Latinoamérica, así, en general, era uno de mis principales puntos de la lista de pendientes viajeros.
Conozco buena parte de Europa, la mayoría de mis grandes viajes han sido por Asia, sin embargo, esta zona se me resistía y seguía apareciendo en un color gris tristeza en mi mapa de países visitados.
El principal motivo para no haber ido antes era el precio. Mientras que los vuelos a EE.UU. y a Asia han bajado de precio y hay muchas compañías que prestan ese servicio (aunque tras la pandemia, los billetes han vuelto a incrementarse), en Latinoamérica no ha ocurrido así. Siguen siendo pocas las compañías que prestan el servicio y con unas tarifas que te hacen darle una vuelta bastante seria.

He tenido distintas oportunidades de viajar a la zona, algunas más probables que otras. Una antigua amiga estudió durante un curso en Guadalajara (Méjico) y me invitó a ir. El billete a Méjico DF ya costaba la friolera de 1.000€ fuera de temporada alta, demasiado para mi sueldo de poco más que mileurista, pero las ganas de ir podían a todo lo demás. Hasta que en 2009 se declaró una pandemia de gripe A y estaba altamente desaconsejado el desplazamiento. Spoiler: no fui a Méjico.
Como ya conté en el post de Viajes que no han sido tuve Costa Rica al alcance de la mano, no obstante, estaba empeñada en ir a Uzbekistán y, en cuanto el recorrido por este país de Asia Central se confirmó, no tuve ningún tipo de reparo en descartarlo.
Hasta que llega ese momento en el que dices “hasta aquí, quiero conocer Latinoamérica”. El año pasado, fui a mi agencia de referencia, pregunté por viajes a esta zona y me contestaron que no saben por qué, pero en julio no se suelen confirmar. Tenían varios con gente apuntada aunque era complicado saber si saldrían o no. Ese verano terminé en Mongolia.
Para este verano, tenía muy claro que ya. Por motivos personales que no vienen al caso, para asegurarnos que el partner in crime y yo coincidíamos, las vacaciones tenían que ser en agosto. Tras negociarlo con mis compañeras de trabajo, no hubo problemas para cogerme tres semanas en ese mes. Tenía los días, habíamos hecho un pacto (si vamos a ir con un grupo, el destino tiene que ser lejano y exótico), sólo nos queda elegir destino.
¿Por qué Bolivia?
¿Por qué no? Esto es lo que contestaba a todos los que me preguntaban que cómo es que iba a este país, quizás el menos conocido o visitado. Teniendo Méjico, Argentina o Perú, ¿por qué Bolivia?

La clave para elegirlo son los días disponibles. Tal y como estaba cuadrado con mis compañeras, no tenía posibilidad de irme uno o dos días antes y me temo que las agencias que trabajan con grupos y no hacen salidas individuales ponen un día de salida. Punto, es el que es y, si no te va bien, mala suerte.
Cuando llegué, dije que estaba muy interesada en conocer Latinoamérica, me daba igual si era Cuba, Colombia o Chile. Como las fechas eran las que eran, el único destino que cuadraba era Bolivia que, además, no estaba confirmado. Bueno, nosotros nos apuntamos y en un tiempo preguntamos y, en el caso de que se siga sin confirmar, vemos alguna otra opción.
Así que, cuando recibí el correo indicando que ya estaban las 9 personas que se necesitan para que se confirme, estallé de alegría. ¡Por fin iba a Latinoamérica!
Además, el primer contacto iba a ser con un país peculiar, con una geografía llamativa, una historia reciente demasiado intranquila, una situación social que, pese a haber mejorado, sigue lejos de ser la óptima y con el encanto de ser uno de los países menos visitados de la zona. ¿Se puede pedir algo más?
Brevísima historia de Bolivia
La cultura de Tiahuanaco, una ciudad que ya en el año 700 a.C. se consideraba próspera, marca el florecimiento cultural en el Altiplano. Cuando Tiahuanaco desapareció, distintas ciudades- estado adquirieron poder, sin embargo, es la caída del imperio inca lo que define esta fase.

Los incas vivían en Cuzco desde el siglo XII y, dos siglos más tarde, comenzaron su expansión, llegando hasta los aimaras, en las orillas del lago Titicaca. Como se les permitió mantener su idioma y tradiciones, éstos no llegaron nunca a aceptar el gobierno de los incas.
Tras las rivalidades internas en el imperio y la conquista de Francisco Pizarro, el imperio inca cayó y no hubo mucho impedimento en someter la actual Bolivia. Los conquistadores españoles impusieron sus costumbres, aunque cedieron el liderazgo del cacique local a las comunidades indígenas.
El núcleo de toda la región era Potosí, gracias a su mina de plata, la mayor productora del mundo y, a pesar de que gran parte de este metal salió hacia España, la que se quedó sirvió, entre otros fines, para construir catedrales por todo el altiplano, llegando a desarrollar un estilo arquitectónico propio.
A finales del siglo XVII se registraron conflictos entre españoles y las élites de Potosí que terminaron desembocando en una recesión económica.
Hubo varios factores que resultaron ser el caldo de cultivo de los movimientos independentistas en toda la zona: la mencionada recesión, las malas cosechas, la Revolución francesa o las guerras napoleónicas. El primer movimiento se produjo en 1809 en Chuquisaca (la actual Sucre). A comienzos de la década de 1820, Simón Bolívar había conseguido independizar Venezuela y Colombia; en 1824, se consiguió la de Perú, mientras que, al mismo tiempo, se luchaba en el este de Bolivia.

El país alcanzó su independencia en 1825, sin embargo, se estaba muy lejos de llegar a una época de tranquilidad, ya que se sucedieron distintas revoluciones, levantamientos militares y guerras civiles. Desde 1880 hasta la década de 1930, Bolivia estuvo gobernada por una oligarquía civil dividida en grupos liberales y conservadores, lo que propició distintas intervenciones militares, hasta la Revolución de 1952.
Las décadas posteriores fueron de golpes de estado, dictaduras, torturas, desapariciones y detenciones arbitrarias, así como de un incremento importante de la producción y el tráfico de cocaína.
En 1982, con la llegada a la presidencia de Hernán Siles Zuazo, comenzó uno de los periodos más largos de democracia en el país. Ya en la década de 1990, el panorama económico comenzó a cambiar cuando se abrió la puerta de las compañías estatales y explotaciones mineras a empresas extranjeras. Desgraciadamente, estas reformas quedaron totalmente eclipsadas por la lucha dirigida por EE.UU. en su intento de erradicar la coca.
En 2005 se votó como presidente a Evo Morales, el primer presidente indígena del país que, además, había sido cocalero.
Morales nacionalizó las reservas de gas natural y subió los impuestos a los inversores de energía, además, en términos sociales, dio más poder a la mayoría indígena, al mismo tiempo que se oficializaba los idiomas y religiones indígenas. La salida de Morales del gobierno no fue todo lo pacífica que debería haber sido, tras modificar la Constitución para poderse presentar más de dos veces seguidas.

La historia de Bolivia, especialmente la de los siglos XIX y XX, es demasiado compleja como para ser resumida en un post de un blog de viajes como el mío, por lo que os comparto un par de vínculos de Red Boliviana Mundo y de Qué historia donde se puede leer con mucho más detalle.
Bolivia en la actualidad
La capital, al contrario de lo que la mayoría de nosotros creíamos, es Sucre, que alberga el órgano judicial, mientras que la sede del gobierno está en La Paz, ejerciendo de capital de facto.
Se ha calculado una población en 2024 de 11,31 millones de habitantes en la que el español es la lengua predominante, además de 36 lenguas indígenas oficiales, entre las más habladas, quechua, aimara y guaraní.
Bolivia es un país sin salida al mar, sin embargo, tiene una reclamación territorial abierta con Chile por una salida soberana al océano Pacífico. Se trata del sexto país en extensión de Latinoamérica y uno de los países con mayor biodiversidad del mundo. El 18% del territorio está protegido, aunque muchas de las reservas sólo están protegidas sobre el papel, debido a las altas presiones de la construcción.
Cuando estudiaba la especialidad de la carrera, Bolivia era el país más pobre de América Latina. Desde aquel entonces, la situación ha mejorado, pese a que les queda mucho camino por recorrer. En la actualidad, se encuentra en cuarto lugar por la cola en lo que se refiere a ingreso per cápita, por encima de Honduras, Nicaragua y Haití.
Como arma de doble filo, se descubre el mayor yacimiento de litio del mundo y esto les gusta demasiado a las primeras economías del mundo. Este mineral es básico para la fabricación de productos que usamos todos los días, como las beterías de los móviles, por lo que es imposible dudar de la importancia de este yacimiento, además, dejaría una inversión y unos beneficios en el país difíciles de cuantificar, pero que supondrían un gran empujón a la economía.

En la actualidad, hay denuncias por la falta de transparencia del estado en las concesiones que, principalmente, se están dando a China y Rusia, además, va en contra de la Ley Minera de 2014, que indica que el Estado es el propietario de los minerales. Un tema demasiado complicado, si estás interesado en saber más, te comparto este vínculo de Mongabay.
Y, por si no hubiese poca controversia, mes y medio antes de la salida, hubo un intento de golpe de estado liderado por el comandante general Juan José Zúñiga que, a más de uno, nos mantuvo en vilo, aunque, en mi caso, fue un problema del primer mundo…
Itinerario por Bolivia
Hemos estado recorriendo este enorme país durante 16 días sin contar los desplazamientos desde y hasta España, que dan para visitar muchos lugares muy distintos entre sí. Desde ciudades como Sucre, Tarabuco, La Paz o Potosí; hasta cuatro días por la inmensidad del altiplano y el salar de Uyuni, así como el mítico Lago Titicaca y Los Yungas, con un clima tropical totalmente opuesto a lo que habíamos conocido pocas jornadas antes.
De esta manera, hemos encontrado variedad de climas, pero teniendo en cuenta que, al estar en el hemisferio sur, viajamos durante el inverno austral y que gran parte del trayecto se efectuaba muy por encima de los 2.000 metros de altitud.
Del frío casi polar que nos recibió en Uyuni y que hacían que no quisieras salir de debajo de cuatro mantas, al clima tropical de Copacabana (sí, Copacabana boliviana, no brasileña) o Coroico.

Además de los paisajes abrumadores y desoladores del altiplano, hemos visto ruinas de la cultura de Tiahuanaco, ciudades coloniales, mercados en los que se encuentran fetos de llamas y hasta nos hemos internado en una de las minas de plata de Potosí.
Pese a ser un recorrido muy completo, como los días de vacaciones y el presupuesto no son infinitos, no pudimos hacer el circuito de las Misiones Jesuitas ni explorar la parte del territorio que está en la Amazonia, que supone más de la mitad de la superficie del país.
No quiero exponer el itinerario detallado porque no lo he elaborado yo, ya que el viaje ha sido con una agencia de aventuras y no había posibilidad de modificaciones, en cualquier caso, si alguien tiene curiosidad o dudas, que se ponga en contacto conmigo y contestaré sin problemas.
¿Qué llevar en la maleta cuando vas a Bolivia?
Mala suerte: de todo. Bueno, de todo no, que suena improbable acudir a cenas de gala en casa del embajador.
En resumen, como era invierno, ropa de abrigo. Lo recomendable es llevar capas para ir quitando y poniendo en función de las circunstancias y hora del día, ya que la diferencia entre máximas y mínimas es elevada. Por la noche, es fácil estar en temperaturas negativas o ligeramente positivas, mientras que durante el día, son agradables.
Ropa cómoda para los largos trayectos en 4×4, porque sí, en el Altiplano ocurre algo similar a Mongolia: todo está cerca y lejos al mismo tiempo. Relájate, ponte cómodo y disfruta del paisaje. Pero, sobre todo, echa un bañador para los baños termales de Polques o para el río Coroico.
Otro punto importante para tener en cuenta son las vacunas y el botiquín. Antes de nada, la recomendación que está por encima de todo lo demás es la de consultar la página del Ministerio de Sanidad o el de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación en las secciones de Sanidad Exterior y recomendaciones de viajes.

Otro aspecto imprescindible es pedir cita en el centro de Sanidad Exterior de tu ciudad. Nosotros lo hicimos, con el itinerario establecido y, en el caso de Javi, le pusieron la vacuna de la fiebre amarilla (yo ya la tenía) y nos recomendaron tomar el Vivotif (vacuna oral para la fiebre tifoidea). Adicionalmente, sería importante comprobar cuándo fue la última dosis de recuerdo que te pusiste del tétanos y si tienes las pautas completas para las hepatitis A y B.
Respecto al botiquín, tu médico de cabecera te podrá orientar muy bien y creemos que no pueden faltar antihistamínicos, antidiarreicos, antibióticos o suero oral.
Pero, sobre todo, lo que no puede faltar en tu maleta son las ganas de disfrutar y de descubrir un país apasionante.
Como broche final, quiero mencionar que algo se está moviendo en Bolivia y es que, frente al machismo de la sociedad, los colectivos feministas están dejando su mensaje bien claro en muchos muros. El cambio es imparable.
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