Primera parada de nuestro recorrido por Sudáfrica. Aterrizamos a primera hora de la mañana en el aeropuerto de Johannesburgo y, tras cambiar dinero, nos pusimos en marcha. Nos estaba esperando Soweto, uno de los townships más conocidos del país.
Pero ¿qué es un township? Se trata de amplias áreas urbanas que se destinaron a la vivienda de la población no blanca hasta el fin del apartheid. Aunque en la actualidad no es obligatorio que ninguna raza viva en ellos, se siguen vinculando a los no blancos y a población pobre y/o en paro que vive, en su mayoría, en chabolas.

Creo que merece la pena mencionar que la clase media está aumentando y, por lo tanto, mejorando las casas en las que viven, no obstante, el orgullo de provenir de un township se mantiene.
Algunos datos de Soweto
Sin ninguna duda, Soweto es uno de los townships que más llama la atención: fue aquí donde se iniciaron unas manifestaciones que supusieron el principio del fin, además del lugar de residencia de dos iconos mundiales como Nelson Mandela y Desmond Tutu.
Situado a 24km al suroeste de Johannesburgo, South Western Townships (Soweto) se construyó durante el apartheid para alojar a ciudadanos negros. El hacinamiento y la opresión eran el día a día de sus habitantes, como ya denunció Desmond Tutu en la década de 1970: falta de servicios básicos, escuelas insuficientes y deficientes, casas paupérrimas.
Con este caldo de cultivo, entre sus calles se vivieron momentos históricos que marcaron un antes y un después en la lucha contra el apartheid.

El gobierno sudafricano había determinado que el inglés y el afrikáans se tenían que estudiar en los colegios. Un sinsentido teniendo en cuenta que la población no hablaba esta lengua.
El 16 de junio de 1976 los estudiantes se manifestaron contra esta medida y la policía no tardó en actuar. Disparó contra la gente provocando una auténtica masacre en la que murieron 566 personas, siendo Hector Pieterson, de tan solo 13 años, uno de los primeros en morir.
La fotografía de Sam Nzima en la que Mbuyisa Makhubo lleva en brazos a Hector dio la vuelta al mundo y traslada el dolor y la indefensión en la que se desarrollaron los hechos. Un niño muerto y la única noticia que se tiene de Mbuyisa es una carta fechada en 1978 que envió a su madre desde Nigeria.
En la actualidad, y según datos oficiales, viven en torno a las 800.000 personas y, en los no oficiales, entre 3 y 4 millones, lo que podría suponer más del 65% de la población de Johannesburgo.

Soweto está dividido en barrios, en los que se ven casas pertenecientes a población de clase media- alta, casas prefabricadas y shacks, es decir, chabolas de uralita o cualquier otro material reciclado.
Ver estos poblados es tan doloroso como necesario, para intentar comprender de dónde viene Sudáfrica y la realidad de muchas personas.
Qué ver en Soweto
Nosotros llegamos en autobús y, la primera parada que hicimos fue en el estadio de fútbol FNB Stadium. No soy aficionada al fútbol, pero ellos presumen de estadio y les gusta que los turistas vayamos a conocerlo. Sólo vimos el exterior e hicimos algunas fotos y, por lo que nos explicaron, el diseño buscaba que el estadio se asemejase a una calabaza.
También pasamos por las inmediaciones del Orlando Stadium, donde juega el Orlando Pirates, aunque no paramos.

Nuestro camino prosiguió en autobús entre chabolas, niños y adolescentes que se nos quedaban mirando con curiosidad y nos saludaban a través del cristal y adultos que disfrutaban del domingo. Todo esto regado con sentimientos contradictorios entre la de sentirme afortunada, ya no solo por poder viajar a Sudáfrica, además de por no vestir con ropa hecha jirones o vivir en una casa con agua corriente; y la culpabilidad, pese a no tener culpa de su situación.
Y, mientras que nos acercábamos cada vez más a nuestro siguiente punto de visita, ocurrió una pequeña tragedia: a unos niños que estaban jugando con una pelota, se les escapó, con tan mala suerte de que pasamos por encima de ella y se la explotamos. Ouch.
En cuanto paramos, Marta, nuestra guía, no sé cómo ni dónde, les compró otra. Era lo mínimo que podíamos hacer.
Y, tras nuestra entrada triunfal en Sudáfrica, llegamos a uno de los principales puntos de Soweto: el memorial de Hector Pieterson.

En el lugar exacto en el que Hector fue asesinado se levanta un monumento que recuerda a todos los que lucharon por la libertad, la paz y la democracia, además de exponer en tamaño grande la famosa foto de Sam Nzima. Sin duda, un lugar de lo más emotivo.
Justo al lado del memorial, se puede visitar el Museo Hector Pieterson, totalmente imprescindible y recomendable.
Este museo se inauguró el 16 de junio de 2002 y se exponen fotografías, vídeos, carteles y noticias de la situación en la que se vivía previa a la revuelta estudiantil, lo que ocurrió durante ésta o los días posteriores, así como la repercusión internacional.
Hay pocos carteles explicativos, pero no son necesarios porque la colección de fotos es bastante ilustrativa.
Por las inmediaciones de este lugar, está todo lleno de puestos en los que se vende todo tipo de productos para el turista. Si ves algo que te guste, no lo dudes y cómpralo, aunque conviene saber que es muy probable que se venda en muchos más lugares.
Cuando salimos del museo, seguimos el trayecto que llevó la manifestación. En el suelo queda marcado con un camino estrecho a medio ajardinar, hasta que llega a la calle Kumalo Main Road, en la que son los árboles los que lo marcan.

Mientras que caminábamos por esta calle, tuvimos el segundo pequeño percance del día: un chaval se nos acercó a pedir dinero. Yo no estoy a favor de dar limosna porque no creo que sea la solución. Como yo, lo pensó mucha gente del grupo, hasta que el guía local que nos acompañaba se lo llevó aparte y le leyó la cartilla, entre otras cosas, porque se quiere erradicar la imagen del salvador blanco dando dinero al pobre negro. Me parece muy buena idea, poco a poco, a ver si se consigue.
Entonces, llegamos a Vilakazi St, una de las calles más peculiares del mundo ya que en ella han vivido dos premios Nobel: Nelson Mandela y el arzobispo Desmond Tutu.
En este tramo de calle encontramos muchos puestos, zulúes haciendo bailes típicos, todo tipo de gente y otros turistas occidentales, sin duda, la casa- museo de Nelson Mandela es un polo de atracción bastante potente.

La casa es en la que vivió el activista y político entre 1946 y 1962 y, tras su entrada en prisión, Winnie Mandela, su mujer e importante luchadora, permaneció con sus hijos. De ladrillo rojo, una sola planta, todavía se pueden ver en algún punto del exterior el impacto de las balas.
Con la cesión al Soweto Heritage Trust, se convirtió en un museo, además de establecer un centro de visitantes.
La visita no se puede hacer por libre, sino que te acompaña un guía, que habla sobre la vida de Nelson Mandela (por cierto, ¿sabías que su verdadero nombre era Rolihlahla y que el de Nelson se lo puso una profesora?). En el interior, se conservan algunos muebles, como la cama o su sofá, además de otros objetos, así como fotos de su vida.
Para información práctica, te comparto la web oficial de la Casa- Museo de Nelson Mandela.

Al salir, bajamos un poco más la calle hasta llegar a la casa de Desmond Tutu. Pertenece a la familia y no se puede visitar, pero en el blanquísimo muro exterior, hay una placa azul (como las que se pueden encontrar en los lugares históricos del Reino Unido) que marca el lugar.
Si hay algo que llama la atención y que rompe el horizonte son las Orlando Towers. Se trata de las torres de enfriamiento de una central eléctrica y que, tras su abandono, el complejo se ha convertido en un centro cultural y de actividades.
El acceso no es gratuito, sino que hay que pagar una pequeña entrada, además de cada una de las actividades que quieras hacer, como puenting, paintball o escalada. Si estás buscando una descarga de adrenalina, te comparto la web oficial.

Por cierto, nosotros comimos en un sitio que no sabría decir qué es: un restaurante, una casa de comidas, una casa particular… ni idea. Estuvimos todos juntos en un salón, teníamos buffet libre de comida, las bebidas que quisiésemos (pagadas aparte) y estaba incluida en la visita. No había más turistas, ni otros vecinos de Soweto, sólo las personas que nos atendieron y, al ir al baño, claramente era el que ellos utilizaban.
¿Es seguro visitar Soweto?
Pues ni sí, ni no, ni blanco, ni negro. Yo lo hice en un tour en el que íbamos acompañados en todo momento. Al mirar en internet, he encontrado varias entradas a distintos blogs en el que también lo hacen en un tour, alertados por la inseguridad y el peligro de hacerlo por libre. Tours que pasan por los mismos puntos de interés que yo.
También he visto otros tours con una “experiencia más inmersiva”, ya que entras por las calles no asfaltadas, ves los baños comunales y las casas extremadamente pobres. Es una realidad de muchas personas en esta ciudad y el no verlo no va a hacer que deje de existir, sin embargo, no podemos olvidarnos de que allí vive gente.

Personas a las que a lo mejor no hace gracia que un grupo de turistas blancos se paseen por delante de su puerta o hagan fotos. O quizás sí. Realmente no lo sé porque no les he preguntado. No tengo claro si yo hubiese escogido esta modalidad de tour.
En cualquier caso, sí que me gustaría aclarar que los puntos mencionados fueron los únicos en los que vimos turistas occidentales, principalmente, en la casa- museo de Nelson Mandela, cuando bajaban de un autobús que les había dejado casi en la puerta.
Volviendo a mi pregunta inicial, no puedo afirmar si Soweto es o no seguro, pero lo que sí tengo claro es que, de haber ido a Sudáfrica por mi cuenta, hubiese visitado el township en un tour.
Qué ver en Johannesburgo
Aterrizamos en Johannesburgo y nos alojamos aquí mismo, sin embargo, la visita a Joburg, o Jozi, no estaba incluida en el viaje, ni había tiempo para hacerla.
Precedida por su mala fama, está considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo, por lo que es normal que, una vez instalados en el hotel tras conocer Soweto, la cena fuese en el restaurante.
Johannesburgo es la capital de la provincia de Gauteng, que significa Tierra del Oro en sesoto, y hace referencia al descubrimiento de este metal en 1886, aunque las minas ya están agotadas.
La región estuvo poblada por distintos pueblos nómadas hasta que un pequeño grupo de bóers establecieron granjas, viendo su tranquilidad rota por la fiebre del oro, llegando a tener más de 100.000 habitantes tan sólo diez años después.

En la actualidad, es una de las grandes metrópolis del mundo, con una población de más de 6,5 millones, lo que la convierte en la capital industrial, la más poblada y la más rica de Sudáfrica, siendo, adicionalmente, el principal centro económico y financiero.
Como curiosidad, me gustaría decir que es una de las grandes ciudades del mundo, junto con Madrid, Milán, Múnich y Teherán que ni están en la costa, ni poseen un río importante o canal navegable que las conecte con el mar. Vaya, vaya, aquí no hay playa (y qué, joder).
Hechas las presentaciones, me gustaría aclarar que no conozco Johannesburgo, por lo tanto, lo que voy a contar es fruto de la información que he buscado y recopilado y los sitios que yo hubiese visitado de haber tenido tiempo.

Sinceramente, no creo que muchos de los turistas de Sudáfrica estén allí para conocer ciudades y, menos aún, Johannesburgo. Puede que por la falta de interés o por la inseguridad. Pese a que la criminalidad se ha reducido considerablemente, sigue siendo una lacra y las desigualdades saltan a la vista, tanto aquí como en el resto del país.
Y a mí, que me gusta meterme en todas partes y verlo todo con mis propios ojos, me ha faltado ese día adicional para poder visitarla y llevarme mi propia impresión.
En los distintos blogs que he leído, todos afirman haber contratado un tour o haberlo hecho en un autobús turístico de los que puedes subir y bajar todas las veces que quieras y, eso sí, siempre por la mañana. Me temo que no me hubiese quedado otra que hacerlo igual, como pasó en Ciudad del Cabo, aunque ésa es otra historia a la que ya llegaremos…
Lo que vas a ver va a ser lo mismo que todos los demás. Empezando por el centro histórico, pasando por zonas más acomodadas y otras de interés como Sandton, la zona financiera; Constitution Hill; la torre Carlton o el Museo del Apartheid.
Constitution Hill, la Nueva Corte Constitucional, se construyó dentro de los muros de la prisión de Old Fort, lugar por el que pasaron muchos de los que lucharon contra el apartheid. Muy cerca, la Torre Carlton es la más alta de África, así que las vistas tienen que ser un escándalo.

Sin duda, me hubiese dado una vuelta por los barrios de Sandton, el distrito financiero y uno de los más seguros; Rosebank, con centros comerciales y cafeterías (aquí era donde estaba nuestro hotel) o Maboneng Precint, llego de galerías, Street art y tiendas de diseño.
Lo que más me dolió de no haber podido dedicar unas horas a Johannesburgo es no haber podido visitar el Museo de Apartheid.
Con dos entradas, una para blancos y otra para no blancos, al entrar, cada persona es catalogado aleatoriamente con tu ticket como blanco y no blanco y se simula cómo habría sido la vida en el caso de haber estado en Sudáfrica durante los años del apartheid.

A través de fotografías, paneles y audiovisuales, una de las peores épocas inimaginables está ante nuestros ojos. Necesario e imprescindible.
Si tienes la oportunidad de visitar este museo, te comparto su web oficial para más información.
Por las opiniones que he leído, muchos visitantes lo asemejan a la visita de un campo de concentración nazi. Sé que no es un lugar para todo el mundo y, para gustos, los colores, pero creo que es necesario que estos museos existan y se visiten, entre otros motivos, para que no olvidemos y repitamos el pasado.
Si estás pensando en visitar Johannesburgo, además de Soweto, te comparto los posts de Mochileando por el mundo y Pasaporte para viajar que dedican a esta ciudad y que quedan mejor explicado de lo que yo he hecho yo.
¡Bienvenidos a Sudáfrica! El viaje sólo acaba de comenzar.
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