las mejillas.

Por cierto, en este museo hace mucho frío, pero mucho de verdad, así que conviene abrigarse.

El Museo Lítico es una maravilla de las que te dejan con la boca abierta. La principal pieza que expone es el monolito Bennett Pachamama, de 7m de alto y 1,20m de ancho. Está tallado en un solo bloque de 18,5 toneladas de peso y es, hasta la fecha, el más grande que se ha hallado en este yacimiento. Debe su nombre a Wendell Bennett, arqueólogo del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, quien lo descubrió en 1932.

El muro de Kalasasaya, en el yacimiento de Tiahuanaco

El monolito Bennett se expone en el centro de una sala y te hace sentir diminuto. Sencillamente, es espectacular. Como no se podían hacer fotos dentro de los museos, os comparto una de lo impresionante que es el monolito Bennett.

En este museo se exponen también otras figuras antropomorfas y zoomorfas, aunque de tamaños muy inferiores.

Tras la visita a los museos, comienza la correspondiente al yacimiento de Tiahuanaco. Según entramos nos reciben dos megáfonos: se trata de dos bloques de piedra que se usaban como megáfono hace miles de años.

Arquitectura y principales monumentos de Tiahuanaco

Por el sendero, nos acercamos hasta la pirámide Akapana. Parcialmente excavada, tiene una base de 16m y cubre una superficie de 200m2 . Se sabe que tenía 7 pisos y, aunque no se puede subir, en lo más alto hay un patio hundido en forma de cruz andina. No queda claro a ciencia cierta para qué se utilizó y hay distintas teorías, desde su uso como depósito de agua, templo ceremonial o estudio de la astronomía.

Muy cerca encontramos Kalasasaya, un complejo reconstruido parcialmente con una plataforma ritual. Se trataba de un templo astronómico orientado al movimiento de traslación de la Tierra y donde se ubican tres piezas de inmenso valor: la Puerta del Sol, el monolito Fraile y el monolito Ponce.

La Puerta del Sol se talló en una sola pieza de 10 toneladas y es una de las joyas del yacimiento. El friso frontal es el más valioso ya que está decorado con bajorrelieves y profundas hornacinas. Se cree que la Puerta del Sol estaba en el centro de Kalasasaya y se utilizaba como calendario, ya que el sol creaba determinadas figuras en los solsticios y equinoccios.

La Puerta del Sol, en el yacimiento de Tiahuanaco

Hay una puerta muy parecida, aunque más pequeña, conocida como la Puerta de la Luna. Se cree que la Puerta de la Luna daba acceso al cementerio. Está orientada según los puntos cardinales y, en los solsticios, el sol sale por esta puerta.

El monolito Ponce dispone de máscara ceremonial y un bastón y está adornado con una iconografía muy peculiar: hombre alados, cabezas de puma, águilas o los característicos símbolos escalonados. Por el contrario, el monolito del Fraile no tiene ningún tipo de ornamentación.

Al igual que otros templos, Kalasasaya está orientado de manera astronómica y se verificaban con exactitud el calendario de 365 días y el cambio de las estaciones. Además, en los equinoccios, en sol salía por la puerta principal.

Llegamos al templete semisubterráneo, sin duda, la parte que más me gustó de todo el yacimiento. Está ubicado al este de la entrada principal de Kalasasaya y hay que bajar con bastante cuidado por una escalera, que conduce a una estructura de arenisca roja formando un patio rectangular hundido a 2m de la superficie y con una peculiaridad: las paredes están decoradas con 175 rostros de piedra tallada. Estas cabezas son todas diferentes entre sí y muestran rasgos de diferentes etnias. Aquí fue descubierto el monolito Bennett Pachamama. 

El templete semisubterráneo, con las paredes decoradas con rostros de piedra, en el yacimiento de Tiahuanaco

En mi opinión, estos son los principales puntos para visitar en el yacimiento de Tiahuanaco, pero hay otros que resultan bastante interesantes como Putuni, conocido como el Palacio de los Sarcófagos, ya que se cree que aquí se enterraron personalidades relevantes tiahuanacotas y se pueden ver los cimientos de varias tumbas; o las ruinas de Pumapunku, al otro lado de las vías del tren, se trata de un recinto templario en el que se han descubierto piedras talladas de tamaño considerable.

Muchas de las piezas rescatadas de Putuni se exhiben en el Museo de los Metales Preciosos de La Paz. Os comparto la página web de este yacimiento y de los museos donde se encuentra todo tipo de información práctica.

El monolito Ponce en Kalasasaya, visto desde el templete semisubterráneo, en el yacimiento de Tiahuanaco

Si tienes tiempo en La Paz para visitar los dos sitios, recomiendo hacerlo: se agradece escapar del bullicio paceño para ver la naturaleza erosionada del Valle de la Luna y las ruinas de Tiahuanaco creo que son imprescindibles y un complemento perfecto para conocer un poco más Bolivia. Si tienes que elegir, sin duda, me quedaría con Tiahuanaco.

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