El recorrido por Sudáfrica continúa. Hemos pasado tres días en el Parque Nacional del Kruger, de ahí, nos hemos trasladado a Svatini, del que hablaré más adelante, y ponemos rumbo hacia la costa del océano Índico. Volveremos a ver animales, esta vez, en un entorno bastante diferente al que dejamos atrás.
Nos adentramos en la provincia de KwaZulu- Natal (pronunciado, más o menos, Guazulú Natal), tierra de los zulúes. A la costa de esta región llegó Vasco da Gama el día de Navidad de 1497 y la llamó Natal, Navidad en portugués.

Tras la caída del apartheid, se optó por renombrarla y acercarla más a sus orígenes, adquiriendo el nombre de KwaZulu, aunque sin perder el Natal. Se trata de la única provincia del país que hace referencia al grupo étnico que la habita mayoritariamente.
La costa de los Elefantes
Situada en una zona privilegiado del país, siendo un importante centro de ecoturismo, con parque nacionales, unas playas de escándalo y unos paisajes que, sin duda, me quitaron la respiración.
Entre los parques nacionales que merece la pena mencionar y visitar están Hluhluwe- iMfolozi Park, la reserva más antigua del país, creada en 1895, en el que fue hogar de dos reyes zulúes; iSimangaliso, del que hablaré a continuación; o el lago Sibaya, en una de las zonas más remotas de iSimangaliso, siendo mayor lago de agua dulce del país.
Nuestro primer contacto con KwaZulu- Natal fue la playa de Jabula, poco antes de llegar a St Lucia. Hubo dos motivos para parar: el primero, que hay aseos públicos bastante limpios; el segundo, el contacto con el océano Índico.

Para llegar a la playa de Jabula hay que pasar por una zona arbolada, entre la cual se abre una lengua de arena que termina formando dunas. Una playa kilométrica, de la que no se ve el final a ninguno de los dos lados, olas bastante altas, de las que te hacen pensártelo antes de bañarte, de hecho, nadie se bañaba. ¿O puede que fuese porque era invierno?
Hay algo negro en el océano que capta nuestra atención. Cogemos los prismáticos y se confirma lo que sospechábamos: ¡es una ballena!
Una ballena solitaria, sacando la cola del agua cada pocos segundos. Una cola de ballena perfecta, tal y como te la imaginarías si tuvieras que imaginarte una cola de ballena. No da tiempo ni posibilidad de hacer fotos, pero los buenos recuerdos permanecen en la retina.
St Lucia, una buena base de operaciones en iSimangaliso
St Lucia es una pequeña población, muy cercana a iSimangaliso, aunque fuera del parque, lo que la convierte en la base de operaciones perfecta.
Está formada por una calle principal. McKenzie St, a cuyos lados, encontramos todo tipo de hoteles, supermercados y restaurantes. Tiene todo el aspecto de ser un lugar de segundas residencias, así como centro de turismo para los parques nacionales cercanos.

Turísticamente hablando, St Lucia no tiene nada, no obstante, resulta muy útil para comprar, cenar tranquilamente o tomar algo. Además, hay varios restaurantes de pescado y, después de varios días comiendo carne, apetece un montón.
Sin embargo, si hay una peculiaridad en St Lucia, es que tiene unos vecinos con mal carácter a los que les gusta pasearse a sus anchas cuando les viene en gana.
Nosotros ya estábamos advertidos, porque resultan peligrosos, pero si no lo sabes, el ayuntamiento te lo hará saber: hay señales por todas partes advirtiendo de los hipopótamos.
Una familia completa de estos animales abandona el río en iSimangaliso y llegan andando hasta St Lucia. La explicación a la que han llegado es que les gusta más el césped del parque que las plantas acuáticas que encuentran en la reserva. En cualquier caso, sea como sea, se pasean por las calles de la población y, si se ven en peligro, pueden atacar. De hecho, la muerte a causa del ataque de hipopótamo es bastante corriente en África.

Por desgracia para los turistas, los hipopótamos no anuncian su visita, ni tienen días u horas fijos. Puede ser que un día estén a las ocho de la tarde y otros a las tres de la madrugada, como que no aparezcan en dos días. No queda otra que confiar en la suerte, cada uno que decida lo que es suerte en este caso.
Si aparecen a horas tempranas y estás en alguno de los bares o restaurantes de la calle principal, los camareros avisan. A partir de este momento, actuar de la misma manera en que lo harías en un safari, es decir, en silencio, sin llamar su atención y, si te los cruzas en la calle, mantenerte a una distancia prudencial y alejarte sin perder el contacto visual.
Vale, nos sabemos la teoría, vamos a aplicarla. Pues no, porque la noche en la que nosotros estuvimos en St Lucia los hipopótamos no aparecieron, o al menos no lo hicieron en horas en las que estuviésemos despiertos.

El hotel en el que nos alojábamos tenía el aspecto de uno de carretera de EE.UU.: piscina en medio y edificio de pocas plantas alrededor de ella, con todas las terrazas apuntando al jardín. Me asomé varias veces a la terraza, deseé muy fuerte que viniesen, pero no, no era el momento. Por lo menos, pudimos ver algunas de las fotos que tienen colgadas de la pared con un enorme hipopótamo bebiendo agua de la piscina.
Se comen el césped del parque y se beben el agua de las piscinas, ¡vaya jeta!
Donde sí que los pudimos ver sin ningún problema, además de en el Parque Kruger, fue en la reserva de iSimangaliso, pero antes, os comparto algunas características de los hipopótamos.
Hipopótamos, los caballos de río
Pues sí, esto es lo que significa hipopótamo, que viene del griego hipopótamos, caballo de río. Y es que, estos enormes mamíferos, lo parecen.
Pasan gran parte del día en el agua, pueden llegar a estar 5 minutos sumergidos y, de repente, donde no había nada, salen unos ojillos y unas orejillas que se mueven rápidamente en círculos para quitarse el agua que se haya podido quedar dentro.
Pese a lo que se pueda pensar, sus parientes vivos más cercanos son los cetáceos, ya que, entre otras actividades, copulan y paren dentro del agua. Es el quinto animal terrestre en peso, que está entre 1,5 y 3 toneladas, y las crías, al nacer, pesan entre 25 y 45 kg. A pesar de sus enormes dimensiones, corren mucho más que los seres humanos.

Suelen estar en manada, dentro del agua y, por raro que parezca, no nadan, sino que permanecen en los lugares en los que hacen pie, por lo que se desplazan andando sobre el lecho acuático.
Se ven unas cuantas cabezas, a veces se apoyan los unos en los otros, unas cabezas mucho más pequeñitas que aguantan menos sumergidas y todo el conjunto provoca mucha ternura.
Sin embargo, tienen una mala leche de espanto y mejor no estar cerca si les da por atacar, ya que son muy peligrosos y, de hecho, el ataque de hipopótamo es una de las muertes más frecuentes en el África subsahariana.
Por si acaso no habíamos visto suficientes hippo pools en el parque Kruger, teníamos esperando unos cuantos en iSimangaliso, un auténtico paraíso.
Parque del Humedal de iSimangaliso
Se trata de la tercera área protegida en extensión en Sudáfrica, con una longitud de 280km a lo largo de la costa, desde Mozambique hasta Mapelane, al sur del estuario del lago St Lucia.
Tiene una superficie de 3280km2, en la que podemos encontrar cinco ecosistemas: marino, con arrecifes de coral; costas orientales, con dunas que alcanzan los 180m de altura; lacustre, formado por los lagos de agua salada, St Lucia y Kosi, unidos al estuario; pantanos, con extensas zonas de marismas; y costas occidentales, de sabanas arboladas.

Es el único parque africano en el que se pueden ver cocodrilos, hipopótamos y tiburones. Además de 97 especies de mamíferos terrestres y 32 de marinos, más de 500 especies de aves, 109 de reptiles, 991 tipos de peces de arrecife, 53 especies de coral y 734 géneros vegetales, de los cuales, 44 son endémicos.
Gracias a todo esto, el Parque del Humedal de iSimangaliso, iSimangaliso Wetland Park, fue declarado en 1999 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
No en vano, Nelson Mandela afirmo que “el parque del humedal de St Lucia debe ser el único lugar del mundo en el que los mamíferos terrestres más viejos, los rinocerontes, y los mamíferos terrestres más grandes, los elefantes, conviven en el mismo ecosistema con los peces más viejos de la creación, los celacantos y los mamíferos marinos más grandes, las ballenas”.

Teniendo en cuenta que, en zulú, iSimangaliso significa milagro o maravilla, ¿necesitas más motivos para visitarlo? Nosotros, no.
Safari en iSimangaliso
Desde St Lucia llegamos andado a una de las entradas del parque. La primera actividad que haríamos sería navegar por el estuario del lago en busca, principalmente, de hipopótamos.
Tras subir a la barca que nos llevaría, comenzamos a navegar. El sol aprieta, pero gracias a la brisa, no se nota el calor, sino que se agradece el ponerse una chaqueta. Las aguas están muy calmadas y comenzamos a avistar las primeras aves, cormoranes y pigardos voncingleros.
Cuando menos lo esperamos, nos topamos con la primera manada de hipopótamos: todos en silencio para que no se asusten (y no les dé por atacar).

Cerca de la orilla, los hipopótamos están a su bola y se comportan como si una panda de humanos pasase de ellos, sin mirarlos ni hacerlos fotos. Se acercan a las plantas acuáticas a comer, se meten debajo del agua, vuelven a salir, alguno se esconde, resoplan y mueven las orejas. ¿De verdad este es el animal con peor carácter? Mejor no comprobarlo, por si acaso.
Nuestro paseo continúa y, seguimos viendo otras manadas y algún que otro cocodrilo. Más pequeño que los que vimos en el Kruger, pero ahí les tienes, tan a gusto tomando el sol.
Por desgracia, todo lo que empieza tiene que acabar y toca dar la vuelta. Llegamos de nuevo al embarcadero y descendemos. Aquí hay una tienda de regalos, aunque lo que más me llamó la atención son unas bolas que decoraban un árbol. Son como cocos vaciados y decorados y no pude evitarlo: uno se vino conmigo a casa.

El safari en iSimangaliso solo acaba de comenzar: cambiamos de entorno, dejando el agua atrás y abrazando el verde.
En este caso, lo hacemos en vehículos guiados. Como ya conté en el artículo del parque Kruger, estamos para disfrutar, no para preocuparnos por conducir, así que, simplemente nos sentamos en la parte trasera del vehículo y cogemos la cámara para que quede constancia gráfica de todo.
Lo que más he ha gustado de iSimangaliso es que es una sorpresa absoluta. La vegetación crece en cualquier sitio, es muy frondosa y de un verde que enamora, y con una peculiaridad: crece sobre arena de playa.
Dunas cubiertas de vegetación, pequeñas lagunas, búfalos tranquilos, un hipopótamo solitario comiendo hierba, un kudu con unos cuernos que quitan la respiración, aves de muchos colores posadas en nenúfares. Bienvenidos a la naturaleza sorprendente.

Lo bueno de iSimangaliso es que el parque no se conoce sólo sentado, sino que tiene caminos habilitados para hacer alguna rutilla fácil y que suelen terminar en unos miradores de infarto, como uMziki o eMfabeni.
Las rutas y los miradores están muy bien señalizados, aunque la mejor manera de acabar el día, para mí, fue ver atardecer y merendar en la zona de picnic de uMziki.
Los guías nos habían preparado algo de comer en un entorno mágico, viendo como el sol caía tranquilamente sobre el agua llenándolo todo de colores anaranjados. Y, cuando menos lo esperábamos, un elefante se apuntó a la fiesta.

Estaba muy cerca de nosotros, moviendo todas las ramas posibles. La parte mala del momento es que no estábamos solos, sino que compartíamos el espacio con turistas anglosajones a los que no debían haber explicado que es mejor quedarse callado cuando un animal está cerca, entre otros motivos, porque se puede asustar y no sabes cómo reaccionará
Los del otro grupo se pusieron a gritar y a llamarle, lo que convirtió la situación en algo realmente incómodo y peligroso, porque el elefante cada vez se acercaba más hacia nosotros. Nuestros guías decidieron dar por terminada la merienda y la puesta de sol y nos montamos a toda prisa en los coches, ya buscando la salida del parque.

Otros lugares de iSimangaliso
En iSimangaliso sólo pasé una tarde, lo que, sinceramente, me pareció insuficiente. Me hubiese gustado dedicar, por lo menos, un día completo a este parque en el que el entorno es espectacular y en el que, por lo menos nosotros, tuvimos menos dificultades para ver animales. Es la parte mala de los viajes en grupo, si no, siempre lo puedes hacer por tu cuenta.
En el caso de haber tenido más tiempo, me hubiese acercado a la playa de Cape Vidal, la zona costera de Mission Rocks y, por supuesto, ver muchos más animales. ¡Todos los que se pueda!
Cuando salimos, regresamos a nuestro hotel a descansar y prepararnos para la cena. Dimos una vuelta a lo largo de McKenzie St viendo el ambiente, ya que la selección sudafricana de rugby jugaba un partido del Torneo de la Seis Naciones, por lo que los bares eran un hervidero.

Después, nos dirigimos a cenar a un restaurante especializado en pescado y marisco muy cerca de nuestro hotel, John Dory’s, en el que tuvimos la previsión de reservar y comimos unos chipirones chiquitillos que estaban de rechupete.
Desde luego, iSimangaliso fue un punto muy destacado en el recorrido por Sudáfrica, aunque la familia de hipopótamos decidió que esa noche no salía de juerga.
Para más información sobre visitar iSimangaliso por libre, te recomiendo leer los post de Polyviajeros y de Mochileando por el mundo.
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