Este mes me gustaría hablar de una película que inspira para un viaje a la India, pero también un viaje para buscar la felicidad y la amistad en los últimos años, El exótico hotel Marigold (John Madden, 2012).
Un grupo de jubilados británicos viaja hasta la India, para alojarse en el hotel Marigold y vivir allí durante su jubilación. Lo que suena a retiro dorado se convierte en un hotel que dejó atrás sus mejores años, mientras que el director hace encaje de bolillos para que todo funcione y los inquilinos se enfrentan a sus miedos, incomodidades y prejuicios.

La película nos muestra el contrapunto que supone este cambio de vida: de la nublada y lluviosa Inglaterra a la soleada Bangalore, de la rectitud y el orden británicos al caos y despreocupación de la India, de la flema a la naturalidad. Y es que, como vemos, supone un cambio radical, sobre todo en esa etapa de la vida en la que cuesta más cambiar y amoldarse a nuevas situaciones, en la que ya hemos demostrado que somos como somos.
La India resulta ser un personaje ideal en esta historia, aportando movimiento, color y alegrías en sus días. No hubiese funcionado igual, ni tendría tanto interés o gracia, si el hotel estuviese en Málaga o en el Algarve. Pero también, se muestra como yo me imagino que es: colorida, alegre, caótica, desquiciante, sorprendente.
La pobreza sistémica en la India
Soy muy consciente de que la película nos muestra una imagen edulcorada de este país, al fin y al cabo es una comedia, no una película de Ken Loach, y que no todo en este país son elefantes pintados por las calles, sonrisas por doquier y gente bailando por las esquina. Pensar eso es tan absurdo como imaginar bandas de mariachis en cada calle de México DF.

Por desgracia, la India tiene unas tasas de pobreza que asustan y con unos niveles de desigualdad que disparan todos los indicadores. Según este informe de Ethic, pese a tener un crecimiento del 10%, la renta per capita es tan solo de 7.000 USD, además de tener un 30% de la población por debajo de los niveles de pobreza aceptados.
¿Por qué ocurre esto? Haciendo un análisis bastante burdo y simple, porque el sistema de castas sigue vigente y no hay visos de que vaya a terminar. Y, como en muchas otras economías, los ricos y súper ricos lo son cada vez más, mientras que los pobres ahondan en su problema, a lo que hay que añadir una tasa de analfabetismo intolerable que alcanza el 22% de la población.
Otros factores igual de importantes son la elevada corrupción política, que no hace nada por mejorar la vida de tantos millones de personas que parecen vivir al margen de la sociedad y, por supuesto, conseguir una mejora evidente, real y palpable de las condiciones de trabajo.

Con esta carta de presentación, no parece que la India sea el mejor de los destinos para unas vacaciones.
¿Quién va a la India?
Haciendo memoria, he conocido a varias personas que eligieron este país para ir. Uno de ellos, fue un antiguo compañero de trabajo y, varios años antes, pidió una excedencia para ir con su novia como mochileros a recorrer este país. Volvieron encantados, lo único malo fue tener que volver a sus rutinarias vidas.
Del resto de personas, mantengo contacto con una de ellas: Cristina.
A Cristina la conozco desde hace muchos años, más de los que soy capaz de contar y, sin ningún tipo de dudas, es una de las viajeras en las que inspiro y me gusta reflejarme. Si algún día viajo tanto como lo ha hecho ella (y sigue haciendo), me daré por satisfecha.
No puedo recordar si en aquel entonces ya había estado en la India o si fue cuando ya nos conocíamos, pero sí recuerdo un domingo por la tarde que quedamos hace ya varios años en el que me habló de ese viaje.
Por supuesto, primero narraba los encantos turísticos y la belleza del país: la magia del Taj Mahal, el rosa de los muros de Jaipur, el azul de Johdpur, el hinduismo en Varanasi… Sí, todo muy bonito. Si buscamos fotos en internet, ¿quién no querría verlo?

Ya somos lo suficientemente mayores y conscientes de que la India no es sólo eso. Es también lo que no sale en esas mismas fotos: la pobreza más absoluta que podamos imaginar.
El relato de Cristina se centró más en esta circunstancia, en intentar explicar lo que había visto con sus propios ojos. No se trataba sólo de pobreza, de carencia de alimentos o medidas higiénicas, sino del paso siguiente. Se trataba de miseria. Soy incapaz de acordarme con nitidez alguna de las historias concretas que me contó o alguno de los detalles, pero escuché con atención.
Pese a esto último, me dijo que volvería sin dudarlo.
Y es de esta manera como terminan su relato sobre la India: estoy deseando volver.
¿Quién no va a la India?
Sin embargo, también conozco a gente que afirma categóricamente que no está en su lista ni lo va a estar. El motivo que mencionan es el de la pobreza. Me parece una postura tan respetable como la contraria.
Creo que la última persona que me dijo esto mismo fue Elena (si no fuiste tú, perdóname, ya sabes cómo están las cabezas) hace unas semanas, mientras que fantaseábamos con destinos para las vacaciones. Dijo claramente que no paga para ir de vacaciones a ver las tristezas y las miserias que se ven en televisión. ¿Cuántas veces habéis oído decir esto mismo?
A mí, que me gusta todo y quiero ir a todas partes, la India, por supuesto, está en mi lista y es ese destino que se va resistiendo. Reconozco que nunca ha sido mi primera opción y, si no he ido antes, es porque otros lugares se han cruzado en mi camino y me llamaban más la atención. Pero está ahí, esperando con paciencia a que diga “este año voy”.

Cuando volví de Mongolia, me acerqué a la agencia para comentar cómo había ido el viaje y, hablando con Guillermo, le dije que no había estado en la India. “¡¿Cómo es posible?! Para el verano que viene lo dejamos pendiente”. Y sí, lo tenía en mente para este verano, hasta que una conversación con Carlos y Elena de lo más inocente se transformó en un compromiso vacacional del que habrá más detalles…
Y vosotros, ¿qué opináis de este país? ¿Lo conocéis? ¿Sois del equipo de volver lo antes posible o de los nunca jamás?
Como otros meses, os comparto el vínculo de Filmafinitty y aprovecho para recomendaros la fantástica novela La trenza, de Laetitia Colombani, que describe el sistema de castas y narra una historia preciosa.
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