No sé qué tienen los miradores en las ciudades que funcionan como imán para muchos que pasamos por allí. Ver la ciudad desde lo alto, el trasiego de gente, tener unas vistas privilegiadas llama poderosamente la atención. Y Lisboa es una ciudad llena de miradores.
No son los más altos, pero sí que nos permiten admirar esta ciudad a vista de pájaro (pájaro que vuela algo bajo, eso sí) y, por si no fuese poco, una actividad que sigue siendo gratis.
Así que nos vamos a hacer un recorrido por los miradores de Lisboa a los que no puedo evitar ir cada vez que vuelvo a la ciudad.
Santa Lucía
Situado en el barrio de Alfama, para mí, el mirador de Santa Lucía es uno de los más bonitos, aunque, sinceramente, las vistas no me parecen las mejores. Toma su nombre de la iglesia de Santa Lucía, del siglo XVII. Blanca, con azulejos y un jardín, el de Júlio de Castilho, el mirador resulta ser el colofón perfecto para un entorno precioso.
Buganvillas, parras enroscadas en una pérgola, azulejos, unos asientos para deleitarse con la postal formada por el Tajo, la estación Cais Do Sodré, los muelles de Alcántara o el Puente 25 de abril.

El mirador de Santa Lucía es uno de los más populares y con más encanto y está altamente demandado, por lo que poderlo disfrutar en más o menos soledad es complicado. Ármate de paciencia porque, al fin y al cabo, tú estás por los mismos motivos que los demás.
Miradores do Portas do Sol y de San Vicente
A 5 minutos andando desde el mirador de Santa Lucía, encontramos el de San Vicente, pasando previamente por el de Portas do Sol.
El entorno no es tan bonito como el de Santa Lucía, aunque hay que reconocer es un difícilmente mejorable, sin embargo, lo que vemos nos hacen enamorarnos de Lisboa, en las que la indiscutible protagonista es la iglesia de San Vicente de Fora.

Castillo de San Jorge
Hace poco hablaba de este castillo, así que no voy a repetir lo ya contado, pero, sin ninguna duda, si quieres unas vistas privilegiadas de Lisboa, visita el Castillo de San Jorge.
Erigido en una de las colinas de Lisboa, por temas defensivos, la ubicación era inmejorable y pocos se imaginarían que tantos siglos después, los turistas nos asomaríamos a sus murallas y almenas también para ver, no para vigilar.

Por cierto, obligatorio ir a la Cámara Obscura con vistas 360˚ en tiempo real de Lisboa.
Arco de Rua Augusta
Mientras que visitas la plaza del Comercio, una de las principales de Lisboa, entre todo lo que te va a llamar la atención, destacará el arco de la Rua Augusta.
La Rua Augusta es la calle peatonal más larga de Lisboa, que merece la pena recorrer sin prisas, empieza en Rossio y acaba en la plaza del Comercio, con un impresionante arco de triunfo. Este arco conmemora la recuperación de la ciudad tras el trágico terremoto de 1755.
En la parte superior, vemos una alegoría de la gloria, junto a dos figuras con coronas que representan la valentía y el genio.

Se sube por ascensor y la imagen desde lo alto de la Baixa y de la plaza del Comercio son de sobresaliente.
De las dos veces que he estado en Lisboa, sólo lo he visitado en 2018 y, en aquel entonces, no era un lugar demasiado popular, no sé cómo de demandado estará ahora, aunque teniendo en cuenta la cercanía del elevador de Santa Justa, a lo mejor sigue siendo, más o menos desconocido. Lo que sí comento es que apenas lo he visto mencionado en distintas publicaciones.
Para subir, hay que comprar entrada, así que os dejo la web oficial.
Elevador de Santa Justa
El elevador de Santa Justa es una de las estructuras más conocidas de Lisboa, un ascensor de hierro diseñado por Raoul Mesnier de Ponsard, discípulo de Gustave Eiffel, para unir los barrios de la Baixa, Barrio Alto y Chiado.
El elevador de Santa Justa, junto a otros elevadores y funiculares, pertenecen a la red de transporte público, sin embargo, en este caso, hay que pagar un billete aparte. Se sube en un ascensor con más de 100 años de antigüedad y se obtienen unas vistas de escándalo de la Baixa, Rossio, el castillo y todos los tejados de Lisboa, con el inmenso Tajo de fondo.

En cualquier caso, al mirador que está en el primer piso se puede acceder gratuitamente desde el Largo do Carmo, al lado del Museo Arqueológico do Carmo.
Como es fácil de suponer, las colas para subir en el elevador de Santa Justa son eternas. No seré yo quién diga si merece o no la pena, eso lo tiene que valorar cada uno. No obstante, piensa si compensa dedicar tanto tiempo a hacer una cola, para montar en un ascensor, por mucho que sea centenario. Si crees que sí, adelante; si crees que no, desde el Largo do Carmo se tienen vistas muy similares.

Yo he montado en el elevador y es un ascensor, no lo voy a vender como experiencia, porque no lo es. La última vez, había cola y, por lo que recuerdo, todos éramos turistas, es decir, la labor inicial de transporte público parece que ha desaparecido. Me recuerda al problema que han tenido en Barcelona con la línea 116 de autobuses municipales (y que ahora se ha trasladado a la 24). A lo mejor, hacer piernas no está tan mal…
Comparto la página web de Carris donde se indican los horarios del elevador de Santa Justa.
El mirador de San Pedro de Alcántara
Situado en el Barrio Alto, el mirador de San Pedro de Alcántara, o miradouro São Pedro de Alcântara, está en un pequeño jardín de tipo francés. Buganvillas, sombra, pavimento haciendo dibujos con los característicos cubos de piedra caliza y unas vistas impresionantes de la Baixa, la Sé o el castillo. No sé vosotros, pero yo me pasaría aquí horas.

Mirador de Santa Catalina
El miradouro de Santa Catarina es mirador y punto de encuentro muy animado, situado en una de las siete colinas sobre las que se asienta Lisboa.
Llama la atención una estatua de Adamastor, protagonista de Os Lusíadas, poema épico de Luis Camões, por lo que este mirador también es conocido como miradouro de Adamastor.
Busca un sitio donde sentarte y, simplemente, relájate disfrutando del río y el puente 25 de abril, la estatua de Cristo- Rei o el barrio de Madragoa.
Mirador de Nuestra Señora del Monte
Este mirador se llama así por la pequeña capilla aledaña, Senhora do Monte, del siglo XVIII, y es uno de los más altos de la ciudad, por lo que se obtiene una perspectiva del castillo, de la iglesia de Graça, del barrio de la Mouraria, la Baixa y el estuario del Tajo de las que es complicado olvidar.
Tiene un jardín y zonas para sentarse y, como está orientado hacia el oeste, es uno de los mejores lugares de la ciudad para ver atardecer, sobre todo en invierno, cuando el sol se pone por el estuario (en verano lo hace tras las colinas del Barrio Alto).

Pese a que tradicionalmente este mirador era muy desconocido y a él acudían parejas en busca de privacidad, en los últimos años, es uno de los más concurridos, especialmente en las últimas horas de la tarde.
Como curiosidad, tradicionalmente, las embarazadas acudían a Nossa Senhora do Monte para pedir protección durante el parto y se sientan en la silla de San Gens, una silla de piedra, de la que se cree que hace disminuir los dolores del parto.
Iglesia de Graça
Para Fernando Pessoa, la igreja de Graça era una de las más bonitas de Lisboa. Para mí, éste ya es motivo suficiente para ir, pero si añades una plaza que la bordea y que termina en un mirador, lo bordas.
La iglesia merece la pena, aunque la que vemos hoy fue reconstruida tras el terremoto, antes había un pequeño oratorio desde la reconquista y, desde 1556, una primera iglesia.

Las vistas desde el mirador de la iglesia de Graça son excepcionales, para mí, las mejores de Lisboa.
Mirador del parque Eduardo VII
El parque Eduardo VII es el más grande del centro de la ciudad y lleva el nombre del monarca británico que visitó la capital portuguesa en 1902 para reafirmar la alianza entre los dos países.
Es un parque en cuesta (¡estamos en Lisboa!), en los alrededores hay varios puntos de interés que merecen una visita, como la avenida da Liberdade, la Estufa Fría o el museo Calouste Gulbenkian.

El parque no es un mirador como el resto que he mencionado, pero si subes hasta la parte más alta (sí, se hecha el higadillo y encima casi no hay sombra), la recompensa es impagable: unos jardines perfectamente cuidados, cuesta abajo, con la estatua del Marqués de Pombal y el Tajo.
Como veis, Lisboa está llena de miradores, debido a su ubicación entre siete colinas. Los que he nombrado son algunos de los más populares y que conozco, aunque hay muchos más, algunos muy populares y otros, seguro que permanecen secretos, quizás deseando que pocos sepan de ellos.
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