Esvatini: safari de rinocerontes en el Parque Nacional Real de Hlane

Esvatini, Esuatini o Eswatini, quizás no te diga nada, pero si aclaro que es el nombre actual del país que en el colegio estudiábamos como Suazilandia, tierra de los suazis, puede que ya te suene.

¿Y a qué se debe este cambio de nombre? Tiene que ver con dejar el colonialismo atrás y recuperar su identidad, con honrar el idioma local, además de evitar seguir siendo confundidos con Suiza (Switzerland).

Brevísima historia y actualidad de Esvatini

Oficialmente, Reino de Esvatini, en suazi Umbuso weSwatini, es un pequeño estado de algo más de 17.000 km2 y sin salida al mar, haciendo frontera con Sudáfrica y Mozambique.

La población es, en su mayoría, de la etnia suazi, siendo el idioma principal, el suazi o siswati. Se estableció un reino durante el siglo XVIII, bajo el liderazgo de Ngwane III. Los límites geográficos actuales se establecieron en 1881, con el reparto de África de las potencias coloniales y perteneció a la Corona Británica desde 1903 hasta 1968, cuando se independizó.

Pues sí, Esvatini es uno de los países más pobres del mundo

En la actualidad, Esvatini es uno de los países más pobres del mundo. Con casi 1,2 millones de habitantes, el 34% de la población activa no tiene trabajo y el 63% vive bajo el umbral de la pobreza. El principal recurso es la caña de azúcar, que casi convierte en esclavos a los trabajadores de este sector, con condiciones laborales denunciadas por la Confederación Sindical Internacional.

Desde mi punto de vista, añadido a lo anterior, Esvatini adolece de dos puntos negativos de importante peso: es el país con mayor incidencia de SIDA en el mundo (el 39% de los adultos está contagiado) y es una monarquía absoluta.

El país está gobernado por Mswati III desde 1986, que lo hace por decretos y se opone frontalmente a la democratización del país. Pese a que se celebran elecciones cada 5 años y se aprobó una constitución en 2005, no hace falta saber que no sirven de mucho y que de democracia hay más bien poco. Y de derechos humanos, mejor ni hablamos.

Parlamento de Esvatini. Foto de Bernard Gagnon para Wikipedia Commons

Mswati III es criticado por vivir en un lujo extremo mientras que hace oídos sordos a las necesidades de la población. Entre otras medidas, las libertades civiles fueron restringidas, así como la libertad de expresión, y el divorcio y la minifalda están prohibidos. Creo que merece la pena mencionar que, en los momentos en los que estoy escribiendo esto (noviembre de 2025), tiene 11 esposas y 35 hijos. Mantener toda esa corte no es precisamente barato.

Para rizar más el rizo, hablemos del festival anual con el cual elige esposa y uno de los principales eventos por los que es conocido Esvatini: Umhlanga, la Danza de los Juncos. Se trata de una danza tradicional en la que se pueden llegar a juntar hasta 60.000 mujeres jóvenes y vírgenes vestidas con ropas tradicionales, que sirven para evidenciar su juventud y disponibilidad para casarse. En esta ceremonia, el rey elige cuál de todas ellas será su nueva esposa.

Umhlanga, o Danza de los Juncos, donde el rey de Esvatini elige a su nueva esposa

Para las familias es un honor que una de sus hijas pueda acudir a la danza y, en teoría, cualquiera de ellas puede ser elegida. En la práctica, la mujer suele venir de las mejores familias (una de ellas es hija del expresidente sudafricano Jacob Zuma) y ha sido seleccionada antes del evento.

Sé que no se puede juzgar con nuestros ojos de europeos caucásicos, pero siendo sincera, me cuesta mucho comprenderlo, no criticarlo y respetarlo.

Tengo que confesar que, cuando leí el programa del viaje y vi que estaba incluida una visita a una reserva en Esvatini, me hizo mucha ilusión. Sin embargo, al informarme sobre el país y las características que acabo de resumir, me generó un conflicto moral. ¿Por qué voy a visitar un país que no respeta los derechos humanos y está gobernado por un monarca absoluto?

Estuve muy tentada a decir que no iba, que va en contra de mi forma de pensar, aunque sopesé otra variable: en un país tan pobre y con tanto paro como éste, los pocos que (mal)viven del turismo necesitan que los turistas sigamos yendo. Y ése fue mi motivo para ir a Esvatini: poder ayudar a que las personas con las que tratamos mantengan su trabajo.

Llegada a Esvatini y paso de la aduana

Llegamos a Esvatini tras los tres días de safari en el Parque Kruger. Nos levantamos pronto por la mañana, subimos al autobús y recorremos kilómetros y kilómetros de carretera que bordean el parque.

Pasamos por poblaciones de distintos tamaños, gente en las calles y los mercados, niños que van al colegio. Y, de repente, estamos en la frontera. Nos tenemos que bajar del autobús y, pasar andando y, ante los agentes de la aduana, decir una pequeña mentirijilla: no vamos como grupo turístico, ni nos acompaña una guía, sino que somos un grupo de amigos que hemos alquilado un autobús.

El vacío en Esvatini

Creo que esto es porque hay que pagar una tasa adicional y pueden someter a un mayor control al guía. No sé si se lo creyeron, no obstante, nos sellaron el pasaporte a todos y no tuvimos el mayor problema para entrar.

Volvimos a subir el autobús y nos ponemos en marcha hacia el Parque Nacional Real Hlane, en inglés, Hlane Royal National Park. El paisaje parece totalmente opuesto al que hemos dejado en Sudáfrica: podríamos pensar que la frontera fue puesta de manera más o menos arbitraria y que el escenario sería igual, pero no.

Cambiamos los poblados por espacios vacíos, la gente por las calles por el silencio, la vida por la nada absoluta. Las carreteras son mucho peores, hay baches, están parcheadas y, a lo lejos, rompiendo el horizonte, alguna que otra fábrica de azúcar.

Aunque en la foto no se aprecia, la carretera lleva a una fábrica de azúcar

Tenemos que cruzar el país en horizontal, Hlane se encuentra muy cerca de los montes Lebombo, frontera natural con Mozambique.

Parque Nacional Real de Hlane

Sin duda, el Hlane es una de las mejores reservas para buscar fauna en este país. Es la mayor área protegida de Esvatini y en ella se pueden avistar, entre otros, elefantes, antílopes, leones, leopardos y, sobre todo, rinocerontes blancos. Este era el principal objetivo y el motivo (o uno de ellos) por los que íbamos a Hlane: ver a uno de los animales en mayor peligro de extinción, el rinoceronte blanco.

Fue designado como parque nacional en 1967 y no podía tener mejor nombre, ya que, Hlane, en siSwati, significa tierra salvaje. Estamos ante 22.000 hectáreas de fauna que campa a sus anchas en total libertad y seguridad, siendo el parque más grande de Esvatini. Con un nombre al que hacer justicia, la sabana, los arbustos, troncos de árboles en cualquier posición y charcas le dan un toque que parece que el ser humano no ha pasado nunca por allí.

En el Parque Nacional de Hlane parece que las jirafas son las únicas que pasan por aquí

Para más información sobre el Parque Nacional Hlane, te comparto su web oficial.

Aunque no hay tanta diversidad como en el Kruger, creo que merece la pena por ser un lugar más desconocido, por lo que hay menos turistas y, sobre todo, porque tienes garantizado cruzarte con rinocerontes. ¡Oh yeah! Tenía la espinita clavada de los safaris realizados en Tanzania y Kenia y unas horas antes en el Kruger y, de esta vez no iba a pasar.

Llegamos a Ndolovu Camp, uno de los campamentos del parque, donde hay restaurante y baños, además de una tienda de recuerdos (hay que hacer gasto) y, pese a que no nos alojábamos allí, pudimos acceder sin ningún tipo de problema.

Ndolovu Camp está en un lugar privilegiado: a orillas de una charca a la que se acercan animales a beber. En uno de los laterales hay sillas de madera que, pese a no parecer muy cómodas, lo son y que invitan a quedarse sentados durante horas observando.

No sé tú, pero yo me pasaría las horas muertas observando a los animales en la charca de Ndolovu Camp

Hacía bastante calor y se veían pocos por la zona, tan solo un montón de rinocerontes (¡por fin!) tumbados a la sombra y, de vez de cuando, alguno se levantaba para acercarse a la orilla a beber. Alucinante.

Estaba muy emocionada, observar un ser vivo tan voluminoso moverse de esa manera tan ágil es sorprendente. En ese momento, no sabía que me esperaban los pingüinos de Boulders Beach, y sin ninguna duda, aquí me hubiese quedado las horas muertas viendo la vida (y los animales) pasar.

Comimos en el restaurante, la comida estaba bastante bien y la cerveza fría. Las instalaciones son más limitadas que las de Sudáfrica, si bien, el país está a año luz de desarrollo de su vecino. El trato de la gente fue muy caluroso y fue un buen punto para alegrarme de ir a un país en el que necesitan tanto que vaya la gente y deje dinero (aunque mucho vaya destinado a las arcas reales…).

Y no sólo los rinos se acercan a la charca, y es que, cuando hace calor, hace calor

Tras la comida, las compras de rigor en la tienda de recuerdos y la visita al baño, nos espera un safari guiado para ver rinocerontes, pero antes, creo que merece la pena saber algo más de ellos.

Algunos datos de los rinocerontes

Hay dos tipos de rinocerontes, los blancos y los negros y, pese a que podamos pensar lo contrario, no se diferencian por el color de su piel, sino por el morro. El de los blancos es cuadrado y el de los negros está terminado en punta. Esto se debe a su manera de comer: los blancos comen pasto y los negros, directamente de arbustos y árboles.

El motivo de los nombres viene por una confusión entre la palabra holandesa “wijde”, que significa blanco y que los británicos confundieron con “white”. Por lo tanto, si unos rinocerontes eran white, los otros tenían que ser black.

Es el cuarto animal terrestre en tamaño y, también, el cuarto mamífero terrestre en peso. Los especímenes más grandes pueden llegar a medir 4,2m de longitud, 1,85m de altura y pesar más de cuatro toneladas, aunque lo normal es que estén entre una y dos, que tampoco está mal.

Al estar en un ambiente totalmente protegido, el cuerno del rinoceronte blanco puede alcanzar este tamaño

Los machos son sedentarios, territoriales y solitarios, excepto en la época de apareamiento, cuando permanece junto a las hembras uno o dos días. La gestación dura 16 meses y la cría está junto a su madre tres años. La tasa de nacimiento del rinoceronte es muy baja, ya que tienen que pasar cuatro años entre distintos nacimientos.

Si a esto le unimos la caza furtiva, es el caldo de cultivo perfecto para que los rinocerontes estén en peligro de extinción.

Y es que el cuerno del rinoceronte es una pieza muy preciada. Algunas culturas del este asiático le atribuyen propiedades medicinales, además de ser utilizado en joyería o como símbolo de estatus socioeconómico.

Las supuestas propiedades no han sido avaladas por la ciencia, por cierto, lo que no quita para que sea un objeto muy demandado, por el que se llegan a pagar cantidades altísimas en el mercado negro (entre 60.000 y 80.000 USD/kg). A lo que añadimos que, como cada vez quedan menos rinocerontes, los cuernos se revaloran mucho más.

Aunque este rino era tímido y se puso a beber tapado por una roca, el tamaño del cuerno es de impresión

Cada vez hay más controles por parte de los gobiernos. En algunos sitios se les descorna para garantizar su supervivencia (sin cuerno, deja de ser atractivo), en el Kruger se revisan maleteros de coches particulares (no sé si de todos o de manera aleatoria) y se patrulla; en Esvatini se crean reservas que, al ser más pequeñas, son más fáciles de controlar.

A ver si conseguimos que sean los cazadores furtivos los que se extingan.

Si quieres saber más sobre el descorne de los rinocerontes, te recomiendo la lectura de este post de Rhino África Blog.

Safari en busca de rinocerontes blancos en el Parque Nacional Real de Hlane

En el parque de Hlane, la zona en la que es más fácil ver rinocerontes está muy cerca del restaurante en el que hemos comido en Ndolovu Camp. Antes de subirnos a los 4×4, nos ponemos los calcetines por encima de los pantalones (sí, lo sé, pero es por un buen motivo) para evitar las garrapatas y nos dirigimos a los vehículos.

El safari se puede hacer por libre o con conductor. Por libre es más barato y está terminantemente prohibido bajarse del coche. Con conductor, a parte de que te llevan, se permite la bajada, siempre acompañados por ellos, que saben actuar en caso de ataque, lo que no es ninguna tontería.

Vamos, al 4×4, que el safari en busca de rinocerontes en el Parque Nacional de Hlane comienza

En cualquier caso, viendo lo que cuesta y que es muy necesario crear empleo y que puedan tener un salario (lo de digno o no lo dejamos para otro momento), anímate a que sea con conductor, además, te aseguras de que te vas a cruzar con los rinos.

El lugar es más salvaje que el Kruger, los caminos no están señalizados y los mapas no son tan fáciles de seguir, sin embargo, esa virginidad le da más encanto.

El camino es corto, cuando menos lo esperamos, aparcan el vehículo y nos piden que bajemos en silencio absoluto. Caminamos muy despacio, con todo el sigilo que podemos, si pisas una rama seca, se oye el crujido sin problemas. Y, de repente, entre la maleza, se dejan entrever: tres rinocerontes.

Que sí, que sí, que por fin tengo delante de mí a estos tres rinocerontes blancos

Un macho y dos hembras adultos, tumbados, sin intención de hacer nada. Los rodeamos manteniendo una distancia de seguridad y los vemos de frente, si ramas ni nada que enturbie la visión. Es alucinante.

Aunque no respiran fuerte, cuando lo hacen, se levanta polvo. Otro momento del viaje en el que me quedaría las horas muertas observándoles. De repente, susto: una de las hembras se levanta y se mueve. Ouch.

Es fácil pensar que un animal tan voluminoso tendría problemas de movilidad, pues no: se pone en pie de manera ágil y está preparada para echar a correr en nada.

Nos tranquilizan contando que, realmente, no nos ven, no distinguen formas, por lo que sólo intuyen una masa uniforme y, mientras que no se sientan amenazados, no van a hacer nada. Sobre el papel queda muy bien, pero son irracionales, por lo tanto, unas precauciones lógicas son bienvenidas. En el caso de que echen a correr, siento decir que corren más rápido que tú, de modo que, una manera de conseguir huir sería no correr en línea recta, sino cambiar de dirección de forma más o menos frecuente.

Ups, se han levantado y nos miran

Por suerte, no hizo falta hacer nada.

Pasamos un rato con los rinos, nos hacemos fotos y nos llevamos una sonrisa de oreja a oreja. Si me llegan a decir que iba a estar a tres metros de distancia (a lo mejor fue más, calculo muy mal, o, quizás, menos), no me lo hubiese creído.

Y, como suelo decir en otras ocasiones, todo lo bueno tiene que tener un final, tras un rato, tenemos que volver a los 4×4 y regresar al punto de partida.

Por desgracia, el tiempo que teníamos planificado a Hlane ha terminado y tenemos que poner rumbo a nuestro alojamiento. Desconozco el motivo por el cual no nos alojamos en el campamento, sino en una reserva privada llamada Royal Jozini.

Nuestra terraza privada en Royal Jozimi, con los sonidos de la sabana de fondo

En otros blogs que he leído, los autores se habían quedado a hacer noche en Ndolovu Camp, así que pudieron disfrutar de más safaris y el atardecer en la charca. Nosotros tuvimos que cruzar todo el país hacia el sur, muy cerca de la frontera, que dejaba iSimangaliso, nuestro siguiente destino, muy cerca.

Al final, los kilómetros los tendríamos que hacer, me imagino que alojarnos en Jozini es por un tema práctico, aunque reconozco que haber pasado más tiempo de safari siempre sería mi primera opción.

La parte buena de lo que hicimos es que, al cruzar el país, pudimos ser testigos, un poco más, de esa realidad silenciosa, vacía y que dista mucho de la sudafricana. Vimos algunos poblados, compuestos por rondavels, niños que jugaban al fútbol con una pelota deshinchada, pobreza por todas partes.

Por desgracia, esta es la realidad de los suazis, no lo que vimos en Royal Jozini

La Reserva Privada de Royal Jozini es un recinto cerrado, en el que hay bastante fauna y a la que sólo puedes acceder si te quedas a pernoctar. La verdad es que no vimos nada no hubiésemos visto, pero ver el atardecer sobre las acacias, los colores naranjas que se cuelan entre las ramas, los animales que levantan la cabeza para mirarnos con curiosidad está a otro nivel. Desde luego, los atardeceres más bonitos se encuentran en África.

Por desgracia, mi cámara decidió que ya no quería más y las fotos que hice de ese trayecto quedaron bastante emborronadas. Pocas fotos salvables, sin embargo, imágenes almacenadas en el recuerdo.

Los atarderes en África están en otro nivel

Las cabañas en las que nos alojamos son un lujo: camas con mosquiteras, baños enormes, terrazas privadas, jacuzzi… me da que pocos suazis puede pagarlas.

Para movernos de unas a otras, tenemos que ir en jeep, no se aconseja andar por libre, entre otros motivos, porque hay elefantes y la oscuridad es absoluta. Cuando todo está en silencio, se escuchan los sonidos de la sabana. No se puede pedir más, creo que ha sido una de mis mejores noches.

Nos juntamos todos en la cabaña que sirve de restaurante, tanto para cenar como, al día siguiente, desayunar. Nuestra estancia en Esvatini llega a su fin, tenemos que regresar al autobús y cruzar la frontera de nuevo, esta vez, sin mentirijillas.

Por cierto, cuando volvimos de estar con los rinocerontes, había una garrapata en el suelo del bus. Lo de ponerse los calcetines por encima de los pantalones no es tan mala idea.

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